-

*

www

.

-

miércoles, 2 de abril de 2008

¿COMO CRECE TU JARDÍN? -- Agatha Christie

¿COMO CRECE TU JARDÍN?



Agatha Christie




Hércules Poirot hizo con sus cartas un ordenado montón,
colocándolo ante sí. Cogió la primera de las cartas, examinó un
momento la dirección, despegando luego el dorso del sobre con una
pequeña plegadera que tenía siempre en la mesa del desayuno para
ese fin y extrajo el contenido. Dentro había otro sobre, sellado con
lacre y en el que se leía: «Privado y confidencial».
Hércules Poirot alzó ligeramente las cejas, murmuró Patience! Nous
allons arriver!, y de nuevo puso en juego la pequeña plegadera. Del
sobre salió entonces una carta, escrita con letra temblona y picuda.
Algunas palabras estaban subrayadas de un modo muy notorio.
Hércules Poirot desdobló la carta y leyó. En la parte superior, de
nuevo se leían las palabras «privado y confidencial». A la derecha
iba escrita la dirección, Rosebank, Charman's Green, Bucks, y la
fecha, veintiuno de marzo.



Señor Poirot:

Me ha recomendado a usted una antigua y buena amiga
mía, que sabe lo preocupada y disgustada que he estado
en estos últimos tiempos. Claro que mi amiga no conoce
los hechos; por tratarse de un asunto estrictamente
confidencial no se los he confiado a nadie. Mi amiga me
ha dicho que es usted la discreción personificada, y que
no tema verme envuelta con la policía, cosa que, si mis
sospechas resultan fundadas, me desagradaría muchísimo.
Pero por supuesto, es posible que esté equivocada por
completo. No me considero ya con la cabeza lo bastante
despierta —padeciendo como padezco de insomnio y
habiendo sufrido el pasado invierno una grave
enfermedad— para investigar las cosas por sí misma. No
tengo ni medios ni capacidad para hacerlo. Por otra parte,
debo insistir una vez más en que se trata de un asunto de
familia en extremo delicado y que por muchas razones
puede que desee echar tierra sobre el mismo. Teniendo
seguridad de los hechos, podré ocuparme yo misma del
asunto y así lo prefiero. Espero que este punto haya
quedado bien claro. Caso de aceptar usted esta
investigación, le agradecería me lo comunicara a la
dirección que figura al principio de la carta.
Atentamente,

AMELIA BARROWBY.


Poirot leyó la carta dos veces, del principio al fin. De nuevo alzó
ligeramente las cejas. Luego la dejó al lado y cogió el segundo
sobre del montón.
A las diez en punto entró en la habitación donde la señorita Lemon,
su secretaria particular, esperaba recibir instrucciones para la
jornada. La señorita Lemon tenía cuarenta y ocho años y un aspecto
poco atractivo. La impresión general que producía era la de un
montón de huesos colocados de cualquier modo. Su pasión por el
orden casi igualaba la de Poirot, y, aunque muy capaz de pensar por
sí misma, nunca lo hacía a no ser que se lo ordenaran.
Poirot le entregó el correo de la mañana.
—Tenga la bondad, señorita, de contestar todas estas cartas,
diciendo que no, con buenas palabras.
La señorita Lemon echó una ojeada a las distintas cartas,
garabateando un jeroglífico en cada una de ellas. Eran signos que
sólo ella podía leer, de un código suyo particular: «jabón suave»,
«bofetada», «ronroneo», «seco», etc. Hecho esto, levantó la vista
hacia Hércules Poirot, solicitando más instrucciones.
Poirot le tendió la carta de Amelia Barrowby. Ella la sacó de su
doble envoltura, la leyó y miró a Poirot con expresión interrogante.
—¿Bueno, monsieur Poirot?
Tenía el lapicero en alto, a puntó, sobre el cuaderno de taquigrafía.
—¿Qué opina usted francamente de esa carta, señorita Lemon?
Frunciendo ligeramente el ceño, la señorita Lemon dejó el lapicero y
leyó de nuevo la carta.
El contenido de las cartas nunca tenía ningún significado para la
señorita Lemon, salvo desde el punto de vista de redactar una
respuesta adecuada. Muy de tarde en tarde solicitaba su jefe sus
facultades humanas, dejando a un lado su personalidad profesional.
Cuando esto ocurría, la señorita Lemon sentía cierta irritación. Ella
era una máquina casi perfecta, total y gloriosamente desinteresada
por los problemas humanos. La verdadera pasión de su vida era dar
con un sistema de archivo perfecto, al lado del cual todos los
demás sistemas serían olvidados. Por las noches soñaba con este
archivo. Sin embargo, como Poirot sabía muy bien, la señorita
Lemon era muy capaz de tratar con inteligencia los asuntos
puramente humanos.
—¿Qué le parece? —preguntó.
—Una señora de edad —dijo la señorita Lemon—. Está muerta de
miedo.
Y añadió, echando una ojeada a los dos sobres:
—Todo muy misterioso, y no le dice nada en absoluto.
—Sí —dijo Hércules Poirot—. Ya lo he notado.
La señorita Lemon posó una vez más su mano esperanzada sobre el
cuaderno de taquigrafía. Por fin, Poirot, tras una pausa, respondió:
—Dígale que será para mí un honor el visitarla en el día y la hora
que me indique, a no ser que prefiera venir a consultarme aquí. No
escriba la carta a máquina, escríbala a mano.
—Muy bien, monsieur Poirot.
Poirot mostró el resto del correo.
—Éstas son facturas.
Las manos eficientes de la señorita Lemon establecieron una rápida
selección entre ellas.
—Las pagaré todas menos estas dos.
—¿Por qué no esas dos? No hay error en ellas.
—Son unas firmas con las que tiene usted relaciones desde hace
muy poco tiempo. No hace buen efecto pagar demasiado pronto,
acabando de abrir una cuenta... parece como si estuviera usted
trabajando el terreno para conseguir un crédito.
—Ah! —murmuró Poirot—. Me inclino ante su superior conocimiento
del comerciante británico.
—Poco habrá que yo no sepa con respecto a ellos —dijo la señorita
Lemon con expresión torva.
La carta para la señorita Amelia Barrowby fue escrita y echada al
correo, pero no llegaba respuesta alguna. Quizá, pensaba Hércules
Poirot, la anciana señora había descubierto el misterio por sí
misma. Sin embargo, le sorprendía un poco el que, de ser así, no
hubiera escrito unas líneas corteses, diciendo que ya no necesitaba
sus servicios.
Cinco días más tarde, después de recibir las instrucciones de la
correspondencia, dijo la señorita Lemon:
—Esa señorita Barrowby a quien escribimos... no es extraño que no
haya contestado. Ha muerto.
Hércules Poirot dijo en voz muy baja: «¿Ha muerto?» Sus palabras,
más que una pregunta, parecían una respuesta.
La señorita Lemon abrió el bolso y extrajo de él un recorte de
periódico.
—Lo vi en el «metro» y lo arranqué.
Aprobando mentalmente el hecho de que la señorita Lemon, a pesar
de haber empleado la palabra «arranqué», había recortado la noticia
cuidadosamente con unas tijeras, Poirot leyó el suelto, extraído de
la sección de «Nacimientos, Defunciones y Enlaces», del Morning
Post:

«El 26 de marzo falleció de repente, en Rosebank
Charman's Green, Amelia Jane Barrowby, a los setenta y
tres años de edad. Se ruega no envíen flores.»


Poirot lo leyó y murmuró entre dientes: «De repente.» Luego dijo,
vivamente:
—Señorita Lemon, ¿tiene usted la bondad de escribir una carta?
La señorita Lemon cogió un lápiz y, meditando, tomó la carta en
rápida y correcta taquigrafía.

Distinguida señorita Barrowby: No he recibido contestación de
usted, pero como estaré por las inmediaciones de Charman's Creen
el viernes, la visitaré dicho día para tratar con mayor amplitud del
asunto mencionado por usted en su carta. Atentamente, etc.

—Escriba en seguida esta carta y si la echa pronto llegará a
Charman's Green de seguro esta noche.
A la mañana siguiente, el segundo correo trajo una carta en un
sobre de luto.


Muy señor mío:

En contestación a su carta, he de manifestarle que mi tía,
la señorita Barrowby, falleció el día veintiséis. En
consecuencia, el asunto de que habla ya no tiene
importancia.
Atentamente,

MARY DELAFONTAINE
.


Poirot sonrió para sí.
—Ya no tiene importancia... ¡Ah! Eso ya lo veremos. En avant...
vamos a Charman's Green.
«Rosebank» era una casa que parecía hacer honor a su nombre , lo
cual no puede decirse de muchas casas de su estilo y carácter.
Hércules Poirot se detuvo en el sendero que conducía a la puerta
principal y dirigió una mirada aprobatoria a los bien trazados
macizos que se extendían a ambos lados. Había rosales, que
prometían una buena cosecha para cuando llegara la estación, y, ya
en flor, narcisos, tulipanes tempraneros, jacintos azules... El último
macizo estaba bordeado parcialmente por conchas.
Poirot murmuró para sí:
—¿Cómo es esa cancioncita que cantan los niños ingleses?
Di, María, la obstinada,
¿cómo crece tu jardín?
Tiene conchas, campanitas,
de doncellas un sinfín.

«Puede que no haya un sinfín —pensó—, pero, por lo menos, aquí
viene una doncella, para que se cumpla en todas sus estrofas la
cancioncita infantil.»
La puerta principal se había abierto y una pulcra doncellita, con
gorro y delantal, contemplaba indecisa el espectáculo que ofrecía un
señor extranjero de grandes bigotes, hablando solo en voz alta en
medio del jardín. Era, según observó Poirot, una doncellita muy
mona, de redondos ojos azules y mejillas sonrosadas.
Poirot se quitó el sombrero cortésmente y se dirigió a ella:
—Perdone, ¿vive aquí la señorita Amelia Barrowby?
La doncella lanzó un sonido entrecortado y sus ojos, a consecuencia
de la impresión, se redondearon aún más.
—¡Ay, señor! ¿No lo sabía? Se ha muerto. ¡Tan de repente! El
martes por la noche.
Titubeó, luchando entre dos instintos encontrados: primero, la
desconfianza hacia el extranjero, y segundo, la fruición natural de
su clase en explayarse en el interminable tema de enfermedades y
muertes.
—Me sorprende usted —dijo Hércules Poirot, faltando a la verdad—.
Tenía una cita para hoy con la señora. Sin embargo, quizá pueda ver
a la otra señora que vive en la casa.
La doncellita, antes de responder, pareció titubear un poco.
—¿La señora? Sí, a lo mejor podría usted verla, pero no sé si querrá
recibir a nadie.
—A mí me recibirá —dijo Poirot, entregándole una tarjeta.
La autoridad con que habló surtió el efecto deseado. La doncella de
mejillas rosadas se hizo a un lado y condujo a Poirot hasta un
salón, situado a la derecha del vestíbulo. Luego, con la tarjeta en la
mano, se fue a avisar a su señora.
Hércules Poirot miró a su alrededor. El salón era completamente
convencional: en las paredes, papel color de avena, con un friso en
el borde; cretonas de color indefinido; cojines y cortinas de color
rosa y profusión de chucherías y adornos. No había nada en la
habitación que se destacara, que indicara la presencia de una
personalidad definida.
De pronto Poirot, que era muy sensible para estas cosas, sintió que
unos ojos le observaban. Giró sobre sus talones. Una chica estaba
de pie en el umbral de la puerta ventana, una chica de baja
estatura, cetrina, de pelo muy negro y mirada llena de
desconfianza.
Entró en la habitación y, al tiempo que Poirot se inclinaba
ligeramente en ademán de respeto ante ella, saltó bruscamente:
—¿Por qué ha venido?
Poirot no respondió. Se limitó a alzar las cejas.
—Usted no es abogado, ¿verdad?
Hablaba bien el inglés, pero nadie, ni por un momento, la hubiera
tomado por inglesa.
—¿Por qué había de ser yo abogado, mademoiselle?
La chica se le quedó mirando fijamente con una expresión sombría.
—Pensé que a lo mejor lo era. Pensé que a lo mejor había venido a
decir que ella no sabía lo que hacía. He oído hablar de esas cosas;
la influencia indebida le llaman, ¿verdad? Pero no es cierto. Ella
quiso que el dinero fuera mío y lo será. Si es necesario tendré un
abogado propio. El dinero es mío. Ella lo dejó escrito así, y así será.
Estaba muy fea, con la barbilla hacia delante y los ojos lanzando
chispas.
La puerta se abrió y entró una mujer alta.
—Katrina —dijo.
La chica retrocedió, enrojeció, y, farfullando algo ininteligible, salió
por la puerta ventana,
Poirot se volvió hacia la recién llegada, que de modo tan eficaz
había zanjado la cuestión, pronunciando una sola palabra. En su voz
había habido autoridad, desprecio y una nota de ironía refinada.
Poirot se dio cuenta en seguida de que aquélla era la dueña de la
casa, Mary Delafontaine.
—¿Monsieur Poirot? Le he escrito a usted. No habrá recibido mi
carta.
—He estado fuera de Londres.
—Ah, comprendo; eso lo explica. Permita que me presente. Me
llamo Delafontaine. Mi marido. La señorita Barrowby era tía mía.
El señor Delafontaine había entrado tan silenciosamente que su
llegada había pasado inadvertida. Era un hombre alto, de cabellos
grises y aspecto indeciso. Se acariciaba la barbilla con movimientos
nerviosos. Con frecuencia miraba a su mujer y era evidente que
dejaba que ella llevara la voz cantante en las conversaciones.
—Siento mucho molestarles en medio de su aflicción —les dijo
Hércules Poirot.
—Ya comprendo que no ha sido culpa suya —dijo la señora
Delafontaine—. Mi tía murió la tarde del martes. Fue de lo más
inesperado.
—De lo más inesperado —dijo el señor Delafontaine—. Un gran
golpe.
Sus ojos estaban fijos en la puerta ventana, por donde había
desaparecido la chica extranjera.
—Les pido a ustedes perdón —dijo Hércules Poirot—, y me retiro.
Dio un paso en dirección a la puerta.
—Un momento —dijo el señor Delafontaine—. ¿Dice usted que
tenía... ejem... una cita con tía Amelia?
—Parfaitement.
—Sí nos dijera usted de qué se trataba —dijo su esposa—, quizá
pudiéramos ayudarle.
—Se trata de un asunto reservado —dijo Poirot—. Soy detective —
añadió, sencillamente.
El señor Delafontaine tiró una figurita de porcelana que tenía en la
mano.
Su esposa parecía perpleja.
—¿Un detective? ¿Y tenía usted una cita con la tía? ¡Qué cosa más
extraordinaria! —Se quedó mirando fijamente a Poirot—. ¿No puede
usted decirnos nada más, monsieur Poirot? Todo esto es...
fantástico.
Poirot guardó silencio durante algunos segundos. Cuando habló, lo
hizo escogiendo cuidadosamente las palabras.
—Es difícil para mí, señora, saber lo que debo hacer.
—Diga —dijo el señor Delafontaine—. No mencionó a los rusos,
¿verdad?
—¿A los rusos?
—Sí, ya me entiende... bolcheviques, rojos, etc.
—No seas absurdo, Henry —dijo su mujer.
Delafontaine se disculpó, muy turbado.
—Perdón... perdón... Tenía curiosidad.
Mary Delafontaine miró abiertamente a Poirot. Sus ojos eran muy
azules, del color de las miosotis.
—Si puede usted decirnos algo, señor Poirot, le agradecería mucho
que lo hiciera. Le aseguro que tengo... tengo motivos para
pedírselo.
El señor Delafontaine se mostró alarmado.
—Ten cuidado... ya sabes que a lo mejor no hay nada cierto en todo
ello.
De nuevo la esposa le detuvo con una mirada.
—¿Qué dice usted, monsieur Poirot?
Lentamente, con gravedad, Hércules Poirot movió la cabeza en
sentido negativo. Lo hizo con gran pesar, pero lo hizo.
—Por el momento, señora —dijo—, lamento no poder decir nada.
Se inclinó, cogió su sombrero y se dirigió a la puerta. Mary
Delafontaine le acompañó al vestíbulo. En el peldaño, Poirot se
detuvo y la miró.
—Parece que tiene usted gran afición a su jardín, ¿no es así,
señora?
—¿Al jardín? Sí, le dedico mucho tiempo.
—Je vous fait mes compliments.
Se inclinó de nuevo y se dirigió a la verja a grandes pasos. Al cruzar
la verja y torcer hacia la derecha, miró hacia atrás y su mente anotó
dos impresiones; un rostro cetrino que le observaba desde una
ventana del primer piso y un hombre erguido, de porte militar, que
se paseaba de arriba abajo por el otro lado de la calle.
Hércules Poirot se dijo para sus adentros:
«Decididamente, aquí hay gato encerrado. ¿Qué haremos para
cogerlo?»
Después de considerar la cuestión, se dirigió a la oficina de Correos
más próxima. Desde allí hizo dos llamadas telefónicas, cuyo
resultado pareció satisfacerle. Dirigió sus pasos al cuartelillo de
policía de Charman's Green, donde preguntó por el inspector Sims.
El inspector Sims era un hombre cordial, alto y corpulento.
—¿Monsieur Poirot? —preguntó—. Me lo pareció. Me acaba de llamar
el jefe hace un momento para hablarme de usted. Dijo que se
pasaría usted por aquí. Venga usted a mi despacho.
Una vez cerrada la puerta, el inspector señaló una butaca a Poirot,
se acomodó en otra y volvió hacia su visitante una mirada llena de
curiosidad.
—¡No pierde usted el tiempo, monsieur Poirot! Viene usted a vernos
acerca del caso de Rosebank casi antes de que sepamos que existe
semejante caso. ¿Qué fue lo que le metió a usted a investigar en
esto?
Poirot sacó la carta que había recibido y se la entregó al inspector.
Este último la leyó con cierto interés.
—Interesante —dijo—. Lo malo es que puede significar tantas
cosas... Es una pena que no haya sido un poco más explícita. Nos
hubiera ayudado ahora.
—¿Quiere usted decir...?
—Puede que hubiera estado viva.
—¿Es que su muerte es... dudosa?
—Va usted tan lejos como todo eso, ¿eh? ¡Hum! No digo que no
tenga usted razón.
—Le ruego, inspector, me haga usted una relación de los hechos.
No sé nada en absoluto.
—Muy fácil. La vieja señora se puso mala el martes por la noche,
después de cenar. Muy alarmante, convulsiones, espasmos y todas
esas cosas. Llamaron al médico. Cuando llegó, estaba muerta.
Parecía que había muerto de un ataque. Bueno, al médico no le
gustó mucho el aspecto que presentaban las cosas. Tartamudeó un
poco y doró la píldora lo que pudo, pero dio a entender claramente
que no podía extender un certificado de defunción. Y en cuanto a la
familia respecta, esto es todo lo que hay. Están esperando el
resultado de la autopsia. Nosotros hemos llegado un poco más
lejos. El médico nos informó confidencialmente en seguida (él y el
cirujano de la policía hicieron juntos la autopsia) y el resultado no
deja lugar a dudas. La señora murió a consecuencia de una fuerte
dosis de estricnina.
—¡Ah!
—Eso es. Un asunto muy feo. El caso es saber quién le dio la
estricnina. Deben habérsela dado muy poco antes de su muerte. Al
principio creíamos que se la habían dado con la cena, pero,
francamente, parece que hay que desechar esa idea. Comieron sopa
de alcachofas, servida de una sopera, pastelón de pescado y tarta
de manzana. Una cena como puede verse frugal.
—¿Quiénes eran los comensales?
—La señorita Barrowby y el señor y la señora Delafontaine. La
señorita Barrowby tenía una especie de enfermera y señorita de
compañía, una chica medio rusa, pero no comía con la familia.
Después de retirar la comida de la mesa la chica comió de lo
mismo. Tiene una muchacha, pero era su noche libre. Dejó en el
homo la sopa y el pastelón de pescado y la tarta de manzana era
fría. Los tres comieron lo mismo y, aparte de eso, no creo que sea
posible hacer tragar estricnina a nadie de ese modo. La estricnina
es amarga como la hiel. Me dijo el médico que puede notarse su
sabor en una solución de uno por mil, o algo por el estilo.
—¿Y con café?
—Con café es más fácil, pero ella no tomaba nunca café.
—Ya comprendo. Sí, parece un punto muy difícil de aclarar. ¿Qué
bebió con la comida?
—Agua.
—Vamos de mal en peor.
—Sí, es un verdadero lío.
—¿Tenía dinero la señora?
—Creo que estaba muy bien. Claro que todavía no conocemos los
detalles concretos. Tengo entendido que los Delafontaine están
bastante mal de dinero. La señora ayudaba a sostener la casa.
Poirot sonrió.
—¿De modo que sospecha usted de los Delafontaine? —dijo—. ¿De
cuál de ellos?
—No quiero decir precisamente que sospeche de ninguno de los dos
en particular. Pero ahí tiene usted, son sus únicos parientes
cercanos y su muerte les proporciona una bonita cantidad de dinero,
estoy seguro. ¡Ya sabe cómo es la naturaleza humana!
—Algunas veces, inhumana; sí, muy cierto. ¿Y no tomó ni bebió
nada más la anciana?
—Bueno, a decir verdad...
—Ah, voilá! Me parecía que tenía usted algo dentro de la manga,
como dicen ustedes los ingleses... la sopa, el pastel de pescado, la
tarta de manzana... bêtises! Ahora llegamos al centro de la
cuestión.
—No lo sé. Pero lo cierto es que la anciana tomaba unos sellos
antes de las comidas. Ya me entiende, no eran píldoras, ni
tabletas, sino unas de esas cajitas de papel de arroz con unos
polvos dentro. Era una medicina completamente inofensiva, para la
digestión.
—Admirable. Nada más fácil que llenar uno de los sellos con
estricnina y sustituirlo por uno de los otros. Pasa por la garganta
tragado con un poco de agua y no se nota el sabor.
—Eso es. Lo malo es que fue la chica la que se lo dio.
—¿La chica rusa?
—Sí. Katrina Rieger. Era una especie de criada, enfermera y señorita
de compañía de la señorita Barrowby. Creo que no la dejaba en paz:
tráeme esto, tráeme lo otro, tráeme lo de más allá, frótame la
espalda, sírveme la medicina, vete corriendo a la farmacia... ese
plan. Ya sabe usted lo que son esas señoras mayores, tienen
buenas intenciones, pero lo que necesitan en realidad es una
esclava negra.
Poirot sonrió.
—Y así estamos —continuó el inspector Sims—. No encaja muy bien
que digamos. ¿Por qué iba a envenenarla la chica? Muerta la
señorita Barrowby, se queda sin trabajo y no es tan fácil encontrar
empleo; no tiene preparación especial, ni nada de eso.
—Sin embargo —sugirió Poirot—, si la caja de los sellos no estaba
guardada, cualquiera de la casa pudo tener oportunidad de realizar
la sustitución,
—Naturalmente, estamos en eso, monsieur Poirot. No tengo reparo
en confesarle que estamos haciendo averiguaciones...
discretamente, claro. Cuándo fue preparada la medicina, dónde la
guardaban de costumbre... Con paciencia y mucho trabajo pesado y
oscuro conseguiremos lo que buscamos. Luego está también el
abogado de la señorita Barrowby. Mañana tengo una entrevista con
él. Y el director del banco. Todavía hay mucho que hacer.
Poirot se levantó.
—Voy a pedirle un favor, inspector Sims: que me diga cómo marcha
el asunto. Lo consideraré como un gran favor. Éste es mi número de
teléfono.
—¡No faltaría más, monsieur Poirot! Cuatro ojos ven más que dos;
además, habiendo recibido la carta, tenía usted que estar en el
asunto.
—Me abruma usted, inspector.
Cortésmente, Poirot estrechó la mano del inspector y se marchó.



Al día siguiente por la tarde le llamaron por teléfono.
—¿Es usted, monsieur Poirot? Le habla el inspector Sims. Parece
que aquel asuntito que sabemos usted y yo se va animando.
—¿De verdad? Cuénteme, se lo ruego....
—Bueno, ahí va el artículo número 1... y bastante importante, por
cierto. La señorita B dejó un pequeño legado a su sobrina y todo lo
demás a K. En consideración a su gran bondad y atenciones para
con ella... así es como se expresa. Eso cambia el aspecto de las
cosas totalmente, a mi juicio.
Ante la mente de Poirot se presentó una escena: un rostro sombrío
y una voz apasionada que decía: «El dinero es mío. Ella lo ha
escrito así y así será.» El legado no iba a constituir una sorpresa
para Katrina; tenía conocimiento de él con anticipación.
—Artículo número 2 —continuó la voz del inspector Sims—. Nadie
más que K anduvo con el sello.
—¿Está usted seguro de eso?
—La propia chica al menos no lo niega. ¿Qué opina usted de eso...?
—Es sumamente interesante.
—Sólo necesitamos una cosa más... pruebas de cómo llegó a sus
manos la estricnina. No creo que sea difícil.
—¿Pero hasta ahora no ha tenido éxito?
—Acabo de empezar, como quien dice. La encuesta fue esta
mañana.
—¿Qué ocurrió en ella?
—Se aplazó por una semana.
—¿Y la señorita... K?
—Voy a detenerla por sospechosa. No quiero correr riesgos. Puede
que tenga amigos en el país que traten de sacarla de esto,
—No —dijo Poirot—. No creo que tenga ningún amigo.
—¿De verdad? ¿Qué le hace decir a usted eso, monsieur Poirot?
—Es sólo una idea más. ¿No hay más «artículos», como usted los
llama?
—Nada que tenga mucha relación con el caso. Parece que la
señorita B había hecho algunas tonterías últimamente con sus
valores... debe haber perdido una suma bastante elevada. Es un
asunto un poco raro, pero no veo que tenga mucho que ver con el
problema principal... por el momento, al menos.
—No, puede que esté usted en lo cierto. Bueno, muchas gracias. Ha
sido usted muy amable en telefonearme.
—Nada de eso. Soy un hombre de palabra y comprendí que estaba
muy interesado. Quién sabe, puede que me eche usted una mano
antes de terminar este asunto.
—Eso sería para mí un gran placer. Por ejemplo, podría ayudarle a
usted si consiguiera dar con un amigo de Katrina.
—¿No había dicho usted que no tenía amigos? —dijo el inspector
Sims, sorprendido.
—Estaba equivocado —dijo Hércules Poirot—. Tiene un amigo.
Antes de que el inspector pudiera hacer más preguntas, Poirot
colgó.
Con expresión grave, se encaminó a la habitación donde la señorita
Lemon escribía a máquina. Al acercarse su jefe, la señorita Lemon
levantó las manos del teclado y le miró, interrogante.
—Quiero que se imagine usted una pequeña historia —le dijo
Poirot.
La señorita Lemon dejó caer las manos en su regazo, en actitud
resignada. Le gustaba escribir a máquina, pagar cuentas, archivar y
anotar los compromisos de su jefe, y que le pidiera que se
imaginase en situaciones hipotéticas le aburría mucho, pero lo
aceptaba como una parte desagradable de su trabajo.
—Es usted una muchacha rusa —empezó Poirot.
—Sí —dijo la señorita Lemon, con un aire sumamente británico.
—Está usted sola y sin amigos en este país. Tiene usted razones
para no desear volver a Rusia. Está usted empleada como una
especie de esclava, enfermera y señorita de compañía de una
señora de edad. Es usted humilde y paciente.
—Sí —dijo la señorita Lemon, obediente, pero incapaz de
imaginarse a sí misma en actitud humilde ante ninguna señora.
—La anciana le coge cariño a usted. Decide dejarle su dinero y así
se lo comunica.
Poirot hizo una pausa.
La señorita Lemon dijo «sí» una vez más.
—Y entonces, la anciana descubre algo. Puede que sea un asunto
de dinero, que se haya dado cuenta de que usted no ha sido
honrada con ella. O puede que sea más grave todavía: una
medicina que tenía un gusto raro, una comida que sienta mal...
Bueno, el caso es que empieza a sospechar de usted y escribe a un
detective muy famoso... enfin, el más famoso de todos los
detectives, ¡a mí! Tengo que ir a visitarla poco después. Y
entonces, como dicen ustedes los ingleses, la grasa está en el
fuego, el peligro es inminente. Hay que obrar con rapidez. Y así,
cuando el gran detective llega, la anciana está muerta. Y el dinero
va a parar a usted... Dígame, ¿le parece razonable?
—Muy razonable —dijo la señorita Lemon—. Quiero decir, muy
razonable para una rusa. Yo, personalmente, nunca me emplearía
de señorita de compañía. Me gusta que mis obligaciones estén bien
definidas. Y, naturalmente, nunca se me ocurriría asesinar a nadie.
Poirot suspiró.
—¡Cómo echo de menos a mi amigo Hastings! ¡Tenía tanta
imaginación y una mentalidad tan romántica! Bien es verdad que
siempre se equivocaba, pero eso en sí mismo era una guía.
La señorita Lemon permaneció en silencio. Ya había oído hablar
otras veces del capitán Hastings y no le interesaba el tema. Dirigió
una mirada melancólica a la hoja mecanografiada que tenía ante
ella.
—¡De modo que le parece a usted razonable! —murmuró Poirot.
—¿A usted no?
—Me temo que sí —suspiró Poirot.
Sonó el teléfono y la señorita Lemon salió de la habitación para
contestarlo. Cuando volvió dijo:
—Otra vez el inspector Sims.
Poirot corrió al aparato. Escuchó lo que le decía el inspector y
exclamó:
—¿Cómo? ¿Qué dice?
Sims repitió su declaración:
—Hemos encontrado un paquete de estricnina en la habitación de la
chica, escondido debajo del colchón. Acababa de llegar el sargento
con la noticia. Podemos decir que esto liquida la cuestión.
—Sí —dijo Poirot—. Creo que el asunto está liquidado.
Su voz había cambiado; parecía, de pronto, llena de confianza.
«Había algo que estaba mal —murmuró para sí—. Lo sentí..., no, no
lo sentí. Debe haber sido algo que vi. En avant, pequeñas células
grises. Meditad, reflexionad. ¿Era todo lógico, estaba todo en
orden? La chica, su ansiedad respecto al dinero... la señora
Delafontaine; su marido... su referencia a los rusos... una
imbecilidad, pero bueno, él es un imbécil; la habitación... el
jardín..., ¡ah! Sí, el jardín.»
Se enderezó muy rígido. En sus ojos apareció la luz verde. Se puso
en pie de un salto y se dirigió a la habitación contigua.
—Señorita Lemon, ¿tiene usted la bondad de dejar lo que está
haciendo y hacer una investigación?
—¿Una investigación, monsieur Poirot? No creo que valga la...
Poirot la interrumpió.
—Dijo usted un día que conocía muy bien a los comerciantes.
—Desde luego que sí —dijo la señorita Lemon con seguridad en sí
misma.
—Entonces el asunto es sencillo. Tiene usted que ir a Charman's
Green y encontrar a un pescadero.
—¿A un pescadero? —preguntó la señorita Lemon, sorprendida.
—Exacto. El pescadero que servía el pescado a Rosebank. Cuando lo
encuentre usted, le preguntará una cosa.
Poirot le entregó un papel. La señorita Lemon lo cogió, leyó lo que
había escrito en él sin mostrar interés, hizo una señal de
asentimiento y cubrió la máquina con su correspondiente funda.
—Iremos juntos a Charman's Green —dijo Poirot—. Usted al
pescadero y yo al cuartelillo de la policía. Tardaremos una media
hora desde Baker Street.
Al llegar a su destino fue recibido por el sorprendido inspector Sims.
—Vaya, trabaja usted de prisa, monsieur Poirot. No hace más que
una hora que le hablé por teléfono.
—Tengo que pedirle una cosa: que me deje ver a esa chica,
Katrina..., ¿cómo dice que se llama?
—Katrina Rieger. Bueno, no creo que haya nada que lo impida.
Katrina parecía más cetrina y sombría que nunca.
Poirot le habló muy amablemente.
—Mademoiselle, quiero que se convenza de que no soy enemigo
suyo. Quiero que me diga usted la verdad y toda la verdad.
Los ojos de Katrina chispearon, retadores.
—He dicho la verdad. ¡He dicho la verdad a todo el mundo! Si a la
señora la envenenaron, yo no he sido. Todo esto es una
equivocación. Usted quiere quitarme el dinero.
Hablaba con voz ronca. Parecía, pensó Poirot, una pobre ratita
acorralada.
—Hábleme del sello, mademoiselle —continuó Poirot—. ¿Nadie
salvo usted anduvo con él?
—Ya lo he dicho, ¿no? Los habían preparado aquella tarde en la
farmacia. Los llevé a casa en mi bolso... muy poco antes de la cena.
Abrí la caja y le di uno a la señora Barrowby, con un vaso de agua.
—¿Nadie los tocó salvo usted?
—Nadie.
¿Una rata acorralada..., pero valiente, quizá?
—Y la señorita Barrowby cenó únicamente lo que nos ha dicho: la
sopa, el pastel de pescado y la tarta, ¿verdad?
—Sí.
Fue un «sí» desesperado. Sus ojos oscuros no veían luz en ninguna
parte.
Poirot le dio unas palmaditas en el hombro.
—Tenga valor, mademoiselle. Todavía puede usted ser libre... sí, y
rica... una vida cómoda.
Ella le miró con desconfianza.
Al salir, Sims le dijo:
—No entendí bien lo que me dijo por teléfono... algo sobre un
amigo que tenía la chica.
—Tiene uno. ¡Yo! —dijo Hércules Poirot y, antes de que el inspector
pudiera recobrarse, había salido del cuartelillo de policía.



En el salón de té del «Gato Verde», la señorita Lemon no hizo
esperar a su jefe, sino que fue directamente al asunto.
—El hombre se llama Rudge y tiene la pescadería en High Street.
Tenía usted razón: exactamente docena y media. He tomado nota
de lo que me dijo —y le entregó la nota.
Poirot lanzó un sonido profundo, semejante al ronroneo de un gato.



Hércules Poirot se encaminó a Rosebank. Estaba parado en el
jardín, con el sol poniéndose a sus espaldas, cuando Mary
Delafontaine se le acercó.
—¿Monsieur Poirot? —su voz denotaba sorpresa—. ¿Ha vuelto
usted?
—Sí, he vuelto. —Poirot hizo una pausa y luego dijo—: Cuando vine
aquí por primera vez, señora, me vino a la mente la rima infantil:

Di, María, la obstinada,
¿cómo crece tu jardín?
Tiene conchas, campanitas,
de doncellas un sinfín.


Poirot terminó:
—Sí, tiene conchas, conchas de ostras, ¿verdad, madame?
Señaló con la mano en determinada dirección.•
Ella contuvo la respiración, quedándose luego muy quieta. Sus ojos
miraron a Poirot con expresión interrogante.
Él asintió.
—Mais oui! ¡Lo sé todo! La muchacha dejó la comida preparada.
Ella, lo mismo que Katrina, jurará que no comieron ustedes otra
cosa. Sólo usted y su esposo saben que le trajeron docena y media
de ostras, un regalito pour la bone tante. ¡Es tan fácil poner
estricnina en una ostra! Se traga, comme ça! Pero quedan las
conchas. No deben echarse al cubo. La criada las hubiera visto. Y
entonces pensó usted en bordear con ellas uno de los macizos. Pero
no había las suficientes; el borde no está completo. Hace mal
efecto, estropea la simetría del jardín, encantador, a no ser por ese
detalle. Esas pocas conchas de ostras producen una nota
discordante... Me desagradaron cuando vine aquí por vez primera.
Mary Delafontaine dijo:
—Supongo que lo habrá adivinado usted por la carta. Sabía que
había escrito, pero no sabía cuánto había dicho.
Poirot contestó evasivo:
—Sabía por lo menos que se trataba de un asunto de familia. Si se
hubiera tratado de Katrina, no habría motivo para echar tierra al
asunto. Me figuro que usted o su esposo negociaron los valores de
la señorita Barrowby en provecho propio y que ella lo descubrió.
Mary Delafontaine asintió.
—Hacía años que lo veníamos haciendo... un poco aquí y otro poco
allá. Nunca me di cuenta de que fuera lo bastante lista para
enterarse. Y entonces me enteré de que había mandado llamar a un
detective y de que le dejaba el dinero a Katrina... ¡esa miserable!
—Y entonces puso la estricnina en el cuarto de Katrina. Comprendo.
Se salvaba usted y salvaba a su marido de lo que yo pudiera
descubrir y cargaba a una chiquilla inocente con la culpa de un
asesinato. ¿No tiene usted piedad, señora?
Mary Delafontaine se encogió de hombros... sus ojos color miosotis
miraban a Poirot. Él recordó su primera visita, la perfecta actuación
de Mary Delafontaine y las torpes intervenciones de su marido. Una
mujer superior..., pero inhumana.
—¿Piedad? ¿Para esa miserable intrigante? —dijo ella dando rienda
suelta a su odio.
Hércules Poirot dijo lentamente:
—Creo, señora, que sólo ha tenido usted dos afectos en su vida.
Uno es su marido.
Los labios de Mary Delafontaine temblaron.
—Y el otro... su jardín.
Poirot miró en torno suyo. Su mirada parecía pedir perdón a las
flores por lo que había hecho y por lo que iba a hacer.

FIN


«Rosebank» significa «loma de rosas».
Traduccion libre de la canción que, en su forma original, reproducimos a continuación:
Mistress Mary, quite contrary
How does your garden grow?
With cockle-sells and silver bells
And pretty maids all in a row.

lunes, 31 de marzo de 2008

SOLO HECHIZOS DE AMOR


HECHIZOS


AMOR DE FUEGO Y AIRE*AMOR DE FUEGO Y PASIÓN*AMULETO PARA AUMENTAR EL DESEO SEXUAL*AUMENTAR CONFIANZA EN UNO MISMO*BOLSA DE AMULETOS PARA AUMENTAR LA PASION AMOROSA*CIGARRILLOS PARA SEDUCIR*CÓMO DECIDIRTE ENTRE VARIOS AMORES.*
COMO ENCONTRAR PAREJA*CÓMO LOGRAR UNA LLAMADA.*
FECHAS NEGATIVAS*
FUEGO SAGRADO PARA MANTENER EL AMOR*HECHIZO CONTRA LA INFIDELIDAD*HECHIZO DE PASION*
HECHIZO PARA ENCONTRAR A TU ALMA GEMELA* MANTENGA SU DESEO SEXUAL Y EL DE SU PAREJA PARA SIEMPRE*
PARA ATRAER A UNA PERSONA*
PARA ATRAER AL SEXO OPUESTO*PARA ATRAER EL AMOR (HECHIZO 1)*
PARA ATRAER EL AMOR (HECHIZO 2)*
PARA ATRAER EL AMOR (HECHIZO 3)*
PARA ATRAER EL AMOR (HECHIZO 4)*
PARA ALEJAR A LAS MOSCONAS*
PARA HACER EL AMOR SEGURO*
PARA HACERSE AMAR DE UN JOVEN SOLTERO*PARA PROVOCAR UN ENAMORAMIENTO*
PARA PROVOCAR UN ENAMORAMIENTO 2*
PARA QUE EN UNA AMISTAD SURJA EL AMOR*
PARA QUE NI SE TE ACERQUE*
PARA QUE NO SE ENAMORE DE OTRA*
PARA SER LA MÁS GUAPA.*PERFUME PARA AUMENTAR EL DESEO SEXUAL*RECETA DE AMOR*
RECETA PARA LIGAR ENAMORADOS*TRABAJO DE AMOR CON VELAS PAREJA*
*
AMOR DE FUEGO Y AIRE
Para realizar este hechizo mágico de amor, deberá Ud. comenzarlos entre las 4,30 y 5 hrs. de la mañana.En una hoja de papel en blanco escribe el nombre de la persona amada con letra cursiva, justo encima de esa escritura coloque su nombre completo en la misma dirección, o sea uno sobre el otro, repita esta operación por 8 veces consecutivas. Busque una prenda suya y otra de la persona amada* en el caso de no tener ninguna prenda, puede comprar una apropiada con el pensamiento puesto en su amor* envuelva las prendas de la siguiente forma primero coloque sobre la mesa su prenda, luego la de la persona amada y en centro de ella el papel con los nombres, encima del papel coloque limadura de sus propias uñas obtenidas con una lima de metal, doble todo en forma de rollo, átelo con un hilo blanco y mientras está realizando esta operación, vaya pensando: "así como ato estas prendas y nombres, quiero que... (decir el nombre de la persona) se encuentre atada a mí en cuerpo y alma", concluido esto coloque al lado del envoltorio una vela color ROJO, enciéndala y pida fuertemente por su amor. Una vez que hayan transcurrido unos 30 minutos, tome el atado de prendas colóquelos en un recipiente de metal y rocíelo con 4 cucharadas de aceite de soja (o soya), seguidamente queme con la llama de un fósforo, todo el atado. Lleve con mucho cuidado las cenizas a una parque o a una plaza y échelas al viento, pidiendo siempre por el amor y la unión deseada.


AMOR DE FUEGO Y PASIÓN
Para encender la llama de la pasión, encienda las velas que a continuación le indico.Procúrese tres velas de miel, una color amarillo, otro color celeste y una última color blanca. Desenrolle con mucho cuidado cada una de las velas y unte su interior con aceite de rosas y coloque un pequeño papel blanco con el nombre de la persona amada, hecho esto vuelva a cerrar la vela a su forma primitiva.Coloque un mantel blanco sobre la mesa, un vaso de agua mineral, tres sahumerios de rosa y tres platitos blancos en forma de triángulo, o sea uno atrás y dos adelante algo separados entre sí. En el centro de los platitos coloque un bouquet de flores frescas. Para encender las velas proceda de la siguiente manera, encienda un fósforo de madera y aplique calor en la base de la vela dejando que caigan 8 gotas de cera en platito, pegue la vela y luego de hacer esta operación con las restantes, enciéndalas una a una en este orden: 1)La blanca que será la que se encuentra como vértice del imaginario triángulo. pidiendo a su ángel de la guarda toda su protección para este ritual, 2)La vela Amarilla que debe estar colocada a su izquierda y por último la celeste que estará a su derecha.Concéntrese en la llama de las velas y vaya pidiendo a la vez que imaginando lo que Ud. desea de la persona amada. Si esto le resulta en principio difícil, concéntrese por espacio de 15 minutos en la llama de las velas sin ningún pensamiento en particular, de esta manera logrará ingresar a un estado superior de conciencia y ahora sí podrá realizar la visualización indicada."Que todo lo que está en mi pensamiento suceda, ese es mi deseo y todo lo que deseo intensamente puedo conseguirlo!!!" repita esta frase varias veces, tantas como le sean posible.Una vez consumidas las tres velas saque los restos, envuélvalos en un papel blanco y entiérrelos de ser posible en su propio jardín o sino en una maceta.


AMULETO PARA AUMENTAR EL DESEO SEXUAL
Este amuleto invoca al espíritu del fuego que es el que alimenta la atracción sexual de la pareja. Confeccione una bolsa de seda de color rojo y colóquele un puñado de granos de pimienta negra, una hoja de laurel y un algodón que perfumara con aceite de musk, tres gotas de su perfume y tres gotas del perfume de su pareja. Entierre la bolsita en una maceta y luego, siembre en ella una plantita de ruda.


AUMENTAR CONFIANZA EN UNO MISMO
Este ritual tomara especialmente atractiva a la persona que lo practique. Es muy efectivo para aquellos que experimentan inseguridad y miedo a no gustar. Durante una semana seguida, a medianoche, encienda dos velas de color violeta en su dormitorio y luego proceda a tomar una ducha breve. Al terminar diríjase al cuarto y apague las velas con los dedos. Al séptimo día de realizar este rito, encienda nuevamente las velas y disponga a la derecha de ella una copita de licor y a la izquierda un platito con sal gruesa. Diga siete veces la siguiente oración: Reclamo las caricias del amor para mi alma y mi cuerpo. Luego con sus dedos vaya salpicándose unas gotas del licor por la frente, el pecho, el vientre, los muslos y los pies. Prenda un sahumerio de musk y repita: Que la sal se lleve mis amarguras y mis inseguridades. Vuelque el resto del licor en la sal y deje todo así hasta que las velas se consuman. Finalmente tire en una bolsa las velas, la sal y los restos de sahumerio.


BOLSA DE AMULETOS PARA AUMENTAR LA PASION AMOROSA

Para aumentar la pasión amorosa en su vida o su atractivo sexual, encender una vela roja (de preferencia con aroma de manzana, canela o fresa) cuando la Luna esté en su fase decreciente y llenar una bolsa de amuletos de franela o seda roja con una raíz de mandrágora, algunos botones o pétalos de rosas secas, un amuleto del Dios egipcio Bast y una gema de granate tallada en forma de corazón en la que se escribió el nombre (o el nombre de hechicera eke) y la fecha de nacimiento completos.Sellar la bolsa de amuletos, consagrarla y cargarla. Llevar la bolsa de amuletos en el bolsillo o bolso de mano para ayudarlo a ser más atractivo para el sexo opuesto. Ungir la bolsa de amuletos con un poco de aceite de almizcle y colocarla debajo de la cama, antes de tener relaciones sexuales con el fin de aumentar sus energías sexuales y las de su pareja.

CIGARRILLOS PARA SEDUCIR
Le voy a enseñar a fabricar unos cigarrillos especialmente indicados para seducir a la persona amada - no interesa si es hombre o es mujer-.Estos son los elementos que va a necesitar:Un trozo de papel pergamino de aproximadamente 2 x 2 centímetros.(Este papel se consigue en las librerías y negocios que vendan materiales para dibujo).Tinta china roja.Una pluma de blanca de ave, a la que le sacará un poco de punta en su extremo duro, para poder escribir con ella.Una lata vacía.Un poco de alcohol fino de 90ªY dos cigarrillos de la marca que habitualmente fume.Procedimiento:Forme con el dedo índice y el pulgar de cada mano un ángulo recto, una luego los dedos pulgares entre sí y colóquelos a unos dos centímetros del papel pergamino.Con los ojos cerrados intente reproducir en su mente la imagen de la persona a la que desee seducir.Una vez que esta imagen esta fija en su mente abra los ojos e intente proyectar la imagen sobre el papel pergamino durante tres minutos.Con la pluma y la tinta roja escriba en el papel pergamino el nombre y apellido de la persona que desee conquistar, siempre con letra manuscrita, nunca con letra tipo imprenta.Impregne el pergamino con su aliento.Impregne el papel pergamino en el alcohol y préndale fuego dentro de la lata vacía.El papel debe quemarse totalmente.Una vez que se haya enfriado recoja las cenizas.Estas cenizas deben ser guardadas en un saquito de tela verde y las debe llevar junto a su pecho durante nueve días y nueve noches.Desarme luego de transcurrido ese tiempo con mucho cuidado los dos cigarrillos, me refiero a que les saque el tabaco, dejando intacto el papel que los envuelve.Mezcle este tabaco con las cenizas que contiene su bolsita.Rellene nuevamente los cigarrillos con el tabaco.Si Ud. fuma estos cigarrillos cerca de la persona deseada y lo envuelve con su humo, comprobará los efectos de esta magia.Si ambos son fumadores y cada uno enciende el cigarrillo al mismo tiempo el efecto del hechizo se potenciará notablemente.

CÓMO DECIDIRTE ENTRE VARIOS AMORES.

Este hechizo es uno de los más sencillos y siempre ha resultado eficaz para quienes lo han llevado a la práctica. Necesitas tres trocitos de papel. En cada uno de los trozos escribes tres nombres de las personas de las que te interesa saber lo que sienten. Cuando los hayas escrito los doblas bien.Los mueves para no saber cuál es cuál. Uno de los papeles lo debes poner debajo de la almohada, otro metelo en algún lugar de la habitación que te guste y el otro lo debes poner en la repisa de la ventana. Cinco minutos después los debes mirar. El que está bajo la almohada es el amor que te conviene, el que siempre te querrá. El que está en la habitación es el que te quiere pero vuestra relación no tiene futuro. El de la ventana es la persona que no te quiere y que a largo plazo te dará disgustos. Tenlo en cuenta.

COMO ENCONTRAR PAREJA
Para encontrar una nueva pareja, durante la noche de Luna Nueva preparé una infusión hirviendo nueve pétalos de rosa blanca en 1/4 litro de agua mineral o de lluvia(un vaso de agua). Deje enfriar él liquido y luego de tomar su baño, por la noche, vuelque el té de rosas sobre su cuerpo, del cuello hacia abajo, mentalizando la luz lunar y haciendo el pedido para encontrar pareja. Repita el baño los tres primeros días de Luna Nueva durante tres lunaciones, totalizando nueve baños.

CÓMO LOGRAR UNA LLAMADA.

¡¡SOLO UNA LLAMADA!! Si ya estas desesperad@, y te conformas con que te llame este "hechizo" te saldrá bien. A quien mejor funciona es las chicas tauro. Coges un espejo pequeñito y un alfiler / aguja. Con el alfiler, rayas en el espejo el nombre de tu chic@. Después colocas el espejo con su nombre por detrás al lado del teléfono. ¡¡¡NO TARDARÁ MUCHO EN LLAMARTE!!!!


FECHAS NEGATIVAS
Dicen los sabios gitanos que hay fechas muy negativas para realizar rituales de amor y hasta que las mismas fechas son contraproducentes para casarse, las fechas son las siguientes y le recomiendo tenerlas muy en cuenta:ENERO: 1*2*6*14*27FEBRERO: 1*17*19MARZO: 11*26ABRIL: 10*27*28MAYO: 11*12JUNIO: 19JULIO: 18*21AGOSTO: 2*26*27SETIEMBRE: 10*18OCTUBRE: 6NOVIEMBRE: 6*17DICIEMBRE: 5*14*23

FUEGO SAGRADO PARA MANTENER EL AMOR

Para que el sagrado fuego que mantiene unida su pareja nunca se apague compre una planta que no de flores y cuyas hojas crezcan durante todas las estaciones del año; efectúese esta compre un día jueves. Elija una maceta de barro de boca ancha, píntela de color verde, escriba en un papel su nombre y el de su pareja en forma de cruz y colóquelo en el fondo de la maseta. Disponga tres cristales de cuarzo formando un triangulo sobre el papel con sus nombres. Luego traspase su nueva planta a esta maceta, mientras repite: "Esta planta crecerá con vigor, al igual que nuestra unión amorosa. La energía del sol y del Agua que la alimenta también alimentaran nuestra unión física y espiritual. No olvide regarla diariamente con agua, que haya dejado sedimentar toda una noche en una copita de cristal.


HECHIZO CONTRA LA INFIDELIDAD
Este hechizo pertenece al extenso repertorio de la Magia Gitana, profundos conocedores de todos los secretos para el logro de la felicidad desde tiempos inmemorables.Para que su pareja no caiga en la tentación de la infidelidad, los días 10 y 20 de cada mes haga este pequeño ritual:Elija la mejor manzana roja que pueda, lústrela perfectamente, la manzana no debe tener machucaduras ni defectos, dele un mordiscón a la fruta y trague el trozo entero -sin masticar- ahora con una cinta blanca ate una foto del ser amado a la manzana, envuelva todo con papel blanco y déjelo al pie de un árbol frondoso.


HECHIZO DE PASION:

Para volver más apasionado a su hombre en el lecho, escribir su nombre en una vela roja con forma de falo (se consigue en la mayoría de las tiendas de objetos del ocultismo), con la palma y dedos untados con aceite de almizcle, sobar la vela nueve veces y, entonces, hacerla pasar a través del humo del incienso de almizcle. Encender la vela una vez al día, dejándola que se queme sólo media pulgada (menos de dos centímetros) a la vez. Cuando la vela termine de quemarse, envolver lo que queda en un pedazo de satín rojo y mantener el amuleto debajo de la cama durante un mes entero.

HECHIZO PARA ENCONTRAR A TU ALMA GEMELA
Si aún no ha encontrado su pareja ideal, durante tres noches, al acostarse, visualice una luz rosada que envuelva su cuerpo hasta que se quede dormido.Luego, por la mañana, tome una ducha y eche sobre su cuerpo, desde los hombros hacia abajo sin salpicar la cabeza ni el rostro, una infusión realizada con agua, cáscara de manzana y una cucharada de miel.La cuarta noche al acostarse, encienda en el cuarto un sahumerio, y visualice envuelto totalmente en halo de calor y de luz blanca.Luego repita fervorosamente:" Señor, sé que quiero amar, y que hay alguien que esta dispuesto a entregarse a mi corazon. Deseo que llegue lo mas pronto posible."Luego imagine que esta persona ingresa en su cuarto, le habla, lo acaricia y también se encuentra en un halo de intensa luz. Visualice que se despide con ternura mientras se va alejando. Finalice este rito diciendo:"El amor llegara porque así lo deseo"Repita esta visualización 4 veces, hasta completar un total de siete noches de ritual. Si pasa el tiempo y no ha obtenidos resultados, vuelva a repetirlo con más fe y más amor que nunca.

MANTENGA SU DESEO SEXUAL Y EL DE SU PAREJA PARA SIEMPRE

Consiga una superficie de madera que sea rectangular y no tenga menos de 20 centímetros de largo. Fabrique con arcilla un muñeco, al que le ira incluyendo atributos del ser amado: peguele un mechón de sus cabellos y vístalo con un pañuelo que le pertenezca. Apoche el muñeco acostado sobre la madera, y coloque cerca de este, pequeños objetos que le pertenezcan a usted: anillos cadenitas, cartas de amor, etc. Durante tres días eleve plegarias nocturnas frente al muñeco, pidiendo al Supremo que nunca los separe. Al cuarto día cubra todo con flores rojas, guárdelo en una caja y dispóngala en un lugar de su casa que no este a la vista de nadie. Mantenga todo asi, durante seis meses y ya nada podrá destruir la unión física y espiritual.

PARA ATRAER A UNA PERSONA


En un papel blanco, escribes el nombre completo de esa persona. Lo untas de pegamento y pones pétalos de flor blanca. En otro papel, escribes tu nombre completo, lo untas de pegamento y colocas cominos. Pones los papeles de frente y los coses alrededor con hilo verde.

Los entierras en una maceta junto con un puñado de alubias blancas. Lo riegas cada día al irte a dormir pronunciando el nombre de esa persona y el tuyo, tres veces. Se supone que si salen ramas y el tiesto se mantiene, se provoca con éxito el acercamiento. Si la persona que quieres atraer se encontrara en tu lugar de trabajo, sería bueno tener el tiesto en ese sitio, y entonces lo regarías al acabar la jornada de trabajo cada día.



PARA ATRAER AL SEXO OPUESTO

Preparar una infusión mágica con base en genciana, flor de maravilla (familia Tagetes), flor de pasión (género Passiflora), ruda (género Ruta, familia Ruta graveolens) y violetas. Deje remojar y añada una fracción de esta infusión al agua en que se bañe durante siete noches seguidas



PARA ATRAER EL AMOR (HECHIZO 1)


Se necesitan: Un imán pequeño
Una fotografía chica del aludido
15 cm. De tela roca
Una fotografía chica tuya
Hilo rojo.

Se pone el imán entre la foto tuya y la de él, ambas dándose la cara, amarra con el hilo hasta que queden bien seguras, guarda debajo de tu almohada durante tres noches seguidas y antes de dormirte, concéntrate en lo que quieres que se realice con él. La cuarta noche pones las fotografías con el imán dentro de una bolsita de tela roja; la que llevarás contigo a todas partes hasta que el galán caiga redondito.


PARA ATRAER EL AMOR (HECHIZO 2)


Necesitas:
Un pedazo de papel china blanco (o lo que se le parezca) de aprox. 5X5 cms.
Crayón rojo
Una velita roja

En el papel escribe tu nombre y el del chico que te trae loca; alrededor de los nombres dibuja un corazón, dobla el papel en cuatro y quémalo en la llama repitiendo tres veces seguidas, “gracias por traerlo a mi vida; Fulano y yo seremos felices ahora, así sea.” Deja ir las cenizas por la coladera del lavabo.


PARA ATRAER EL AMOR (HECHIZO 3)


Necesitas:
Una hoja blanca
Pluma con tinta azul
Una vela rosa
Un vaso de vidrio con agua
Incienso de rosas rojas

Prende el incienso y la vela, a un lado coloca el vaso con agua y en la hoja escribes todos los nombres de los chicos que te gustan, o los nombres de hombre que te gusten, no importa en número que sea, dobla la hoja en cuatro y en esta cara del papel escribe tu nombre. Coloca el papel debajo de la vela y concéntrate en pedir estando segura de que llegará el amor de tu vida. Una vez que se consuma la vela quema el papel y arroja las cenizas por el lavabo, junto con el agua del vaso.


PARA ATRAER EL AMOR (HECHIZO 4)


Se Necesitan: Una vela roja
Papel blanco
Un vaso de vidrio con agua
Incienso de rosas rojas
Una pirámide
Una rosa roja


Prende el incienso y escribe en un papel las características del chico que quieres tener, si no lo conoces, descríbelo detalladamente; cómo quisieras que fuera tanto físicamente como de carácter no te quedes corta en lo que deseas, haz de cuenta que estás en el super y lo vas a comprar, ¿cómo lo escogerías? Ya que lo tienes claro dobla en cuatro el papel y ponlo debajo de la pirámide, la cual pondrás de tu lado derecho; deshoja la rosa y pon los pétalos dentro del vaso con agua al centro y la vela del lado izquierdo; deja encendida la vela por cinco minutos. Al día siguiente enciende la vela y escribe en una nueva hoja lo que deseas, dóblala en cuatro y quema la hoja del día anterior dejando en su lugar en la nueva. Lo tienes que escribir nueve veces, nueve días seguidos. Cuando los pétalos se hayan hecho feos o el agua turbia, cámbialos por unos nuevos.


PARA ALEJAR A LAS MOSCONAS


Necesitas:
Cabellos de tu chavo (no se los arranques, quítalos de su cepillo)
Una vela chica morada o violeta
Un cuadrito de papel blanco de 5X5.


Prende la vela, escribe en el papel el nombre de tu chico y pon los cabellos dentro de él, enrolla como taco y quémalo en la vela diciendo: “Por medio de esta luz violeta que la fuerza de cualquier chica (o si sabes el nombre de alguna rival lo dices) que se acerque, se extinga de inmediato”. Repítelo por tres días seguidos; el último día deja la vela encendida hasta que se consuma y... ¡hasta la vista baby! ;)



PARA HACER EL AMOR SEGURO

Tomar un mechón de cabello o algún recorte de uña de su amante o cónyuge y a la luz de una vela color de rosa con aroma de fresa, colocar el mechón o uña dentro de una manzana ahuecada, junto con otro mechón de su propio cabello o uña y un polvo hecho con raíz de unicornio, flores de pensamientos o de nardo americano (Aralia recemosa). Hacer pasar la manzana ahuecada y rellena por el humo de incienso de resina frankincense (resina de árboles árabes y africanos del género Boswellia), aunado con mirra. Envolver después la manzana con una pieza de satín blanco y enterrarla en su patio (sí carece de un patio, puede enterrarla en una madera de gran tamaño, de preferencia una en la que crezca una planta regida por Venus).


PARA HECERSE AMAR DE UN JOVEN SOLTERO
Procura, amable amiga, obtener de tu galán un objeto que haya llevado mucho tiempo encima, como un pañuelo, una corbata, una cigarrera, un cortaplumas, etc. Cuando lo tengas en tu poder harás lo siguiente: Por la noche al acostarte, colócate el objeto en el centro de los pechos, piensa intensamente en tu amado hasta que te duermas. Esto lo harás por lo menos, nueve noches seguidas. Luego tomaras una parte pequeña del objeto con el cual has dormido y lo quemaras en un viernes, al salir el sol. Guarda las cenizas, y cuando tengas ocasión procura hacerlas deslizar en su cuerpo, es decir que se pongan en contacto con la piel del hombre que se desea. Si esto no fuera posible, procura hacerlas tocas cuando os deis la mano.

PARA PROVOCAR UN ENAMORAMIENTO


Toma una cinta verde, de más o menos 20 cm. A continuación escribe con rotulador verde, tu nombre y la palabra VENUS, el nombre de la persona y la palabra AMOR. Te enrollas la cinta en el brazo izquierdo, con las palabras escritas hacia dentro y haces tres nudos repitiendo las palabras escritas.

Tienes que llevarla puesta hasta que se rompa y cuando esto suceda, lo quemarás por la noche y tirarás las cenizas en un lugar donde corra el agua. Se puede hacer hasta tres viernes seguidos.


PARA PROVOCAR UN ENAMORAMIENTO 2


Se coge una foto tuya reciente, a ser posible que esté de cuerpo entero. Se unta con pegamento y se deja caer encima azúcar. En una foto de la otra persona, se dará también el pegamento y se dejará caer sobre ella canela en polvo. Se pegarán las fotos de frente, metiendo en el medio pétalos de una rosa roja.

Se cosen alrededor con hilo rojo y se meten en un tiesto que tenga flores de color rojo. Riégalo durante 21 días por la mañana y al regarlo di los nombres de las dos personas.

La receta funciona siempre que se trate de atraer a una persona que sea libre y no se trate de perjudicar los sentimientos de nadie.


PARA QUE EN UNA AMISTAD SURJA EL AMOR


Te harás con una cinta roja que tenga tantos centímetros como tu altura. Escribes en esa cinta, con un rotulador dorado, el nombre y apellidos de la persona que te interesa por cinco veces.


Esa cinta la liarás a la cabecera de tu cama y harás un nudo cada noche a lo largo de nueve días. Cuando hagas el nudo deberás pensar en esa persona. Al cabo de nueve días, cogerás la cinta y harás un rollito. Lo atarás a una prenda interior tuya o bien la liarás alrededor de tu cintura haciendo tres nudos para sujetarla.
Cuando se rompa por el desgaste, la quemas y las cenizas las pones en una planta que tenga flores rojas. Deberás regarla tú.
Este trabajo se puede hacer para que un jefe de tu trabajo te trate con más atención.


PARA QUE NI SE TE ACERQUE

Necesitas: Una vela morada
Un vaso de cristal con agua hasta la mitad
Hilo color morado (del que se uso para coser)
Pluma con tinta morada
Media hoja de papel carta color blanco
Incienso de sándalo

Se prende el incienso y la vela; escribe en la hoja el nombre del fulano que no te deja ni a sol ni a sombra, enrolla el papel como taco y amárralo con el hilo por la mitad; lo metes al vaso con agua (que no llegue al hilo) y piensas que el tal por cual ya no va estar mas en tu vida y apagas la vela; al otro día la vuelves a encender y piensas en lo mismo y volteas el papel para que se moje también por el otro lado lo dejas un día más y lo sacas para que se seque perfectamente y lo puedas quemar en la vela, la cual dejas prendida hasta que se consuma.



PARA QUE NO SE ENAMORE DE OTRA


Necesitas:
6 alfileres nuevos
Una vela chica verde
Una vela chica roja
Un corazón de tela rojo


Anota en el corazón el nombre tu amado y el tuyo, clava los alfileres en la vela –cuidando de que no la vayas a partir- y enciéndela; cuando la velita se vaya consumiendo ve recuperando los alfileres, con el último asegura tu corazón doblándolo en dos y ponlo debajo de tu almohada durante 13 noches: la decimocuarta noche quemas todo en la vela roja y lo tiras. Deja arder las velas hasta que se consuma.


PARA SER LA MÁS GUAPA

Una vela, un papel del color de la vela y un lápiz. En el papel escribes lo que deseas mejorar de ti y debajo firmas: ser irresistible no es imposible. A continuación quemas el papel con la vela y cierras los ojos. Acto seguido debes lavarte la cara sólo con agua mientras dices en alto: Ser irresistible no es imposible. En dos días notarás los resultados de manera espectacular.

PERFUME PARA AUMENTAR EL DESEO SEXUAL
Con esta formula usted podrá elaborar un perfume con el cual se despertara su propio caudal erótico y además atrapar irresistiblemente a su amante. Necesitara dos hojas secas de lirio, cuatro flores secas de naranjo, cuatro gramos de almizcle y cinco gramos de alcanfor. En la noche de un lunes mezcle todos los elementos y redúzcalos a polvo. Una vez pulverizado todo, agréguele diez gotas de agua de rosa y treinta gotas de una colonia o aceite esencial, cuya fragancia puede elegir según la siguiente lista: SIGNOS DE FUEGO: ARIES, LEO, SAGITARIO: ROSAS, NARCISO, ESENCIAS FLORALES SIGNOS DE AIRE: GEMINIS, LIBRA, ACUARIO: SANDALO, LAVANDA, ESENCIAS FRUTALES. SIGNOS DE TIERRA: TAURO, VIRGO, CAPRICORNIO: JAZMIN, PINO, PATCHULI, ESENCIAS SECAS SIGNOS DE AGUA: CANCER, ESCORPIO, PICIS: GARDENIA, MUSK, LIRIO, ESENCIAS AL OLEO Deje todo estos ingredientes macerar durante un día completo en un frasco de vidrio bien tapado en un lugar fresco. Al día siguiente, mójese la punta de los dedos con la esencia y arroje unas gotas sobre su almohada, en el interior de sus zapatos, en el piso del dormitorio y en una prenda intima. Luego, prepare un baño de inmersion, y eche todo el contenido que le haya sobrado. Repita este rito 2 o 3 veces por año.

RECETA DE AMOR


Partes una manzana por la mitad y escribes en la mitad de ella, con la punta de un alfiler, tu nombre. En la otra mitad, escribes el nombre de la persona que quieres enamorar. Pones hojas de laurel, azúcar y miel de romero.


Juntas de nuevo las dos mitades y la envuelves con una cinta roja en la que hayas escrito 21 veces la palabra "amor". Le clavas 21 alfileres de cabeza blanca y la colocas la manzana en el interior de un recipiente con miel durante 40 días.


Transcurrido ese tiempo, la entierras cuando se oculte el sol. Es mejor que sea con luna llena. La entierras próxima a un río y encima colocarás semillas de un fruto maduro como un melocotón. No vuelvas a pasar por ese lugar nunca.



RECETA PARA LIGAR ENAMORADOS
Cómprese una vara de cinta, y al salir de la tienda mírese al cielo y dígase: "Tres estrellas veo en el cielo, y la de Jesús cuatro, y esta cinta a mi pierna ato, para que fulano no pueda comer, ni beber, ni descansar, mientras no se case conmigo". Se debe decir tres veces seguidas, hacer en la cinta siete nudos antes de atarla a la pierna, y llevarla siempre puesta. Es muy importante que él lo ignore.


TRABAJO DE AMOR CON VELAS PAREJA
Para el ritual de amor siguiente vamos a necesitar:Un recipiente de barro o cerámica en forma de cazuela.3 Velas en forma de pareja de color rojo3 trozos de cinta roja de 1 metro cada unoMiel de abeja líquidaSahumerio en varilla de mielPerfore las velas pareja a la altura del corazón, una perforación en la parte del hombre y otra en la de la mujer. En cada perforación coloque el nombre escrito en un papel blanco, con letra manuscrita y untado con miel, de la siguiente manera: en el "corazón" del hombre el nombre de la mujer y en el de la mujer, el nombre del hombre. Tome ahora una vela de parafina roja, la enciende y deje caer encima de las perforaciones gotas hasta sellar completamente los "corazones".Escriba a lo largo de cada cinta los nombres completos de la pareja, intercalándolos, o sea una vez el femenino y otra el masculino y así hasta concluir con la cinta.Ate cada una de las parejas con la cinta diciendo: "así como en la tierra estoy atando estas parejas, pido que también en el astral estén unidas en cuerpo y alma hoy, mañana y siempre".Coloque ahora una vela dentro de la cazuela y enciéndala, colocando a cada lado de la misma una varilla de sahumerio de miel.Haga una oración para Santa Bárbara, pidiendo por la unión de la pareja.Repita esto mismo con las dos velas restantes.Sobre los restos de todas las velas, vuelque la miel y lleve esta cazuela a un lugar donde haya pasto y flores.Luego ya de regreso encienda durante siete días velas a Santa Bárbara que son la mitad de arriba roja y la mitad inferior blanca.


-

¿QUIERES SALIR AQUI? , ENLAZAME