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viernes, 22 de febrero de 2008

HISTORIA DE FANTASMAS // E. T. A. HOFFMANN

Historia de fantasmas

E.T.A. Hoffmann


Cipriano se puso de pie y empezó a pasear, según costumbre, siempre que su ser estaba embargado por algo muy importante y trataba de expresarse ordenadamente, y recorrió la habitación de un extremo a otro.
Los amigos se sonrieron en silencio. Se podía leer en sus miradas: « ¡Qué cosas tan fantásticas vamos a oír!» Cipriano se sentó y empezó así:
-Ya saben que hace algún tiempo, después de la última campaña, me hallaba en las posesiones del Coronel de P... El Coronel era un hombre alegre y jovial, así como su esposa era la tranquilidad y la ingenuidad en persona.
Mientras yo permanecía allí, el hijo se encontraba en la armada, de modo que la familia se componía del matrimonio, de dos hijas y de una francesa que desempeñaba el cargo de una especie de gobernanta, no obstante estar las jóvenes fuera de la edad de ser gobernadas. La mayor era tan alegre y tan viva que rayaba en el desenfreno, no carente de espíritu; pero apenas podía dar cinco pasos sin danzar tres contradanzas, así como en la conversación saltaba de un tema a otro, infatigable en su actividad. Yo mismo presencié cómo en el espacio de diez minutos hizo punto... leyó..., cantó..., bailó, y que en un momento lloró por el pobre primo que había quedado en el campo de batalla y aún con lágrimas en los ojos prorrumpió en una sonora carcajada, cuando la francesa echó sin querer la dosis de rapé en el hocico del faldero, que al punto comenzó a estornudar, y la vieja a lamentarse: «Ah, che fatalità! Ah carino, poverino!» Acostumbraba a hablar al susodicho faldero sólo en italiano, pues era oriundo de Padua.
Por lo demás, la señorita era la rubia más encantadora que podía imaginarse, y en todos sus extraños caprichos dominaba la amabilidad y la gracia, de manera que ejercía una fascinación irresistible, como sin querer. La hermana más joven, que se llamaba Adelgunda, ofrecía el ejemplo contrario. En vano trato de buscar palabras para expresarles el efecto maravilloso que causó en mí esta criatura la primera vez que la vi. Imaginen la figura más bella y el semblante más hermoso. Aunque una palidez mortal cubría sus mejillas, y su cuerpo se movía suavemente, despacio, con acompasado andar, y cuando una palabra apenas musitada salía de sus labios entreabiertos y resonaba en el amplio salón, se sentía uno estremecido por un miedo fantasmal.
Pronto me sobrepuse a esta sensación de terror, y como pudiese entablar conversación con esta muchacha tan reservada, llegué a la conclusión de que lo raro y lo fantasmagórico de su figura sólo residía en su aspecto, que no dejaba traslucir lo más mínimo de su interior. De lo poco que habló la joven se dejaba traslucir una dulce feminidad, un gran sentido común y un carácter amable. No había huella de tensión alguna, así como la sonrisa dolorosa y la mirada empañada de lágrimas no eran síntoma de ninguna enfermedad física que pudiera influir en el carácter de esta delicada criatura.
Me resultó muy chocante que toda la familia, incluso la vieja francesa, parecían inquietarse en cuanto la joven hablaba con alguien, y trataban de interrumpir la conversación, y, a veces, de manera muy forzada. Lo más raro era que, en cuanto daban las ocho de la noche, la joven primero era advertida por la francesa y luego por su madre, por su hermana y por su padre, para que se retirase a su habitación, igual que se envía a un niño a la cama, para que no se canse, deseándole que duerma bien. La francesa la acompañaba, de modo que ambas nunca estaban a la cena que se servía a las nueve en punto.
La Coronela, dándose cuenta de mi asombro, se anticipó a mis preguntas, advirtiéndome que Adelgunda estaba delicada, y que sobre todo al atardecer y a eso de las nueve se veía atacada de fiebre y que el médico había dictaminado que hacia esta hora, indefectiblemente, fuera a reposar.
Yo sospeché que había otros motivos, aunque no tenía la menor idea. Hasta hoy no he sabido la relación horrible de cosas y acontecimientos que destruyó de un modo tan tremendo el círculo feliz de esta pequeña familia.
Adelgunda era la más alegre y la más juvenil criatura que darse pueda. Se celebraba su catorce cumpleaños, y fueron invitadas una serie de compañeras suyas de juego. Estaban sentadas en un bello bosquecillo del jardín del palacio y bromeaban y se reían, ajenas a que iba oscureciendo cada vez más, a que las escondidas brisas de julio comenzaban a soplar y que se acababa la diversión. En la mágica penumbra del atardecer empezaron a bailar extrañas danzas, tratando de fingirse elfos y ágiles duendes: «Óiganme -gritó Adelgunda, cuando acabó por hacerse de noche en el boscaje-, óiganme, niñas, ahora voy a aparecerme como la mujer vestida de blanco, de la que nos ha contado tantas cosas el viejo jardinero que murió. Pero tienen que venir conmigo hasta el final del jardín, donde está el muro.» Nada más decir esto, se envolvió en su chal blanco y se deslizó ligerísima a través del follaje, y las niñas echaron a correr detrás de ella, riéndose y bromeando. Pero, apenas hubo llegado Adelgunda al arco medio caído se quedó petrificada y todos sus miembros paralizados. El reloj del palacio tocó las nueve: « ¿No ven -exclamó Adelgunda con el tono apagado y cavernoso del mayor espanto-, no ven nada..., la figura... que está delante de mí? ¡Jesús! Extiende la mano hacia mí... ¿no la ven?»
Las niñas no veían lo más mínimo, pero todas se quedaron sobrecogidas por el miedo y el terror. Echaron a correr, hasta que una que parecía la más valiente saltó hacia Adelgunda y trató de cogerla en sus brazos. Pero en el mismo instante Adelgunda se desplomó como muerta. A los gritos despavoridos de las niñas, todos los del palacio salieron apresuradamente. Cogieron a Adelgunda y la metieron dentro. Despertó al fin de su desmayo y refirió temblando que, apenas entró bajo el arco, vio ante ella una figura aérea, envuelta como en niebla, que le alargaba la mano.
Como es natural, se atribuyó la aparición a la extraña confusión que produce la luz del anochecer. Adelgunda se recobró la misma noche, de tal modo, que no se temieron consecuencias algunas, y se dio el asunto por terminado. ¡Y, sin embargo, qué diferente fue! A la noche siguiente, apenas dieron las nueve campanadas, Adelgunda, presa de terror, en mitad de los amigos que la rodeaban, empezó a gritar: « ¡Ahí está, ahí está! ¿No la ven? ¡Ahí está, enfrente de mí!»
Baste saber que desde aquella desgraciada noche, apenas sonaban las nueve, Adelgunda volvía a afirmar que la figura estaba delante de ella y permanecía algunos segundos, sin que nadie pudiese ver lo más mínimo, o por alguna sensación psíquica pudiese percibir la proximidad de un desconocido principio espiritual.
La pobre Adelgunda fue tenida por loca, y la familia se avergonzó, por un extraño absurdo, del estado de la hija, de la hermana. De ahí aquel raro proceder, al que ya he hecho alusión. No faltaron médicos ni medios para librar a la pobre niña de una idea fija, que así llamaban a la aparición, pero todo fue en vano, hasta que ella pidió, entre abundantes lágrimas, que la dejasen, pues la figura que se le aparecía con rasgos inciertos e irreconocibles, no tenía nada de terrorífico, y no le producía ya miedo; incluso tras cada aparición tenía la sensación de que en su interior se despojase de ideas y flotase como incorpórea, debido a lo cual padecía gran cansancio y se sentía enferma. Finalmente, la Coronela trabó conocimiento con un célebre médico, que estaba en el apogeo de su fama, por curar a los locos de manera sumamente artera (mediante ardides muy ingeniosos). Cuando la Coronela le confesó lo que le sucedía a la pobre Adelgunda, el médico se rió mucho y afirmó que no había nada más fácil que curar esta clase de locura, que tenía su base en una imaginación sobreexcitada. La idea de la aparición del fantasma estaba unida al toque de las nueve campanadas, de forma que la fuerza interior del espíritu no podía separarlo, y se trataba de romper desde fuera esta unión. Esto era muy fácil, engañando a la joven con el tiempo y dejando que transcurriesen las nueve, sin que ella se enterase. Si el fantasma no aparecía, ella misma se daría cuenta de que era una alucinación y, posteriormente, mediante medios físicos fortalecedores, se lograría la curación completa.
¡Se llevó a efecto el desdichado consejo! Aquella noche se atrasaron una hora todos los relojes del palacio, incluso el reloj cuyas campanadas resonaban sordamente, para que Adelgunda, cuando se levantase al día siguiente, se equivocase en una hora. Llegó la noche. La pequeña familia, como de costumbre, se hallaba reunida en un cuartito alegremente adornado, sin la compañía de extraños. La Coronela procuraba contar algo divertido, el Coronel empezaba, según costumbre cuando estaba de buen humor, a gastar bromas a la vieja francesa, ayudado por Augusta, la mayor de las señoritas. Todos reían y estaban alegres como nunca.
El reloj de pared dio las ocho (y eran las nueve) y, pálida como la muerte, casi se desvaneció Adelgunda en su butaca... ¡la labor cayó de sus manos! Se levantó, entonces, el tenor reflejado en su semblante, y mirando fijamente el espacio vacío de la habitación, murmuró apagadamente con voz cavernosa: « ¿Cómo? ¿Una hora antes? ¡Ah! ¿No lo ven? ¿No lo ven? ¡Está frente a mí, justo frente a mí!» Todos se estremecieron de horror, pero como nadie viese nada, gritó la Coronela: « ¡Adelgunda! ¡Repórtate! No es nada, es un fantasma de tu mente, un juego de tu imaginación, que te engaña, no vemos nada, absolutamente nada. Si hubiera una figura ante ti, ¿acaso no la veríamos nosotros?... ¡Repórtate, Adelgunda, repórtate!» « ¡Oh, Dios...! ¡Oh, Dios mío -suspiró Adelgunda-, van a volverme loca! ¡Miren, extiende hacia mí el brazo, se acerca... y me hace señas!» Y como inconsciente, con la mirada fija e inmóvil, Adelgunda se volvió, cogió un plato pequeño que por casualidad estaba en la mesa, lo levantó en el aire y lo dejó... y el plato, como transportado por una mano invisible, circuló lentamente en torno a los presentes y fue a depositarse de nuevo en la mesa.
La Coronela y Augusta sufrieron un profundo desmayo, al que siguió un ataque de nervios. El Coronel se rehizo, pero pudo verse en su aspecto trastornado el efecto profundo e intenso que le hizo aquel inexplicable fenómeno.
La vieja francesa, puesta de rodillas, con el rostro hacia tierra, rezando, quedó libre como Adelgunda, de todas las funestas consecuencias. Poco tiempo después la Coronela murió. Augusta se sobrepuso a la enfermedad, pero hubiera sido mejor que muriese antes de quedar en el estado actual. Ella, que era la juventud en persona, como ya les describí al principio, se sumió en un estado de locura tal que me parece todavía más horrible y espeluznante que aquellos que están dominados por una idea fija. Se imaginó que ella era aquel fantasma incorpóreo e invisible de Adelgunda, y rehuía a todos los seres humanos, o se escondía en cuanto alguien comenzaba a hablar o a moverse. Apenas se atrevía a respirar, pues creía firmemente que de aquel modo descubría su presencia y podía causar la muerte a cualquiera. Le abrían la puerta, le daban la comida, que escondía al tomarla, y así, ocultamente, hacía con todo. ¿Puede darse algo más penoso?
El Coronel, desesperado y furioso, se alistó en la nueva campana de guerra. Murió en la batalla victoriosa de W... Es notable, muy notable, que desde aquella noche fatal, Adelgunda quedó libre del fantasma. Se dedica por entero a cuidar a su hermana enferma, y la vieja francesa la ayuda en esta tarea. Según me ha dicho hoy Silvestre, el tío de las pobres niñas, acaba de llegar para consultar con nuestro buen R... acerca del método curativo que debe emplearse con Augusta. ¡Quiera el Cielo facilitar esta improbable curación!
Cipriano calló y también los amigos permanecieron en silencio. Finalmente, Lotario exclamó: « ¡Esta sí que es una condenada historia de fantasmas! ¡Pero no puedo negar que estoy temblando, a pesar de que todo el asunto del plato volante me parece infantil y de mal gusto!» «No tanto -interrumpió Ottomar-, no tanto, ¡querido Lotario! Bien sabes lo que pienso acerca de las historias de fantasmas, bien sabes que estoy en contra de todos los visionarios.»


FIN

lunes, 21 de enero de 2008

EL SERMON A LOS HIPOCRITAS // ANATEMA DE ZOS // A. OSMAN SPARE

ANATEMA DE ZOS
El SERMÓN A LOS HIPÓCRITAS

Un escrito automático
por Austin Osman Spare


Hostil al al auto-tormento, a las excusas vanas llamadas devoción, Zos satisfizo su hábito hablando en alto para si mismo. Y al mismo tiempo, volviendo a la conciencia familiar, se disgustó al notar que habían oyentes interesados -una muchedumbre de medicantes involuntarios, parias, tratantes de blancas, adúlteros, vientres dilatados, y los frecuentes enfermos grotescos que ofrece la civilización. Su irritación fue aún mayor cuando lo apestaron diciendo: ¡MAESTRO, NOSOTROS APRENDERÍAMOS DE ESTAS COSAS! ¡ENSÉÑANOS LA RELIGIÓN!
Y viendo con furia, la esperanzada multitud de Creyentes, él bajó hacia el valle de Stys, irritado con ellos por ser SEGUIDORES. Y cuando estuvo encolerizado, abrió con decisión su boca diciendo:-
¡Oh! ¡Vosotros, cuyo futuro se encuentra en manos ajenas! Esta familiaridad conmigo no es producto vuestro, sino de mi impotencia. Conózcanme entonces como Zos el pastor de chivos, salvador de mi mismo y de las cosas que aún no he lamentado. Sin invitación habéis oído mi soliloquio. Soportad entonces mi Anatema.
¡Alimentadores del estiércol! ¿Acaso se han resbalado en su propio excremento? ¡Parásitos! ¿Han llenado de inmundicia al mundo y aún así piensan que tienen alguna significancia para el Cielo?
Deseando aprender -¿Creen que así escaparán del daño y violarán su ignorancia? ¡Cuanto más me adentro en ustedes, tanta más ignorancia emerge hacia afuera! ¿Acaso no trabajando la cosecha de mi debilidad, dejaré satisfecho al hambre de sus deseos morales?
Yo, que gozo de mi cuerpo sin restricciones preferiría unirme a una jauría de lobos antes que entrar en sus casas apestadas.
Sensación.. Nutrición... Masticación.... Procreación....! Este es su ciclo de gusanos ciegos. Ustedes han hecho un mundo curiosamente sangriento para el amor en el deseo. ¿Es posible que nada cambie si no es a través de su dieta de acusaciones?
EN ESO SON USTEDES CANIBALES, ¿Qué carne debiese yo ofrecer? ¿Habiendo comido sus propios seres muertos, saboreándolos en cada inmundicia, ahora ustedes como cuervos glotones se abalanzan para comer del movimiento de mi mente?
¿En su conflicto han obtenido...? Ustedes que creen que su procreación es definitiva son la porquería de la creación manifiesta, volviendo otra vez a la simplicidad temprana del hambre, para transformarse, y darse cuenta -de que ustedes aún no son. Ustedes han embrollado al tiempo y al ego. ¿Acaso piensan para contener al semen SENTIMENTALMENTE? Ustedes niegan la sexualidad con su ética de oropel, viven para la matanza, recen a idiotas mayores -que todas las cosas podrían ser posibles para ustedes QUE SON IMPOSIBLES.
Para ustedes el deseo resulta insípido al placer
Realmente, es más sencillo que los dementes entren al cielo antes que los leprosos morales. ¿Qué diferencia hay entre Vida y Muerte? ¿Qué diferencia hay entre sueño y realidad? ¿No conocen nada que vaya más allá que su propio hedor? ¿Conocen ustedes aquello que ustedes piensan que saben con certeza? Muy bien estaría yo callado. Aún así, es muy tolerante este Sol que vino hacia arriba para observarme, y mi debilidad proviene del descontento que produce vuestra solicitud... Pero sean ustedes malditos antes de obtener excusas frescas de mi parte!
¡Malditos sean los resurreccionistas! ¿Acaso sólo hay cuerpo y alma?
¿No hay nada más allá de la entidad? ¿No hay ganancia más allá del sentido y el deseo de Dios que este arruinado y devorador enjambre que ustedes son?
¡Oh! Ustedes, favorecidos por sus propias excusas, reíd entre vuestras mordiscadas! El Cielo es indiferente a vuestra salvación o catástrofe. ¡Lo recto de vuestra sinuosidad os ha hecho infértiles debido a una rara fatalidad! ¡Qué! ¿Que yo ayude a su auto-engaño? ¿Que yo mejore sus cuerpos decadentes? ¿Que yo los ayude a preservar su lamentable apoteosis del ser?
¡La espada afilada -y no la sanadora- yo traigo!
¿Estoy parado frente a un rebaño de cerdos, aunque yo pastoree chivos? Mi placer nada obtiene entre bichos con ideas inútiles - con miedos y esperanzas de absurda significancia. No, aún no estoy exhausto de mi mismo. Aún no debo apalear la abominación, pues contemplo en ustedes a sus padres y al estigma de la alimentación asquerosa.
En esta vulgar intoxicación de hipocresía, este monumento de estafadores, ¿Dónde está el simposio místico, la jerarquía de necrománticos que era?
* * * *
¡Sodoma era honesta! SU teología es un limo hueco de absurdidades transformadas en ética. En SU mundo, donde la ignorancia y el engaño constituyen la felicidad, todo termina miserablemente deshonrado con sangre fratricida.
¿Buscadores de la salvación? Salvación de su digestión enferma; creencias lisiadas: deseos Convalecientes. Sus preceptos y plegarias robadas - ¡Un hedor en todas las buenas narices!
Indigno de un alma - su metamorfosis es un laborioso renacimiento mórbido para dar un habitat a sentimientos lamentables, las familiaridades feas, el pandemonium caligráfico - un mundo de abundancia adquirido por la avaricia. ¡Por eso ustedes son parias! Ustedes habitan en amontonamientos de estiercol; sus gloriosos palacios son hospitales ubicados en medio de cementerios. ¿Respiran ustedes alegremente dentro del hueco mortuorio? Ustedes obtienen mediante medios-deseos, persuasiones insinceras, amenazas, promesas transformadas en horribles por la vituperada benevolencia. ¿Pueden ustedes concebir al Cielo cuando existe AFUERA?
Creyendo sin asociar ustedes son espurios y no conocen el camino de la virtud. No hay virtud en la verdad, ni verdad en la benevolencia. La Ley se hace a partir de la necesidad del deseo. El profesor es corrupto, pues aquellos que hablan tan sólo tienen palabras para dar.
¡Créanlo o blasfemen! ¿Es que acaso ustedes no hablan desde su entrepierna?
Creer o no creer, esa es la pregunta. Verdaderamente, si ustedes creen en lo más mínimo - sus necesidades deben prosperar en todas las cosas. ¡Ustedes están hechos de todas las cosas, de todo el conocimiento, y así, su estupidez los dirigirá hacía más miseria personal!
¿Su deseo? ¿Su Cielo? Yo digo que su deseo es mujeres. La potencia de su deseo es un prostíbulo.
¡Ah! Ustedes que temen al sufrimiento ¿Quién entre ustedes tiene el coraje suficiente como para asaltar al enemigo nublado de los credos, de las esperanzas piadosas del estómago?
¡Yo blasfemo sus mandamientos, para provocar y disfrutar de vuestro ladrido, vuestros dientes que se muelen!
¿Saben ustedes que es lo que quieren? ¿Que piden ustedes? ¿Conocen ustedes a la virtud por medio del murmullo maníaco? ¿El pecado por medio de la locura? Desean un profesor, pero ¿Quiénes entre ustedes son dignos de aprender?
Brutalmente enseñaré el gospel del suicidio del alma, de la contracepción, no el de la preservación y procreación.
¡Tontos! Han hecho vital la creencia de que el Ego es eterno, satisfaciendo un propósito ahora perdido para ustedes.
Todas las cosas provienen del deseo; las piernas a los pescados, las alas al reptil, así es como su alma fue engendrada.
¡Oh! ¡Escuchen insectos!

EL HOMBRE HA DESEADO AL HOMBRE
Sus deseos se convertirán en carne, sus sueños en realidad, y ningún miedo los alterará ni en lo más mínimo.
Por lo tanto, yo los conduzco a ustedes hacia abortos que encarnan -las aberraciones, los horrores sin sexo, porque ustedes no tienen valor para ofrecerle al Cielo nuevas sexualidades.
* * * *
Una vez en este mundo gocé de la carcajada - cuando recordé el valor que di a lo despreciable, la insignificancia de mis miedos egoístas, la vanidad absurda de mis esperanzas, la apesadumbrada benevolencia llamada Yo.
¿Y USTEDES?
Ciertamente no son apropiadas las lágrimas de sangre, ni la risa de los dioses.
Ustedes ni siquiera parecen hombres, sino el extraño renacuajo de un cierto ridículo olvidado.
Perdidos en las ilusiones generadas por la dualidad - ¿Son estas las diferenciaciones que ustedes hacen pare que la entidad futura monte a su yo bestial? Millones de veces han renacido, y muchas veces más volverán ustedes a SUFRIR la existencia.
Ustedes pertenecen a las cosas apenadas, viviendo bajo las verdades que ustedes han hecho. ¿Acaso perdiendo mi desbordamiento les podría, por azar, llegar a enseñar a ustedes a aprender de ustedes mismos? ¿Acaso pueden, en mi transformación, los hambrientos satisfacer mi bien y mi mal? Yo tampoco me esfuerzo, y confío subsecuentemente en el acontecimiento.
Conozcan mi propósito: Ser un extraño en mi mismo, el enemigo de la verdad.
¿Sin saber que creen, no desean así medios-deseos? Pero crean ustedes en esto, sirviendo a su dialéctica:-
Suscribiéndome sólo al auto-amor, los picos emergentes de mi odio hablan ahora. Más aún, para ventilar mi propia salud, yo arrojo mi sorna a los absurdos ropajes morales de sus pueriles dignatarios y su fe ovina en un futuro fortuito y glotón.
¡Perros, devorando su propio vómito! ¡Malditos están todos ustedes! ¡Involucionados, adúlteros, arribistas, devoradores de cadáveres, ladronzuelos, tragadores de medicinas! ¿Piensan que el Cielo es una enfermería?
Ustedes no conocen al placer. En sus lujurias dormidas, en su débil violencia, en su moral enferma, ustedes son más despreciables que las bestias que alimentan para comer.
Detesto a su Mammom. La enfermedad participa de su abundancia. Habiendo adquirido, ustedes no saben como gastar.
USTEDES TAN SÓLO SON BUENOS ASESINOS.
Vacíos de cosmos están aquellos que tienen hambre tras la benevolencia. Extintos están los puros de corazón. Gobernados están lo débiles y del Cielo obtienen una repugnancia similar. Su sociedad es una barbarie chapeada. Ustedes son primitivos precoces. ¿Dónde está su éxito, sino en el odio?
No hay buen entendimiento en su mundo - esta sangrienta transición entre la procreación y la carnicería.
Por necesidad ustedes odian, y aman a su vecino devorándolo.
Los profetas son nauseabundos y deben ser perseguidos. Objetos del ridículo, sus hechos no pueden vivir a través de sus doctrinas. Las acciones son el criterio ¿Como pueden entonces hablar otra cosa que mentiras?
El amor es maldito. Su deseo es su Dios y su execración. Ustedes serán juzgados por su apetito.
Alrededor mío veo su configuración - otra vez, un cerdo de la manada. ¡Un objeto repulsivo de la caridad! La maldición es pronunciada, pues ustedes son limo y nacidos débiles, alzados en el homicidio. Y otra vez, sus padres llamarán a la ayuda de mujeres. Ustedes trabajan vanamente en un pútrido Reino del Bien y el Mal. Yo digo que el Cielo es católico, y nadie entrará debido a la susceptibilidad de otro.
Malditos sean ustedes que serán perseguidos por MI causa. Pues yo afirmo que soy una entera CONVENCIÓN, excesivamente malvado, pervertido y nada bueno -para ustedes.
Quien sea que esté conmigo no será suficientemente como yo, ni suficientemente como sí mismo.
* * * *
Zos se cansó, pero detestando demasiado a sus oyentes, otra vez se dirigió a ellos diciendo:-
¡Chacales apestados de gusanos! ¿Todavía desean hacer un banquete con mi vómito? Quien me sigue se convierte en su propio enemigo; pues mi exigencia será su ruina.
¡Vayan a trabajar! Satisfagan la repugnancia de transformarse en ustedes mismos, de descubrir sus creencias, y así adquieran virtud. Permitan que su bien sea accidental, así escaparán de la gratitud y su lamentable vanagloria, porque la furia del Cielo es fuerte sobre la auto-indulgencia sencilla.
En su deseo de crear un mundo, haced a los otros lo que harías a los otros -cuando tenéis el suficiente coraje.
Para echar hacia un lado, y no para salvar, yo he venido. Inexorable conmigo mismo; para romper la ley, hacer estragos de los charlatanes, los cuáqueros, los pretensiosos salvacionistas que luchan con su fantasmagoría barata; para desilusionar y despertar cada miedo de su rapáz y natural ser.
¿Viviendo lo más despreciable y generándolo todo de manera bestial, son aún tan vanidosos de su excusa que esperan algo distinto a lo peor que pueden imaginar?
¡La honradez no es expresable! Y les advierto que hagan holocaustos con sus santos, su excusa: los flatulentos gritos de su ignorancia. Sólo entonces podré yo asegurar sus deseos escondidos -la remisión fácil de sus pecados indecentes. ¡Criminales de la locura! Ustedes no pecan excepto contra su propio ser.
No hay pecado para quienes están en el placer del Cielo. Les digo que no resistan ni exploten su mal: eso es miedo, y el sonambulismo nace de la hipocresía.
En el placer, el Cielo romperá con toda ley antes de que esta tierra muera. Así, si yo lo poseyese, mi caridad hacia ustedes sería volcánica.
Quien no tiene ley es libre. La necesidad y el tiempo son fenómenos convencionales.
Sin hipocresía o miedo ustedes podrían hacer lo que desean. Por lo tanto, quien rompa el precepto o viva sus transgresiones tendrá la relatividad del Cielo. Pues, a menos que su sentido de lo correcto deje de existir, ustedes no conocerán el placer libre y creativo. En igual grado al que ustedes pequen contra la doctrina, a su imaginación le será requerido devenir.
* * * *
Se ha dicho sin ingenio: "No matarás". Entre las bestias vive el hombre como el supremo -único en su tipo. Los dientes y las garras ya no son un accesorio necesario del apetito. ¿Es la peor realidad de este mundo más viciosa que la conducta humana?
Sugiero a su amor innato por el gesto moral que desenrede lo verdadero del sueño.
¡Regocíjense! Los hacedores de leyes tendrán el feo destino de transformarse en sujetos. Todo lo que está ordenado es reemplazado -para hacer equilibrio en esta simpatía que la conciencia tiene por la hipocresía.
¿Podrían ustedes ser arbitrarios? La creencia presagia su propia inversión. Atestados de deseos olvidados y verdades en pugna, ustedes son sus víctimas en la agonizante y engendrada ley.
El camino del Cielo es un propósito -anterior y no inducido por el pensamiento. El deseo, distinto del acto, jamás lo podrá obtener. Por lo tanto, creed SIMBOLICAMENTE o con precaución.
Entre los hombres y las mujeres tener ese deseo allí no es adulterio. Pasen la gran lujuria y cuando se encuentren saciados pasarán a algo fresco. En este día cortés se ha hecho más limpio fornicar mediante el deseo que mediante el acto.
No ofendan a su cuerpo, ni sean tan estúpidos como para permitir que su cuerpo los ofenda. ¿Como podría servirles eso para reprobar su dualidad? Permitan que su juramento sea serio; sin embargo es mejor comunicarlo por el acto vivo que mediante la palabra.
Este Dios -esta castración- es una proyección de sus aprehensiones imbéciles, su grosería calva y sus vanidades de manicomio. Su amor nace del miedo, pero odiar es mucho mejor que ese gran engaño.
Yo voy a hacer dificultoso su camino. Den y tomen de todos los hombres indiscriminadamente.
Yo conozco su amor y su odio. La solicitud de una dieta roja. En su estómago se encuentra la guerra civil.
Solamente el auto-amor es voluntad procreativa.
¡Y ahora qué! ¿Debiese yo procurar la sabiduría mediante palabras? ¿Verdades alfabéticas de confusa gramática? No hay verdad hablada que no sea PASADA -más sabio es olvidarlas.
¿Debiese yo garabatear paradojas resbalosas con caligrafía de demente? ¡Palabras, meras palabras! Yo existo en un mundo sin palabras, sin ayer ni mañana, más allá del devenir.
Todo lo concebible procura de tiempo y espacio. Por lo tanto escupo en su ética andrajosa, en sus proverbios de abono, en sus inarticulaciones sacerdotales y en su delirante jerga de púlpito. Sólo esto os ofrezco como mandamientos seguros para sus pestilentes hiatos.
Mejor es irse sin nada que pedir prestado.
Es más fino tomar que mendigar.
Desde la pubertad hasta la muerte, desarrollen su propio "Ser" en todo.
No hay mejor virtud que el buen alimento.
Aliméntense de la ubre, y si la leche es amarga, continúen bebiendo...
¡La naturaleza humana es la peor de las posibles!
Una vez viví entre ustedes. Por mi propia decencia habito ahora los basurales, un expurgado voluntario de la sociedad; asociado con los chivos, mucho más limpios, más honestos que los hombres.
Dentro de esta heterogeneidad de la diferencia, la realidad es difícil de ser realizada; la evacuación es dificultosa.
Estos espiritualistas son sepulcros vivientes. Aquello que ha decaído debe perecer dignamente.
* * * *
Malditos sean aquellos que suplican. Los Dioses aún están con vosotros. Por lo tanto, permitid a vosotros mismos, que rezaís, adquirir esta manera:-
¡Oh, mi SER!, mi Dios, extranjero para mi es tu nombre excepto en la blasfemia, pues ahora soy tu iconoclasta. Tiro tu pan al agua, pues yo mismo soy carne suficiente. Escondido en el laberinto del Alfabeto está mi sagrado nombre, el SIGIL de todas las cosas desconocidas. En la Tierra mi reino es la Eternidad del DESEO. Mi deseo se encarna en la creencia y se torna carne, pues YO SOY LA VERDAD VIVIENTE. El Cielo es éxtasis; mi conciencia cambiando y adquiriendo la asociación. Que yo tenga coraje para tomar de mi superabundancia. Permíteme olvidar que es la corrección. Libérame de la moralidad. Guíame hacia la tentación de mi mismo, pues yo soy un vibrante reino de bien y mal.
Que la riqueza sea obtenida a través de aquellas cosas que he disfrutado.
Que mi infracción sea digna.
Dame la muerte de mi alma. Intoxícame con auto-amor. Enséñame a sostener su libertad, pues yo mismo soy Infierno suficiente. Permíteme pecar contra las creencias pequeñas. -AMEN.
Concluyendo su conjunción, Zos dijo :-
Otra vez, sonámbulos, mendigos, y sufridores, nacidos del estomago. ¡Desafortunados son aquellos hombres para los cuales la felicidad es necesaria!
Ustedes son insuficientes para vivir solos, aún poco maduros para pecar contra la ley y aún desean mujeres.
Más allá de la maldición, no conozco ninguna magia que pueda satisfacer sus deseos; pues ustedes creen una cosa, desean otra, hablan de otra manera, y de una forma distinta actúan y así obtienen el valor vivo de esto.
¡Ciertamente su inclinación por facultades nuevas nace de esta bastardía!
Son sociales sólo con las verdades convenientes para su coraje, otra vez las bestias deben ser plantadas.
¿Debiese yo hablar de esa intensidad única y sin forma? ¿Conocen ustedes el éxtasis interior? ¿Los placeres entre el ego y el ser?
En el momento del éxtasis no se piensa en otros; en ese momento NO HAY PENSAMIENTO. Hacia allí yo voy y no guiaré a nadie.
¡Sin mujeres - su amor es un anatema!
Para mi, no hay camino excepto mi camino. Por lo tanto, vayan ustedes por su camino -nadie los guiará para caminar hacia ustedes mismos. ¡Permitan que sus placeres sean como puestas de sol, HONESTOS . . SANGRIENTOS . . . GROTESCOS!
¿Era el propósito original del éxtasis el disfrute del multitudinario ser? ¡Estas infinitas ramificaciones de la conciencia en la entidad, asociadas mediante la boca, el sexo y el sentido!
¿Acaso el asedio del sexo se ha transformado en inferioridad -la repetición hecha necesaria para su escotoma?
¡Oh! ¡Que mal hablado! ¿Debo entretenerlos otra vez con un poco de entendimiento? ¿Una introspección del canibalismo en las confusiones de la dieta- las variaciones del asesinato de lo ancestral? ¿No hay más comida más allá de los cadáveres?
Su asesinato y su hipocresía deben concluir antes de que sean elevados a un mundo en el cual la matanza sea desconocida.
Entonces, con una boca limpia les digo, yo vivo tan sólo del pan. El dormir es un rezo efectivo. Toda moralidad es BESTIAL.
¡Salve! Ha ocurrido un gran incidente. El hombre ha muerto. Tan sólo mujeres quedan.
Si bromease con ustedes les diría: "¡Siganme! Se darán cuenta de aquello que esconde todo sufrimiento. Haré que su auto-mortificación sea voluntaria, sus gestos de dolor serán corajudos".
¿Estarían conmigo si hablase así? ¡Saludo a todos los suicidas!
* * * *
Con un bostezo Zos se cansó y cayó dormido.
Tras un breve momento, el hedor lo despertó -pues se había dormido al lado de los bebederos de los animales- y observó que la multitud ya no estaba con él, tan solo los CERDOS permanecían. Entonces refunfuño y habló así: "¡aún no he perdido toda relación y ya estoy por eso casi asfixiado! ¿Es que estoy atrapado en el trabajoso sentimentalismo, las alucinaciones morales en el ir y venir de las olas de las esperanzas y los miedos?
¿Es que puede la vejez por sí misma transmutar el deseo? Aún no he distinguido entre ilusión y verdad, pues no distingo a los hombres de los cerdos, ni los sueños de la realidad; o tal vez tan sólo hablaba conmigo mismo. Tampoco sé a quién mi anatema le resulta más impresionante...
¡Mi soliloquio insensible es comido como una revelación! Aquello que hablé con pensamientos esforzados para hacer fuerte a la iniciativa tan sólo produjo bramidos más porcinos. El agua no está sola en encontrar su nivel.
¡No he encontrado a la tragedia, no, no en esta vida! Si, quizá no haya ahogado sus doctrinas en las tablas de la Ley o en los bebederos de animales, pero al menos no he expulsado la carne de los sueños.
Y dando vuelta hacia su luz, Zos dijo: Esta es mi voluntad, ¡Oh! Tu, Glorioso Sol. Estoy cansado de mis serpientes descendiendo, haciendo aguanieve.
Me despido de la antítesis. He sufrido. Todo está pagado.
Permíteme ir hacia adelante y recrear mi sueño.



AGRADECIMIENTO A : RODOLFO CALDERON

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