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lunes, 17 de marzo de 2008

EL ENTIERRO -- LORD BYRON



LORD BYRON

El entierro



En el año de 17..., después de haber meditado por algún tiempo sobre la posibilidad de viajar por países que hasta ahora los viajeros no frecuentan mucho, partí en compañía de un amigo, a quien me referiré como August Darvell.

Era unos años mayor que yo, un hombre de fortuna considerable y familia de prosapia. Ventajas que él ni devaluaba ni sobreestimaba gracias a su gran capacidad. Algunas circunstancias singulares en su historia personal lo habían convertido para mí en objeto de atención, interés y hasta de estimación, que no disminuían ni sus modales reservados ni las ocasionales muestras de angustia que a veces le acercaban a la enajenación mental.

Yo era todavía un joven y había empezado a vivir temprano; pero mi intimidad con él era reciente: asistimos a las mismas escuelas y universidad; mas su paso por ellas me había precedido, y él ya se había iniciado a fondo en lo que se ha llamado el mundo, mientras yo estaba todavía en el noviciado. Durante ese tiempo, escuché detalles en abundancia tanto de su vida pasada como de la presente y, aunque en estas narraciones había muchas e irreconciliables contradicciones, podía yo inferir que él no era un ser común, sino alguien que, aun cuando se esforzara por no ser conspicuo, seguía siendo notable.

Había trabado conocimiento con él e intenté conquistar posteriormente su amistad, pero parecía que ésta era inalcanzable; los afectos que pudiera haber sentido aparentaban para entonces o haberse extinto o concentrarse en él. Tuve suficientes oportunidades para observar que sus sentimientos eran intensos; pues aún cuando los podía controlar, le era imposible encubrirlos por completo; sin embargo, tenía la facultad de dar a una pasión la apariencia de otra, de modo que resultaba difícil definir la naturaleza de lo que sucedía en su interior; y las expresiones de su rostro podían variar con tal rapidez, aunque ligeramente, por lo que resultaba inútil tratar de escudriñar su origen.

Era manifiesto cómo lo dominaba una angustia incurable; pero nunca pude descubrir si era a causa de la ambición, el amor, el remordimiento o la pena, de uno solo o de todos estos, o sencillamente por un temperamento mórbido, semejante a una enfermedad. Existían circunstancias supuestas que habrían podido justificar su atribución a cualquiera de estas causas; pero como antes dije, éstas eran tan contrarias y contradictorias que ninguna podía considerarse definitiva.

Se supone generalmente que donde hay misterio existe también la perversidad: no sé cómo pueda ser esto, pero es un hecho que en él existía el primero aunque no podría atestiguar los alcances de la segunda —y estaba poco dispuesto, en lo que a él se refería, a creer en su existencia. Recibía mi proximidad con bastante reserva; mas yo era joven y difícil para el desaliento; y, con el tiempo, tuve éxito al entablar, hasta cierto punto, ese vínculo común y esa confianza moderada de los intereses mutuos y cotidianos que crean y cimentan la comunión de empeños, y la frecuencia de encuentros que se llama intimidad o amistad según las ideas de quienes utilizan esas palabras para su expresión.

Darvell había viajado ampliamente; me dirigí a él para que me aconsejara respecto al viaje que pretendía realizar. Era mi deseo secreto que se dejara persuadir para acompañarme; además, era una perspectiva improbable; basada en la vaga inquietud que había observado en él y a la cual daban renovada fuerza el entusiasmo que parecía sentir hacia tales temas y su aparente indiferencia por todo lo que lo rodeaba muy de cerca.

Al principio insinué mi deseo y después lo expresé abiertamente: su respuesta, aun cuando yo la esperaba en alguna medida, me dio todo el placer de una sorpresa: aceptó; y, al término de los preparativos necesarios, comenzamos nuestra travesía.

Después de viajar por varios países del sur de Europa, volvimos la atención hacia el Este, de acuerdo con nuestro destino original; y fue en nuestro recorrido a través de estas regiones que ocurrió el incidente que da ocasión a mi relato.

La complexión de Darvell, que, dada su apariencia, debía haber sido en su juventud más robusta de lo normal, estaba decayendo gradualmente desde algún tiempo atrás, sin que mediara ninguna enfermedad manifiesta: no tenía tos ni tisis; sin embargo, cada día se debilitaba más; sus hábitos eran moderados, no admitía ni se quejaba de fatiga; no obstante, era evidente que se estaba consumiendo: se volvía cada vez más y más silencioso e insomne y, por fin, se alteró de tan notable manera que mi preocupación aumentó de manera proporcional al peligro que yo consideré le amenazaba.

A nuestra llegada a Esmirna, nos habíamos propuesto ir a una excursión a las ruinas de Éfeso y Sardis, de la cual intenté disuadirlo debido a su indisposición —pero en vano: parecía existir una opresión en su mente, y una solemnidad en sus modales que no correspondían con su ansiedad para seguir con lo que yo consideraba un simple viaje de placer, totalmente inadecuado para una persona delicada; pero no me opuse más, y unos días después partimos en compañía únicamente de un guía y un cargador.

Habíamos recorrido la mitad del camino hacia los vestigios de Éfeso, dejando atrás los contornos mas fértiles de Esmirna y nos adentrábamos en esa región inhóspita y deshabitada a través de los pantanos y desfiladeros que llevan a las pocas chozas que aún subsisten sobre las destrozadas columnas de Diana —las paredes sin techo de la cristiandad expulsada y la aún más reciente pero total desolación de las mezquitas abandonadas— cuando la súbita y vertiginosa enfermedad de mi compañero nos obligó a detenernos en un cementerio turco, cuyas lápidas coronadas de turbantes eran el solo indicio de que la vida humana había morado alguna vez en ese yermo. La única caravana que vimos había quedado unas horas atrás; no se podía ver ni esperar vestigio alguno de pueblo o cabaña siquiera, y esta "ciudad de los muertos" parecía ser el único refugio para mi desafortunado amigo, quien se veía próximo a convertirse en su siguiente morador.

En esta situación, busqué por los alrededores un lugar en el que pudiera reposar con más comodidad: al contrario del aspecto usual de los cementerios mahometanos, los cipreses de éste eran escasos, esparcidos sobre toda la superficie; la mayoría de las tumbas estaban derruidas y desgastadas por los años: sobre una de las más grandes y bajo de uno de los árboles más frondosos, Darvell se apoyó, inclinándose con gran dificultad. Pidió agua. Yo dudaba que pudiéramos encontrarla, aunque me dispuse ir a buscarla a pesar de mi desaliento: pero él deseaba que yo permaneciera con él; y volviéndose hacia Suleiman, nuestro cargador, que fumaba con gran tranquilidad, le dijo:

—Suleimán, verbena su— ( o sea, trae un poco de agua) y continuó describiéndole con gran detalle el punto donde podría encontrarla. Era un pequeño pozo para camellos, algunos cientos de yardas a la derecha. El jenízaro obedeció.

Dije a Darvell:

—¿Cómo supo esto?

—Por nuestra posición— repuso —usted debe notar que el lugar estuvo habitado alguna vez y no podría haberlo estado sin manantiales. Además, ya he estado aquí antes.

—¡Usted ya ha estado aquí! ¿Como nunca me lo mencionó? Y ¿qué hacía usted en lugar semejante donde nadie puede permanecer un momento más sin pedir ayuda?

A esta pregunta no recibí respuesta alguna. Mientras tanto, Suleimán regresó con el agua y dejó al guía y a los caballos en la fuente. Parecía que al mitigar su sed Darvell revivió por un momento; y albergué la esperanza de que pudiese continuar, o por lo menos regresar, y lo exhorté a intentarlo.

Él guardó silencio. Parecía poner orden en sus pensamientos antes de esforzarse al hablar.

—Éste es el fin de mi jornada —comenzó— y de mi vida; vine hasta aquí para morir; pero tengo una súplica que hacer: una orden que dar, pues tales deben ser mis últimas palabras. ¿La cumplirá?

—Desde luego; pero tengo mejores intenciones.

—Yo no tengo esperanzas, ni deseos, sino éste: oculte mi muerte a todo ser humano.

—Espero que no se presente la ocasión; usted se recuperará y...

—¡Silencio!, así debe ser: prométalo.

—Sí.

—Júrelo por lo más— aquí pronunció un juramento de gran solemnidad.

—No hay razón para ello, yo cumpliré con su petición; y dudar de mi es...

—No puedo evitarlo, debe usted jurar.

Pronuncié el juramento y eso pareció aliviarlo. Se quitó del dedo un anillo de sello, que tenía grabados algunos caracteres arábigos, y me lo dio.

—En el noveno día del mes — continuó—, precisamente al mediodía (el mes que usted guste, pero el día debe ser ése) usted deberá arrojar este anillo a la fuentes de agua salada que alimentan la bahía de Eleusis. Al día siguiente, a la misma hora, deberá dirigirse a las ruinas del templo de Ceres y esperar una hora...

—¿Para qué?

—Ya lo verá

—¿Dice usted que el noveno día del mes?

—El noveno.

Cuando hice la observación de que el presente era el noveno día del mes, su semblante cambió e hizo pausa. Mientras estaba sentado, debilitándose visiblemente, una cigüeña con una serpiente en el pico se posó sobre una tumba cercana a nosotros; y, sin devorar su presa, daba la impresión de observarnos fijamente. No sé lo que me impulsó a espantarla, pero el intento fue inútil; hizo algunos círculos en el aire y regresó exactamente al mismo lugar. Darvell la señaló y sonrió. Habló —no sé si para sí mismo o para mí— pero las palabras sólo fueron:

—Está bien.

—¿Qué es lo que está bien? ¿Qué quiere decir?

—No importa; usted deberá enterrarme aquí esta noche, y en el punto exacto en que está parada esa ave. Ya conoce usted el resto de mis mandatos.

Entonces procedió a darme algunas instrucciones sobre cómo podría ocultar mejor su muerte. Cuando terminó, dijo:

—¿Ve usted esa ave?

—Desde luego.

—¿Y la serpiente que se retuerce en su pico?

—Sin duda: no hay nada raro en ello; es su presa natural. Pero resulta extraño que no la devore.

Se rió de una manera espectral y dijo lánguidamente:

—Todavía no es el momento.

Mientras hablaba, la cigüeña emprendió el vuelo. La seguí con los ojos un instante: no pude haber tardado más que en contar diez. Sentí aumentar el peso de Darvell, por poco que fuese, sobre mi hombro y, al volver a verlo a la cara, vi que había muerto.

Me impresionó la repentina certeza inconfundible: en pocos minutos su semblante se tornó casi negro. Hubiera podido atribuir ese cambio tan rápido a la acción de algún veneno, si no hubiera estado consciente de que no tuvo oportunidad alguna de tomarlo sin que yo me diera cuenta. El día se acercaba a su final, el cuerpo se descomponía con rapidez. No quedaba nada más que cumplir su petición. Con ayuda del yatagán de Suleimán y de mi propio sable, excavamos una tumba poco profunda en el sitio que Darvell había indicado: la tierra cedió con facilidad: tiempo atrás había recibido un ocupante mahometano.

Cavamos lo más profundo que el tiempo permitió y, arrojando la tierra seca sobre todo lo que quedaba del ser tan singular que acababa de partir, cortamos algunos bloques del césped más verde que crecía en la tierra menos desgastada que nos rodeaba y lo pusimos sobre su sepulcro.

Entre el asombro y la pena, no podía derramar una lágrima.

jueves, 13 de marzo de 2008

APRENDE A "ORAR..." - Gururag Ananda Yogi

Gururag Ananda Yogi
LA ORACION
Estoy interesado en aprender a orar, creo que se puede rezar de acuerdo con tu propia capacidad mientras se está meditando; de todas maneras me gustaría conocer algunas otras aproximaciones más ritualistas que pudieras recomendarnos, tengo una apertura hacía el mundo en general como tambien hacia los individuos. Tambien me gustaría aprender como decir una oración con respecto a la comida, uno puede a lo mejor ofrecer algo de comida en un altar o hacer una oración verbal, pero ¿a quien tienes en la mente, a los espíritus o a Dios?, y ¿que es lo que pasa cuando uno no tiene ningún deseo de concebir a Dios?.
¿Si uno no tiene ningún deseo de concebir Dios?, entonces, ¿para qué quieres rezar?, de todas maneras sé de lo que va la pregunta.
Me gustaría poner un pequeño añadido, algunos grupos como los arcanos, los druidas y los grupos de esoterismo y brujería, parecen ver algún poder particular en la luna llena, y tienen oraciones y meditaciones en este tiempo.
¿Hacía la luna llena?, no me extraña que la mayoría de ellos sean lunáticos.
Los arcanos, el grupo de los arcanos creen que hay algún tipo de energía que fluye a nuestro entorno, ¿es esto así?.
Así pues me estas haciendo dos preguntas, bien de acuerdo.
El significado de la pregunta de todo lo que has dicho es este: ¿cuál es el propósito de la oración?, ¿es la oración útil?, ¿cómo debería uno rezar?, y si uno reza ¿puede conseguir algún resultado?.
La oración ha estado siempre llena de propósito, la oración ha sido siempre útil, la oración ha sido siempre algo que te produce beneficios, la oración ha tenido siempre sus beneficios psicológicos, y al tener beneficios psicológicos tiene tambien beneficios fisiológicos y con la combinación de estos dos, uno podría llegar a tener beneficios espirituales que la persona que está rezando no conoce o comprende.
Cuando nos sentamos a rezar, creo que he hablado de esto antes, creo que debe haber con toda seguridad una cinta sobre la oración, pero aunque la haya podemos repetir de vez en cuando una cosa aquí y allá.
La oración en realidad no hace ningún daño, ahora, el poder de la oración está basada en el hecho de cómo de calmada está la mente, y la calma de la mente se consigue a través de las prácticas espirituales y por la meditación.
Si una persona se sienta en un estado muy agitado a rezar, dos cosas pueden ocurrir: puede aumentar la agitación, al focalizarse más en el problema, porque en el estado de agitación su mente está totalmente involucrada en el problema, y él piensa, presupone,
asume, que al decir una oración se liberará de la agitación, pero la mente se hace más y más agitada. Eso es un tipo de oración que algunas personas hacen intentando escapar de la situación.
Ahora, cojamos otra persona que tambien tiene una mente agitada, primero debería tener el pensamiento, debería reconocer que mi mente está en un estado agitado, pero al quererme deshacer de la agitación, “déjame que no me escape de la situación, sino que rinda el problema a un poder que está más alto que yo mismo”, al que nos entregamos a nosotros mismos, y decimos, “hágase tu voluntad”; y si esta entrega es lo suficientemente sincera, generará una fuerza a través de la cual esa voluntad sea hecha.
Cuando suponemos que no hay ninguna entidad que está ahí tambien eso es entrega de uno mismo.
Entonces el ateo que no cree en entregarse a ninguna divinidad, cualquiera que sea su forma, pero si él conoce los principios del poder del pensamiento, que yo soy dentro de mí esa entidad, yo tengo dentro de mí el poder de pensamiento, la estructura atómica de cualquier cosa que exista, que puedo combinar, redirigir y llevar a otro sitio todas las energías que están ahí y conseguir los resultados que quiero conseguir.
Lo que intentamos decir aquí es que la oración es una fuerza de pensamiento; así el ateo puede rezar y el que cree en Dios puede rezar.
Pero para el ateo que no cree en un poder más elevado, su camino es muy difícil, y es solamente el hombre de un calibre muy elevado, que haya conocido las leyes de la naturaleza, podría llegar a utilizar esta habilidad; y una persona tal puede ser una entre mil millones.
Si oyes historias sobre personas que aparecían en dos lugares al mismo tiempo, materializándose a ellos mismos, eso es fuerza del pensamiento donde diversas energías pueden ser combinadas y recombinadas en los diversos aspectos que forman las cosas; y ahí es donde está la ciencia de ocultismo; pero para las personas que no están en eso, y se creen y se engañan a sí mismos creyéndose un tipo de Dios en la tierra, simplemente están pasando por una alucinación, se están engañando a ellos mismos; porque no es práctico y no han llegado a ese estado. Es como un niño que en el nivel de párvulos quiere hacer las mismas cosas que un licenciado.
La mejor manera para el hombre de hoy en día es, no solamente la creencia en la Divinidad, sino el conocimiento de esa Divinidad que está por siempre presente.
Y ese conocimiento puede ser experimentado, puede ser obtenido a través de la meditación, según vamos profundizando más y más y experimentamos los niveles más sutiles de la mente, sentimos como una fuerza y un poder empiezan a brotar de nosotros.
Algunas veces hay algo de suciedad que debe ser disuelta, pero cuando eso está hecho, toda esa
fuerza y ese poder fluye para el que el hombre pueda hacer lo que sea, lo que quiere hacer.
Está en su capacidad, porque el hombre funciona en el plano relativo y tiene el derecho, un derecho inherente heredado de manipular la totalidad de la relatividad, tiene la habilidad inherente heredada, un derecho heredado.
Los otros seres de los que nuestro amigo ha hablado antes, los otros planetas, donde entidades más evolucionadas, que han adquirido la habilidad de utilizar fuerzas sutiles, de utilizar su mente a unos niveles más y más sutiles, donde incluso las palabras no son necesarias y las cosas son simplemente comprendidas, una mente entiende a otra mente sin que se requiera la verbalización, el hombre entiende el corazón del otro, sin demostración, donde el hombre simplemente puede sentarse en silencio y la mayor enseñanza es dada.
Hay otros poderes, hay otras fuerzas.
Buda hizo esto, las mejores enseñanzas budistas nunca fueron verbalizadas, se sentaba quieto, con sus discípulos a su alrededor y cuando se iban algo les ocurría, y Buda nunca pronunció una palabra, así que hay otras fuerzas más elevadas que pueden se conseguidas en este mundo. Y hay otros mundos, otros planetas, donde estas cosas son simplemente lo natural, como hablar es algo natural para nosotros, ese tipo de comunicación de la misma manera es natural par ellos, es como una capa encima de otra capa; hay existencias que funcionan a nivel muy sutil, es una capa muy sutil, y esto en sánscrito se llama “Brihama loca” , y un hombre puede experimentar todos esos distintos niveles aquí y ahora, porque están todos contenidos en el entorno de la mente del hombre.
Y cuando el hombre comprenda que la mente del hombre es individual porque solo conoce una pequeña parte de la mente, un pequeño porcentaje, pero según quita los velos a través de la meditación, los niveles más profundos de la mente empiezan a comprender la mente universal, y su mente individual se hace una con el universo, no hay ya tiempo ni espacio, está todo aquí y ahora, aquí en este momento.
Así es la mecánica de la oración, así es como funciona. Podeis ver todo tipo de oraciones, porque la oración es solo un pensamiento, y si ese pensamiento se mezcla, no es un pensamiento mecánico, porque un pensamiento mecánico pierde fuerza, tiene valor, pero si ese pensamiento se mezcla con un sentimiento, con un sentimiento de corazón, entonces ese pensamiento se hace poderoso, tiene poder, donde realmente sientes los resultados de una cosa, antes incluso de que ocurra, no es poco común. Es algo que viene en ese momento, las nubes se apartan un poquito, el sol brilla a través del pequeño agujerito, la idea es poder utilizar esto conscientemente, y ese es propósito de la oración.
Así pues la oración puede se utilizada para un objetivo útil y bueno, y el mismo poder, la misma energía que constituye la oración puede se utilizado para un propósito malo, la misma energía, la misma energía generada y traída por la fuerza de la mente.
Ahora, cuando hacemos meditación y vamos a los niveles más profundos de la mente y obtenemos una cantidad mayor de energía de esos niveles más sutiles, la mente consciente tiene el libre albedrío para utilizar esa fuerza de una forma constructiva o destructiva, así pues, según vamos profundizando, más y más profundamente a los niveles más y más profundos de las diversas capas de la mente, entonces esas fuerzas no pueden ser utilizadas de una forma autodestructiva, porque traen una luz interior que ilumina las acciones del hombre, están siempre de acuerdo con la leyes de la naturaleza. Puedes encontrar así algunas personas en este mundo que no pueden hacer nada equivocado, lo que hacen, es lo que tienen que hacer, todo pensamiento es correcto, piensan en lago hoy, y mañana se materializa ¡qué poderosa es la mente!, ¡que bella es la mente!, porque incluso sin intentarlo, la mente consciente queda tan llena de ese poder sutil de los
niveles profundos, que cualquier pensamiento que piensa, llega a su realización. Y tal hombre no puede pensar mal, incluso cuando está enfadado, su enfado
es simplemente momentáneo, a parte de todas sus negatividades.
Así pues, veis la fuerza que tiene la oración, es la misma, la misma energía, que da vueltas a todas las ruedas del universo y es el mismo poder que puede ser cosechado por el hombre, tiene la habilidad, tiene la habilidad.

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