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domingo, 20 de abril de 2008

ACCIDENTE --AGHATHA CRISTIE

ACCIDENTE


Agatha Christie
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—Y le aseguro... que es la misma mujer... ¡sin la menor duda!
El capitán Haydock miró el rostro de su amigo y suspiró. Hubiera deseado que Evans no se mostrara tan absoluto. Durante el curso de su carrera, el viejo capitán de marina había aprendido a no preocuparse por las cosas que no le concernían. Su amigo Evans, inspector retirado del C.I.D., tenía una filosofía muy distinta. «Hay que actuar según la información recibida»... Había sido su lema en sus primeros tiempos, y ahora lo había ampliado hasta buscar él mismo la información.
El inspector Evans había sido un policía muy listo y despierto, que ganó justamente el puesto alcanzado. Incluso ahora, ya retirado del cuerpo e instalado en la casita de sus sueños, su instinto profesional seguía en activo.
—Nunca pude olvidar una cara —repetía satisfecho—. La señora Anthony... sí, es la señora Anthony sin lugar a dudas. Cuando usted dijo la señora Merrowdene... la reconocí en el acto.
El capitán Haydock movióse intranquilo. Los Merrowdene eran sus vecinos más próximos, aparte del propio Evans, y el que éste identificara a la señora Merrowdene con una antigua heroína de un caso célebre, le contrariaba.
—Ha pasado mucho tiempo —dijo con voz débil.
—Nueve años —replicó Evans con la precisión de siempre—. Nueve años y tres meses. ¿Recuerda el caso?
—Vagamente.
—Anthony resultó ser un consumidor de arsénico —dijo Evans—, y por eso la absolvieron.
—Bueno, ¿por qué no habían de hacerlo?
—Por ninguna razón. Es el único veredicto que podían pronunciar dada la evidencia. Absolutamente correcto.
—Entonces —replicó Haydock—, no veo por qué ha de preocuparse.
—¿Quién se preocupa?
—Yo creía que usted.
—En absoluto.
—El caso pasó a la historia —continuó el capitán—. Si la señora Merrowdene tuvo la desgracia en otro tiempo de ser juzgada y absuelta por un crimen...
—Por lo general no se considera una desgracia el ser absuelto —intervino Evans.
—Ya sabe a lo que me refiero —dijo el capitán Haydock irritado—. Si la pobre señora tuvo que pasar esa amarga experiencia, no es asunto nuestro el sacarlo a relucir, ¿no le parece?
Evans no respondió.
—Vamos, Evans. Esa señora es inocente... usted mismo acaba de decirlo.
—Yo no dije que fuera inocente, sino que fue absuelta.
—Es lo mismo.
El capitán Haydock, que había empezado a vaciar su pipa contra el costado de su silla, se detuvo para mirarle en actitud expectante.
—¡Hola, hola, hola! —dijo—. ¿Conque esas tenemos, eh? ¿Usted cree que no era inocente?
—Yo no diría eso. Sólo... no sé. Anthony tenía la costumbre de tomar arsénico, y su esposa lo adquiría para él. Un día, por error, tomó demasiado. ¿La equivocación fue suya o de su esposa? Nadie pudo decirlo, y el juez, muy sensatamente, dudó de ella. Eso está muy bien y no veo nada malo en ello, pero de todas formas... me gustaría saber...
El capitán Haydock volvió a dedicar toda su atención a la pipa.
—Bien —dijo tranquilo—; no es asunto nuestro.
—No estoy tan seguro.
—Pero, seguramente...
—Escúcheme un momento. Este hombre, Merrowdene... anoche en su laboratorio manipulando entre sus tubos de ensayo... ¿recuerda lo que dijo?
—Sí. Mencionó el experimento de Marsh con respecto al arsénico. Dijo que usted debiera saberlo muy bien... que era cosa de su ramo... y se rió. No lo hubiera dicho si hubiese pensado por un momento...
Evans le interrumpió.
—Quiere usted decir que no lo hubiera dicho de haberlo sabido. Llevan ya tiempo casados... ¿seis años, me dijo usted? Apuesto lo que quiera a que no tiene la menor idea de que su esposa fue la célebre señora Anthony.
—Y desde luego no lo sabrá por mí —dijo el capitán Haydock.
Evans continuó sin prestarle atención.
—Acabe de interrumpirme. Según el experimento de Marsh, Merrowdene calentó una sustancia en un tubo de ensayo, y el residuo metálico se disolvió en agua y luego lo precipitó agregándole nitrato de plata. Esta era la prueba de los cloratos. Un experimento claro y sencillo, pero tuve oportunidad de leer estas palabras en un libro que estaba abierto sobre la mesa. «H2 SO4 descompone cloratos con evolución de Cl2O4. Si se calienta, explota violentamente, por lo tanto la mezcla debe guardarse en lugar frío y se utiliza sólo en cantidades muy pequeñas.»
Haydock, profundamente extrañado, miró a su amigo de hito en hito.
—Bueno, ¿y qué?
—Sólo esto. En mi profesión tenemos también que llevar a cabo ciertos experimentos... para probar un crimen. Hay que ir añadiendo los hechos... pesarlos, separar el residuo de los prejuicios y la incompetencia general de los testigos. Pero hay otra prueba... mucho más precisa... ¡Pero bastante peligrosa! Un asesino raramente se contenta con un crimen. Si se le da tiempo y nadie sospecha de él, cometerá otro. Usted coge a un hombre...¿Ha asesinado o no a su esposa?... Tal vez el caso no esté demasiado claro. Examine su pasado... si descubre que ha tenido varias esposas... y que todas murieron... digamos... de un modo extraño... ¡entonces puede estar bien seguro! No le hablo legalmente, comprenda, sino de la certeza moral, y una vez se sabe, puede buscarse la evidencia.
—¿Y bien?
—Voy al grano. Eso está muy bien cuando existe un pasado que revisar. Pero supongamos que usted detiene a un asesino que acaba de cometer su primer crimen. Entonces esa prueba no dará resultado. Pero el detenido es absuelto y empieza una nueva vida bajo otro supuesto nombre. ¿Repetirá o no su crimen?
—Es una idea horrible.
—¿Sigue usted pensando que no es asunto nuestro?
—Sí; no tiene usted motivos para pensar que la señora Merrowdene sea otra cosa que una mujer inocente.
El ex inspector guardó silencio unos instantes, y luego dijo despacio:
—Le dije que examinamos su pasado y no encontramos nada. Eso no es del todo cierto. Tenía padrastro y cuando cumplió los dieciocho años se enamoró de cierto joven... y su padrastro hizo valer su autoridad para separarlos. Un día, cuando paseaban por una parte peligrosa de los acantilados, hubo un accidente... el padrastro se aproximó demasiado al borde de las rocas... perdió pie y cayó, matándose.
—No pensará...
—Fue un accidente. ¡Accidente! La dosis extra de Anthony fue un accidente. No hubiera sido procesada nunca de no haberse sospechado que había otro hombre... que por cierto escapó. Al parecer, no quedó satisfecho como el jurado. Le aseguro, Haydock, que por lo que respecta a esa mujer tengo miedo de que ocurra... ¡otro accidente!
El anciano capitán se encogió de hombros.
—Bueno, no sé cómo va usted a prevenirse contra eso.
—Ni yo tampoco —repuso Evans con pesar.
—Yo de usted dejaría las cosas tal como están —dijo el capitán Haydock—. Nunca se saca ningún bien de entrometerse en los asuntos ajenos.
Pero aquel consejo no habría de seguirlo el inspector, que era un hombre paciente, pero decidido. Cuando se hubo despedido de su amigo, echó a andar hacia el pueblo, dando vueltas en su mente a las posibilidades de una acción inmediata y de éxito.
Al entrar en un estanco para comprar sellos, tropezó con el objeto de sus preocupaciones, Jorge Merrowdene. El ex profesor de química era un Hombrecillo menudo, de aspecto soñador y modales amables y correctos, que por lo general andaba siempre distraído. Reconoció al inspector, saludándole afectuosamente, y se agachó para recoger las cartas que por efecto del choque se le habían caído al suelo. Evans se agachó también, y por ser más rápido de movimientos, pudo recogerlas primero, devolviéndolas a su propietario con unas palabras de disculpa.
Al hacerlo pudo echarles un vistazo, y la de encima del montón volvió a despertar sus sospechas. Iba dirigida a una conocida agencia de seguros.
Al instante tomó una resolución, y el distraído Jorge Merrowdene se encontró sin darse cuenta caminando hacia el pueblo en compañía del ex inspector, y tampoco hubiera podido decir cómo surgió en su conversación el tema de los seguros de vida.
Evans no tuvo dificultad en lograr su objeto. Merrowdene por su propia voluntad le comunicó que acababa de asegurar su vida en beneficio de su esposa, y quiso saber lo que Evans opinaba de la compañía en cuestión.
—He hecho algunas inversiones poco acertadas —le explicó—, Y como resultado, mis rentas han disminuido. Si me ocurriera algo, mi esposa quedaría en mala situación. Con este seguro de vida queda todo arreglado.
—¿Ella no se opuso? —preguntó Evans—. Algunas señoras no suelen querer. Dicen que trae mala suerte...
—¡Oh!, Margarita es muy práctica —repuso Merrowdene sonriendo—. Y nada supersticiosa. En realidad, me parece que la idea fue suya. No le gusta verme preocupado.
Evans tenía ya la información que deseaba y dejó a Merrowdene, sumamente preocupado. El difunto señor Anthony también había asegurado su vida en favor de su mujer pocas semanas antes de su muerte.
Acostumbrado a confiar en su instinto, tenía plena certeza en su interior, pero el saber cómo debía actuar era cosa muy distinta. Él deseaba no detener al criminal con las manos en la masa, sino impedir que se cometiera otro crimen, y eso era mucho más difícil.
Todo el día estuvo pensativo. Aquella tarde se celebraba una fiesta al aire libre en la finca del alcalde, y Evans asistió a ella, entreteniéndose en el juego de la pesca, adivinando el peso de un cerdo y tirando a los cocos, con la misma mirada abstraída. Incluso consultó a Zara, la Adivinadora de la Bola de Cristal, sonriendo al recordar cómo la había perseguido durante sus tiempos de inspector.
No prestó gran atención al discurso de la voz cantarina y misteriosa, hasta que el final de una frase atrajo su atención.
—...y de pronto... muy pronto... se verá complicado en un asunto de vida o muerte... para otra persona. Una decisión... Tiene usted que tomar una decisión. Tiene que andar con cuidado... con mucho... mucho cuidado. Si cometiera un error... el más pequeño error...
—¿Eh...? ¿Qué es eso? —preguntó con brusquedad.
La adivinadora se estremeció. El inspector Evans sabía que todo aquello eran tonterías, pero no obstante estaba impresionado.
—Le prevengo... que no debe cometer ni el más pequeño error. Si lo hace veo con toda claridad el resultado: una muerte.
¡Qué extraño! ¡Una muerte! ¡Qué curioso que se le hubiera ocurrido decir eso!
—Si cometo un error el resultado será una muerte, ¿es eso?
—Sí.
—En ese caso —dijo Evans poniéndose en pie y entregándole el precio de la consulta—, no debo cometer errores, ¿no es así?
Lo dijo en tono intrascendente, pero al salir de la tienda tenía las mandíbulas apretadas. Era fácil decirlo pero no tanto el estar seguro de no cometerlo. No podía equivocarse. Una vida, una valiosa vida humana, dependía de ello.
Y nadie podía ayudarle. Miró a lo lejos la figura de su amigo Haydock. «Deje las cosas como están», le diría, y eso es lo que, a la sazón, no podía hacer.
Haydock estaba hablando con una mujer que al separarse de él se aproximó a Evans. Era la señora Merrowdene, y el inspector, siguiendo sus impulsos, apresuróse a detenerla.
La señora Merrowdene era una mujer bastante atractiva. Tenía una frente ancha y unos serenos ojos castaños muy bonitos, así como la expresión plácida. Su aspecto era el de las Madonnas italianas, que acentuaba peinándose con raya en medio y ondas sobre las orejas. Su voz era profunda, casi somnolienta.
Al ver a Evans le dedicó una sonrisa de bienvenida.
—Me pareció que era usted, señora Anthony... quiero decir, señora Merrowdene —dijo en tono ligero y deliberado, mientras la observaba. Vio que abría un poco más los ojos, y que tomaba aliento, pero su mirada no desfalleció, sosteniendo la suya con firmeza y orgullo.
—Estoy buscando a mi esposo —dijo tranquila—. ¿Le ha visto por aquí?
—La última vez que le vi, iba en esa dirección.
Echaron a andar en la dirección indicada, charlando animadamente. El inspector sentía aumentar su admiración. ¡Qué mujer! ¡Qué dominio de sí misma! ¡Qué destreza! Una mujer notable... y muy peligrosa. Sí... estaba seguro de que era peligrosa.
Aún se sentía intranquilo, aunque estaba satisfecho de su paso inicial. Sabiendo que la había reconocido, no era de esperar que se atreviera a intentar nada. Quedaba la cuestión de Merrowdene. Si pudiera avisarle... Encontraron al hombrecillo abstraído en la contemplación de una muñeca de porcelana que fue un premio en el juego de la pesca. Su esposa le sugirió que volvieran a casa, a lo que él se avino en seguida. Luego la señora Merrowdene volvióse al inspector.
—¿No quiere venir con nosotros a tomar una taza de té, señor Evans?
¿No había un ligero tono de reto en su voz? A él se lo pareció.
—Gracias, señora Merrowdene. Con muchísimo gusto lo acepto.
Y fueron caminando juntos mientras comentaban temas vulgares. Brillaba el sol, soplaba una ligera brisa y todo parecía agradable y sonriente. La doncella había ido a la fiesta, según le explicó la señora Merrowdene cuando llegaron a la encantadora casita. Fue a su habitación a quitarse el sombrero, y al regresar se dispuso a preparar el té calentando el agua sobre un infiernillo de plata. De un estante cerca de la chimenea cogió tres pequeños boles con sus tres platos correspondientes.
—Tenemos un té chino muy especial —explicó—. Y siempre lo tomamos al estilo chino... en bol, y nunca lo hacemos en taza.
Se interrumpió mirando al interior de uno de ellos, que fue a cambiar con una exclamación de disgusto.
—Jorge... eres terrible. Ya has vuelto a coger un bol de ésos.
—Lo siento, querida —dijo el profesor disculpándose—. Tienen una medida tan a propósito... Los que encargué aún no me los han enviado.
—Cualquier día nos envenenarás a todos —dijo su esposa sonriendo—Mary los encuentra en el laboratorio y los trae aquí sin molestarse en lavarlos, a menos que tengan algo muy visible en su interior. Vaya, el otro día pusiste en uno cianuro potásico, y la verdad, Jorge, eso es peligrosísimo.
Merrowdene pareció ligeramente irritado.
—Mary no tiene por qué coger las cosas de mi laboratorio, ni tocar nada de allí.
—Pero a menudo dejamos allí las tazas después de tomar el té. ¿Cómo va ella a saberlo? Sé razonable, querido.
El profesor marchó a su dormitorio murmurando entre dientes, y con una sonrisa la señora Merrowdene echó el agua hirviendo sobre el té y apagó la llama del infiernillo de plata.
Evans estaba intrigado, pero al fin creyó ver un rayo de luz. Por alguna razón desconocida, la señora Merrowdene estaba mostrando sus cartas. ¿Es que aquello iba a ser el «accidente»? ¿Decía todo aquello con el propósito de preparar su coartada de antemano y de manera que cuando algún día ocurriera el «accidente» él se viera obligado a declarar en su favor? Qué tonta era, porque antes de todo eso...
De pronto contuvo el aliento. La señora Merrowdene había servido el té en tres boles. Uno lo colocó delante de él, otro ante ella, y el tercero en una mesita que había cerca de la chimenea, junto a la butaca donde solía sentarse su esposo, y fue al colocar esta última cuando sus labios se curvaron en una sonrisa especial. Fue aquella sonrisa la que le convenció.
¡Ahora lo sabía!
Una mujer notable... y peligrosa. Sin esperar... y sin preparación. Esta tarde, aquella misma tarde... con él como testigo. Su osadía le cortó la respiración.
Era inteligente... endiabladamente inteligente. No podría probar nada. Ella contaba con que él no sospecharía... por la sencilla razón de ser «demasiado pronto». Una mujer de inteligencia y acción rápidas.
Tomó aliento antes de inclinarse ligeramente hacia delante.
—Señora Merrowdene, soy hombre de raros caprichos. ¿Me perdonará usted uno?
Ella le miró intrigada, pero sin recelo.
Evans se levantó y cogiendo el bol que había ante ella, lo sustituyó por el que estaba dispuesto de antemano sobre la mesita.
—Quiero que usted beba éste.
Sus ojos se encontraron con los suyos... firmes, indomables, mientras el color iba desapareciendo paulatinamente de su rostro.
Alargando la mano cogió la taza. Evans contuvo el aliento.
¿Y si hubiera cometido un error?
Ella la llevó a sus labios..., pero en el último momento, con un escalofrío, se apresuró a verter el contenido del bol en una maceta de helechos. Luego volvió a sentarse, mirándole retadora.
El exhaló un profundo suspiro y volvió a sentarse.
—¿Y bien? —dijo ella.
Su tono había cambiado. Ahora era ligeramente burlón... y desafiante.
Evans le contestó tranquilo:
—Es usted una mujer muy inteligente, señora Merrowdene. Y creo que me comprende. No habrá repetición. ¿Sabe a qué me refiero?
—Sé a qué se refiere.
Su voz carecía de expresión. Evans inclinó la cabeza satisfecho. Era una mujer inteligente y no quería verse ahorcada.
—A su salud y a la de su esposo —brindó llevándose el té a sus labios.
Luego su rostro cambió..., contorsionándose horriblemente...; quiso levantarse..., gritar...; su cuerpo se agarrotaba..., estaba congestionado... Cayó desplomado en el sillón... presa de convulsiones.
La señora Merrowdene se inclinó hacia delante observándole con una sonrisa, y le dijo... en tono suave:
—Cometió usted un error, señor Evans. Pensó que yo quería matar a Jorge. ¡Qué tonto fue usted... qué tonto!
Permaneció unos minutos contemplando al muerto..., el tercer hombre que había amenazado con interponerse en su camino y separarla del hombre que amaba.
Su sonrisa se acentuó. Parecía más que nunca una madonna, y al fin, levantando la voz, gritó:
—Jorge..., Jorge! ¡Oh! Ven en seguida. Me temo que ha ocurrido un lamentable accidente. Pobre señor Evans...

sábado, 19 de abril de 2008

UNO MAS UNO HUMANIDAD -- Roberto Jorge Santoro

UNO MAS UNO HUMANIDAD, Roberto Jorge Santoro (1963)

ROBERTO JORGE SANTORO (1939-1977)
Roberto Jorge Santoro nació en Buenos Aires el 17 de abril de 1939. Fundador de la revista literaria El Barrilete y de publicaciones como Gente de Buenos Aires y Papeles de Buenos Aires, tiene en su haber los siguientes títulos: Oficio desesperado (Ediciones Cuadernos del Alfarero, 1962); De tango y lo demás, fragmento (Editorial Barrilete, 1962); El último tranvía, plaqueta (Editorial Barrilete, 1963); Nacimiento en la tierra (Ediciones Cuadernos Australes, 1963); Pedradas con mi patria (Editorial Barrilete, 1964); De tango y lo demás (Editorial Barrilete, 1964); En pocas palabras, plaqueta (Ediciones Hechas a mano, 1967); Literatura de la pelota, recopilación sobre el tema del fútbol (Editorial Papeles de Buenos Aires, 1971); A ras del suelo (Editorial Papeles de Buenos Aires, 1971); Desafío (Editorial Gente de Buenos Aires, 1972); Uno más uno humanidad (Ediciones Dead Weight, 1970); En esta tierra lo que mata es la humedad (tragedia musical representada en Buenos Aires, 1972); En esta tierra (canciones; música de Raúl Parentella; canto Kiko Fernández; Music Hall, 1972, disco L.P.); Poesía en general (Editorial Papeles de Buenos Aires, 1973); Cuatro canciones y un vuelo (Editorial Gente de Buenos Aires, 1973); Las cosas claras (anti-libros "La trenza loca", 1973); Lo que no veo no lo creo (canciones; música y canto Jorge Cutello, 1974); No negociable, carpeta (Editorial Papeles de Buenos Aires, 1975); De Santoro (Homenaje a R. J. Santoro realizado en Madrid por poetas, escritores y artistas en general represaliados en Argentina, Ediciones del Rescate, 1979).
Roberto Jorge Santoro fue secuestrado por elementos del terrorismo de Estado el 1° de junio de 1977, quienes se lo llevaron ilegalmente de su lugar de trabajo: la Escuela Nacional de Educación Técnica N° 25 Teniente Primero de Artillería Fray Luis Beltrán, en la calle Saavedra del barrio de Once, donde el poeta prestaba servicio de preceptor con el cargo de subjefe. Hasta hoy se encuentra desaparecido. Una plaza de Buenos Aires, en Avenida Forest y Teodoro García, lleva su nombre.
Hablar de Roberto J. Santoro no es una tarea fácil, es hablar del amigo que no está, pero que dejó una impronta inolvidable en medio de los difíciles días compartidos, porteño de barrio, poeta de alma y ser humano por vocación- Maestro. Alumno. Oído receptivo, siempre tenía una palabra de estímulo hacia lo que yo por ejemplo consideraba un fracaso. Me repetía hasta el cansancio que un mal poema se corrige con otro mejor, trabajo constante. "No habrá ninguno igual", como el tango -- su NO PRESENCIA es dolorosa, constante e irrecuperable como los libros quemados de la biblioteca de Alejandría (o los del Centro de Cultura Económica o los de la Vigil de Rosario)
Pelado querido, ni olvido ni perdón, no nos reconciliamos. Juicio y castigo para tus asesinos.
Francisco A. Chiroleu


Roberto Jorge Santoro nacido porteño en 1939, es –afirmación sin posible negación- uno de los más importantes poetas argentinos que utilizan a Buenos Aires como centro de su decir poético.
Sabe (y cómo lo sabe!!) que la poesía –como bien lo dijera el filósofo checoslovaco Karen Kosic- no es una realidad de orden inferior al de la economía y el sujeto concreto.
-el poeta- produce y reproduce la realidad social, al mismo tiempo que es producido.
Y reproducido históricamente en ella-. Toda la obra de Santoro gira alrededor de esa participación de su ser con Buenos Aires (que es lo mismo que decir humanidad total, cuando se tiene capacidad de hacer del tema algo válido para otros seres de la tierra), pero no con el Buenos Aires híbrido o inexistente de tantos impostados cantores a la violeta, sino con un Buenos Aires que él conoce y vive todos los días, y lo que es más genial con el Buenos Aires que todos conocemos, padecemos, soportamos hora a hora, y al que le ha sumado un humor negro delicioso, que es nada más que el resumen del humor negro de cualquier golpeado habitante de nuestra ciudad (existe otro recurso?), que utiliza como buen poeta potencial-anónimo las maravillosas expresiones que Santoro iluminado se anima a colocar en sus poemas, para darnos de esta forma una verdadera y real poesía de Buenos Aires, la indescriptible ciudad metida en “el tercer mundo”. “Qué hace el tanque parado en la puerta de mi casa?”. “No creo que aguantemos mucho tiempo”.
“A la hora en que los vigilantes se asustan del hombre de la bolsa/ y el profesor universitario se prueba el corpiño de la abuela”. “Hoy
remataron a un amigo mío”. “En los últimos dos meses se registraron ochenta y cuatro movimientos militares”. “En el Palacio de Justicia se instaló un crematorio” son algunas de las numerosas expresiones que forman este libro hermoso y conmovedor, que unido a “Pedradas con mi Patria” y “De tango y lo demás” integran una trilogía insustituible para el que desee conocer,descubrir, respirar algo de lo que Buenos Aires posee entre su maraña de barrios y purretes, de pizzerías y bares, de revoluciones y planes ilogísticos. Santoro, con pocas y exactas palabras, no nos concede tregua. Buenos Aires (el mundo de las ciudades alienadas) nos cae como un aluvión sobre los ojos. “Ballet Balar Babel” es la unión de la necesidad con el arte. Necesidad de decir, en un torrente aparentemente caótico, que le sucede a la vereda llorándole a la historia a veces historieta y otras caca, y arte para los que sufrimos este infierno, pues hallamos en sus sarcásticos juegos de palabras toda la locura poética que se engendra en la polis moderna.
“Uno más uno humanidad” es un striptease obsesivo que nos deja como cuando vinimos al mundo: totalmente desnudos y húmedos. No hay mistificación,
ni trivialidad, ni el cómodo recurso del no te metas de la mayoría de los poetas de las “des-generaciones” argentinas. Santoro se juega honesta y bellamente usando
el millonario lenguaje de “mi Buenos Aires querido”.
Su jugarse no es una novedad actual, ni una moda para obtener fama. Desde muchacho está inscripto en esa línea. El resumen final es más simple:
Santoro es un poeta total y su obra es de primer agua dentro de lo trivial –con sus naturales excepciones- panorama poético argentino.
Océano Atlántico Sur, marzo de 1969.
Ariel CANZANI D.



UNO MAS UNO HUMANIDAD


PRÓLOGO



Ballet Balar Babel


De punch de match coatch de grill de room y park de gil ketchup del bridge sweater stop y chicle del spleen boutique ciudad con piedra de esmeril okay blue jean de nouvelle vague king size solong english school juliette miami beach cotización café dólar dolor de calle san martín el tango souvenir girl carnaval con hervidero bat turista bob bb no va al placé ir a mear banlon de orlón con filter del spray aturdidero chesterfield ingola sexual suprarrenal mamá cheyenne estúpido lorraine de malandrín showman de bélle époque coiffeur del chic cahier con boxer cinema street fotonovela del feto del caviar obrero rouge al rojo tridimensional que no se puede pie pelado piel de la verdad cocktails liquidación week end de company forfai payaso conexión del lucky strike ferretería teddy boy cartón good bye u.s.army boomerang del bang del fin del ring beat niks de pique al pique del pic-nic con loca maquinaria whiskería tramposo de la trampa de la trompa galería de vagina de oxford best seller time y también afónico concreto reto cretino con dodecafónico haute couture de la epidemia basura mocasín la misma anemia poxipol stock de coccinelle supermercado importado ortopédico rotograbado stereo curandero dedicado a la careta político de treta la retreta militar hay quien reta y quien retrete quien su rito de alcahuete quien decán quien the king también quien can con quién king kong ring side karting del clinch electric clan nylon service shampoo night club sport scotch no smoke fullback fulget del brek en rating va neón acrílico far west alergia streech transistor boite plastificado twist ikebana chez air line después de muchos más viene Gardel qué diantre cocaína occidental cuaresma gomapluma revolución social con alma chimpancé bolígrafo de jingler jungla jeep catch mon amour de fórmica y sketch de sexy jab y yes cowboy kermese merci compacto estabilizador chin chin televisión hotel con cinerama funcional ya no funciona el hombre va el crooner con el dial del rol del foul y el chef del jet con rimmel del palace y luego el strip tease pis short horóscopo del riel moloc del rock polietileno very well cantina rider digest music hall y rugby del deshabillé taxi de smack del chuick con lunch de coca cola flash ojotas wall street del cross del eximbank smocking del bistec chop navy thunderbird happy new year turf magazine camping champagne house baby doll lolitas hurlingam dancing hawaii draw back del pocker swing pullover cotillón estafa en la ciudad y coaxil ticket croupier pachanga y orthicón fue oil de la cave concesionario bossa nova del chalet ventosa dolce vita babel residencial gran olimpíada de snobs con alpargatas madison y dooping cha-cha-cha con looping fugazzetta y várices del link con seven-up inmobiliario y flet con yute del scrum grandes bailables laberintos complicación del pudridero con su gafe con las nenitas de la pesadita de las frotaditas de las puteaditas pegajoso en los boliches del zaguán firuletes disfrazados con garrafa en dancing yatch extracto afeminado petit antena de la murga touring de la conscripción infamia sofisticada postizos sin castrar por la demanda
travell soirée coperas basural de affiches quiromancia atómico foot ball colectivis de conjuntivitis con atentados en complicidad dacrón del patovica que fans por el minuet taqui dacti maricón de manicuras del loco hit parade de tic fiestitas y ruleros en el trasero de su administración problema de la vivienda estacionamiento y a demoler histeria y feria del tiro corto y la guitarreada ladrido beige subidos a la remera que su ramera ven con la gloria van a la noria su modelo arrastrando la vereda llorándole la historia a veces historieta y otras caca


ANTECEDENTES:
COLLAGE O TALLER O DESTIERRO BUENOS AIRES
I
porque de máquinas tragamonedas toda es verdad esta loca algarabía dejando de locos tragamáquinas de furias sus tardes y destierros se fue porque la sombra con tu melena no en vano del estaño quedaste con y ahora por desarticulado hueso el centro con ya sin tango de tangueros fuelle herido desabrido corazón blue jean con que perdieron que marca se fueron su aventura en serio porque te digo tu olvido ciudad cuando iniciás me duele se queda y uno en medio que se va rengo la máquina de un tango a cada rato cambiás te corren los jugás de posición al ajedrez porque destierros ya no con tu agonía en el ojal pueden claveles ni que te con importa les guiñas los hombros de trampas sos pero que humano un río y camino con yo todo que tu olvido con tus pasos
II
el bajo navegan hacia bares se van oscuros gas neón café y de acrílico si con grill comprenderte room te llenan semáforos su eléctrico guiñándole color que multan los que pasan contrasaltos nos vamos si viviendo un día adentro a levantar en una galería se inventan de olvido en cada boutique te llenan media hora pero aquí que estamos para saber hay cierto de todo en algo este misterio que ingratan grita sos porque la mina los deja con que el tango de rufianes y hay quienes de bacanes la parte con larga cafishios mishiadura de peinado cambiaste se mezclan ockey no saben twist de moda un albañil que no se todos gritan puede vivir nadie marica comprende militares idénticas repitan que falsos políticos su lección de palabras pero furioso arrancarte hay algo que queremos.
III
que así de multitudes con ferias estemos con kermese y arriba con que antena nos crucifiquemos de los techos de que serie la empieza a las doce disparos de tu mediodía y nunca en meses termina que se corren que no cualquiera ciudad una sos una con tu ropa y no hay otra
esperanza que en el mundo interior llena de miedo con que juegues estamos que nosotros cada minuto llamándote queremos que de este tiempo vivas que rayuelas se fueron que ya las más difíciles borracheras de tantas buenos aires deschavarte te nombro después quiero con otra mano darte empezar para una historia y algunos un barro monstruoso nos inunda lo olvidaron pero al final hasta bebamos de tu río
IV
en otro tiempo estamos ya se fue vuelve y nunca lo que se fue viviendo comprendenos no te con voy a engrupir estatuitas pero no hay cambio sonrisas de espejitos que yo te lo doy tengo si vos no lo querés decime no te pido no quiero de tu copa ser la noche alcohol de para mentiras al centro un barrio se fue el barrio ahora es el centro y parejos los corren saliendo de cines que parejas todos se las atropellan que calles la tierra la arreglan de muy un color raro está saltando veredas con uno la calle de discos se la juntan a casa de escuchar soñando a la puerta las revoleando le mujeres roban los ojos la esperanza se largan las polleras persecución detrás que algunas la de aquí la para espera allá y la llevan a un chicle masticándose le dan y cuando el visto bueno no tiene arriba ni ropa de los taxis de la plaza y en los bancos duermen mi tierra cantando querida la reina del plata no ves escuchanos no se puede.
V
jinglers de la crisis y el valor a la italiana de café con la ola en la nueva billetera fumando que jugando su antifaz su nada con humo de cansados que tiro refrigeración al blanco con ciudad para música de fondo con las balas a los libros ni llegando por los bonos se leen contralor en subterráneos menstruando azul medio país se acaban y oro los problemas y de las vitrolas a gardel lo agujerearon le rajaron el cartel alguien de
dibujos se ensucia el pantalón en los cines animados mientras se alergia la inventa en los zaguanes y vive amor el atontado en las incubadoras de jaulón que maricones ciudad que viajan con las revistas pisándose de arte jardín que se habla inglés de infantes en el balón jugando al cesto y un tango saca un muchacho de negros cigarrillos de un paquete te llevamos en la sangre


UNO MÁS UNO HUMANIDAD

I

cuánta gente que equívoco caca da
que vive en las farmacias inyectándose ingle en la
epidermis
que viaja en los colectivos con un televisor portátil
qué de tardes con los mocasines puestos
y portafolios de sonetos sin poetas
de poetos sin sonetas
y ortafolpios
un vientre se independizó de una mujer y acusa en las
veredas
a las chicas que van a estudiar el piano
los fabricantes de cinturones están desesperados
porque una monja a las cuatro de la mañana descubrió
su sexo
y quiere besar a todo el mundo
un hombre con una bicicleta se subió a una chimenea
y tiene hambre
la puerta del baño trabaja incansablemente
y le han hecho juicio de desalojo a la esperanza
voy a tomar un café

II

mañana un general con viruela boba habrá de acuartelar
a mil conscriptos
porque una mosca le ensució el tintero de la guerra del
paraguay
y su esposa tendrá un hijo con un coronel
un forzudo canta un jingler
y en el décimo piso del ministerio dos empleados juegan
a la generala
mientras una mujer les muestra la bombacha a dos
cadetes
parece que van a tapizar el sillón de la presidencia
y está en estudio clausurar la poesía
¿qué hace el tanque ése parado en la puerta de mi casa?

III

el hijo del poeta surrealista
remontó clandestinamente un barrilete
viendo a un albañil leer a kant en el tranvía
y cuando vi que el padre del ministro se transformaba
en iguana
recuerdo que se organizó un campeonato de ajedrez en
una villa miseria
así empezaron las cosas
fue cuando las gallinas todavía empollaban huevos
ahora
a los almaceneros se les ocurrió estudiar taquigrafía y
bailes clásicos
no creo que aguantemos mucho tiempo

IV

a la hora en que los vigilantes se asustan del hombre de
la bolsa
y el profesor universitario se prueba el corpiño de su
abuela
a la hora en que las putas mezclan a hölderin con
vacarezza
y un teddy boy puede jugar al golf con un paraguas
a la hora en que el hijo del señor cura se enamora de la
blenorragia
y en una reunión de afeminados se escucha el ocaso de
los dioses
a ciertas y determinadas horas
hay alguien que aún cree que jesucristo levantaba pesas

V

he visto en el subterráneo cómo una mujer tiraba un feto
por la ventanilla
el guardia entonces obligó a todo el mundo a que fumara
los chicos menores de siete años se dieron el gusto de
convidar
los últimos king size que tenían
el subterráneo por supuesto no paró en ninguna estación
se organizó un baile en medio del túnel
y después de varios días tuvo que intervenir el ministro
del interior
pero el ministro abandonó a su esposa en el primer
molinete y se enamoró
de un ciego hermano de un diariero muy educado que
eructaba con la boca cerrada
después de la crisis
se vendieron los peines a menor precio
y se creó un curso gratis para aprender a manejar
bañaderas

VI

al campeón nacional de pesas no le gustan los soldaditos
de plomo
y el presidente ahora se sale con un decreto de duelo
nacional
porque se le murió una araña amaestrada
la gente camina y no piensa en la rima fecal con
sexual
en tanto los porteros han comenzado la huelga porque
no quieren leer más
libros de fenomenología
hoy estuve hablando con dos poetas enemigos míos
dicen que si existiera belgrano pasarían otras cosas
no me siento bien
VII

después de nagasaki
los dictadores apuestan sus hijos en las carreras de caballos
los violinistas usan el violín para matar las moscas
y el cielo se abarrota de expedientes
como dios está atacado de cáncer
los ángeles militares preparan la gran conspiración
nadie entiende nada
VIII

tus dientes como perlas están en el segundo cajón del
escritorio
además aunque te los olvides
con no abrir la boca se acabó el problema
mejor vayamos a la plaza a las tres de la mañana
a esa hora pasó todo y estaremos más tranquilos
vamos a ver
ayer habíamos quedado en la regla de tres simple
y en cómo se cargaba un pistola
¿qué?
¿y ahora se te ocurre darme un beso?
IX

la princesa padece de urticaria
y le rompieron la cara a la ternura
una mujer cuelga de una ventana con su vagina herida
para molestar a los empleados de la compañía de seguros
y en norteamérica masacraron a un negro
hoy estoy triste
y los negocios cerraron porque un juez con la corbata
sucia
condenó a cadena perpetua a un hombre de cuatro años
mañana comienza el campeonato de waterpolo

X

después de aceptar la coima
el abogado toma el plato de sopa que se llevó adentro de
un profiláctico
y su secretaria le canta un cha cha cha en lunfardo
kafka tenía un diente postizo
por eso los chicos se asustan del dentista
voy a visitar el museo
aunque no sé si podré entrar sin calzoncillo
mejor me quedo en mi casa leyendo la guía
hoy remataron a un amigo mío
XI

en la sinagoga preparan el próximo atentado
y han clausurado definitivamente el uso de los
escarbadientes
la gente angustiada comenzó a comprar flicornios a
cualquier precio
se anularon los resultados de todos los campeonatos de
fútbol
y a la salida de los cines hay obligación de vacunarse
en los últimos dos meses se registraron ochenta y cuatro
movimientos militares
hay escasez de naftalina
y se proyectó la construcción de mingitorios arriba de
los buzones
al lado de un árbol encontré un boleto capicúa
que marcaba la primera página de las obras completas
de marcel proust
me dieron ganas de caminar
XII

los escritores comunistas están preocupados
algunos para ser populares reparten su fotografía en
colores con una medallita
y otros ponen nombres de dentífricos y sopas
concentradas
la gente no quiere salir más a la calle
y se empezaron a trabar las puertas de los baños
desde hace tres noches están desfilando tanques
las familias se agarran a trompadas adentro de sus casas
y por televisión sólo pasan lecciones de sánscrito
lo que mata es la humedad
XIII

se han empezado a recaudar fondos para los militares
enfermos
y en las islas malvinas se encontró una sirvienta
para solucionar el problema de los techos que se vienen
abajo
en todas las esquinas instalaron negocios de acero
inoxidable
que venden chicles y frasquitos con goma de pegar
los chicos no van más al colegio
las maestras se dedican a tomar vermouth en las
confiterías
y nadie puede ver a las hormigas
las únicas casas que permanecen abiertas son las armerías
todo el mundo tira las cosas a la calle
el otro día encontré la primera edición de una obra de
mitre adentro de un bidet
después que los granaderos pidieron el retiro
fueron sorprendidas dos parejas arriba de un monumento
público
se ha inventado un nuevo ministerio
y las veredas están cubiertas de coches
no hay salida posible
XIV

estalló la central telefónica
los estudiantes de ciencias económicas se dedican a robar
bancos
y en el palacio de justicia se instaló un crematorio
como los cineastas han comenzado a homenajear a los
reservistas
el gofio se puso de moda
ahora los vagabundos viven en las funerarias
claro que a los gorriones parece no importarles este asunto
sólo que en el aire ha tomado un color muy raro con tantos
bichos como hay
parece que va a renunciar un ordenanza del ministro de
relaciones exteriores
el río se está secando
y se ha descubierto entre el barro al cadáver de hitler
han puesto la bandera a media asta
y obligaron a los oficinistas a llorar
hoy seguramente los militares tendrán asueto
la gente está muy asustada

XV

desde hace seis minutos hay un silencio total
nadie da señales de vida
algo debe haber pasado durante la noche
lo único que escucho es el golpeteo de mi máquina
desgraciadamente se está acabando el papel
qué raro han desaparecido los coches
tampoco hay nadie en la funeraria
voy al río
quiero saber qué pasa
desde el murallón se puede ver una caravana de gente que
se aleja
parece que se fueron todos para el río
y para colmo me robaron el maniquí que había
encontrado
bueno
a casa hay que empezar a trabajar

XVI

frente a la puerta sentada en el umbral una mujer me
está esperando
no sé como se llama
es la primera vez que la veo
me mira
nos damos un beso
vamos a tener un hijo
nos llevó mucho tiempo arreglar la ciudad de buenos aires

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