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miércoles, 21 de noviembre de 2007

LA CABALA MISTICA // SEGUNDA PARTE

LA CABALA MISTICA




SEGUNDA PARTE

CAPITULO XIV CONSIDERACIONES GENERALES

En la primera parte de este trabajo hemos considerado el plan general y el sistema de uso del Árbol de la Vida Cabalística. Ahora entramos al estudio en detalle de los diferentes Sephiroth. Este estudio es necesariamente sólo un ensayo, dado que, de otra manera, habríamos de dedicar toda una vida a la investigación de los significados de las correspondencias, ya que éstas se extienden en infinitas ramificaciones a partir de todo símbolo asociado con cada Sephirah. Mas, como ha menester un principio, un punto de partida, escribimos estos capítulos. Repetimos, no consideramos los capítulos que siguen más que simples ensayos, aunque ellos sean el fruto de diez años de meditaciones y estudios sobre ese maravilloso símbolo compuesto.

La tabla de correspondencias que encabeza cada sección se compone de una selección de los principales símbolos e ideas asociadas con cada Sephirah, y no pretenden en absoluto contenerlo todo. Contienen sin embargo, los símbolos de mayor significación, los cuales son suficientes para dar al estudiante una sana compresión filosófica del tema, permitiéndole a la vez la experimentación por sí mismo, en el empleo del Árbol, como símbolo de meditación.

Las referencias han sido tomadas de 777, obra de A. Crowley, quien a su vez lo obtuvo de los manuscritos de MacGregor Mathers. Este último, de acuerdo con lo que hemos podido establecer, ya que no menciona la fuente de donde obtuvo las regerencias, las extrajo de la obra del Dr. Dee y de Sir Edward Kelly, Cornelius Agrippa, Raimundo Lull y Pietro de Abana, entre los primitivos escritores.

Entre los más modernos, se encuentra el mismo disperso material entre las obras de Knorr von Resenroth, Wynn Westcott Eliphas Levi, Mrs. Atwood, Mme Blavatsky, Anna Kingsford, Mabel Collins, Papus (doctor Encausse), St. Martin G. Massey, G.R.S. Mead y muchos otros. Es probable que MacGregor Mathers les deba mucho a estos autores y otros a él. En realidad algunos de ellos era miembro de la "Orden de la Aurora de Oro" que él fundara.

"Golden Bough" de Frazer. es también otra fuente de información; también lo son las obras de Wally Budge, los escritos de Jung y Freud, las traducciones del Dr. Jowett, del griego; los Libros Sagrados de Oriente, la biblioteca clásica de Ioeb, la traducción de Plotino, por Stephen Mac Kenna; la traducción del Zohar de Sonzino Press y, finalmente, la Santa Biblia que es quizás la más importante.

Se verá que los símbolos asignados a cada Sephirah están clasificados en orden regular y bajo ciertos encabezamientos. Para comprender el significado que el ocultista adjudica a las distintas secciones y el empleo que hace de ellas, es necesario explicar en detalle el sistema de clasificación.

Sección primera. ‑ Título asignado al Sephirah: Primeramente se da su nombre en hebreo y luego en castellano, agregándose la transcripción o deletreamiento en el idioma hebreo. La ortografía o deletreamiento estricto de los nombres propios que se emplean en la cábala es de importancia vital en razón del valor numérico que los cabalistas le asignan y también del empleo que se hace del significado de esos números por los que trabajan con los sistemas numéricos. No somos numerólogos ni matemáticos; por tanto, no haremos comentarios sobre lo que está fuera de nuestros conocimientos. Simplemente consignamos el dato para los que puedan apreciar su significado.

Sección segunda. ‑ Imagen Mágica y Símbolos asociados con cada Sephirah; La imagen mágica es el cuadro mental que el ocultista forma para representarse al Sephirah; sus detalles le suministran muchísimos detalles significativos para la meditación. Estas imágenes son tan antiguas y han sido trabajadas con tanta riqueza mágica que generalmente se forman espontáneamente por sí propias durante la meditación. En el curso de nuestros trabajos sobre la cábala, hemos visto la mayor parte de ellas antes de obtener acceso a las Tablas que las indicaban. En sus trabajos prácticos el adepto iniciado los forma con todo su detallado simbolismo, y la práctica de visualizar mentalmente las imágenes mágicas es uno de los ejercicios más valiosos que puede concebirse. Mucho de estos detalles pueden obtenerse de las explicaciones que damos de cada Sephirah; mas, los lectores que tienen conocimientos especializados de los panteones clásicos o del Oriente, pueden elaborar esas imágenes con precisión mayor, rodeándolas con todos los atributos que tenían los dioses asignados a cada esfera del Árbol, los cuales pueden identificarse merced a sus asociaciones astrológicas.

Sección tercera. ‑ Situación en el Árbol: La situación en el Árbol arroja inmensa luz sobre cualquier meditación, dado que revela el equilibrio de las fuerzas espirituales que operan en la naturaleza. Por ejemplo, Geburah (Marte) y Chesed o Gedulah (Júpiter) se oponen el uno al otro en el Árbol, de lo cual sacamos en consecuencia que el Rey Guerrero y el Gobernador bondadoso , sabio regulador de la paz, se equilibran mutuamente. Cuando Geburah se desequilibra, se convierte en crueldad y opresión, y si el desequilibrio lo sufre Gedulah entonces el mal se multiplica.

Sección cuarta. ‑ Texto Yetzirático: El texto Yetirático es la descripción de la esfera o sendero dado en el Sepher Yetzirah o libro de las formaciones, habiendo utilizado los otros la traducción de Wynn Westcott.

Estas descripciones son extremadamente críticas, pero de vez en cuando suministran relámpagos de inspiración y sin duda contienen la esencia de la filosofía cabalística.

Sección quinta. ‑ Títulos descriptivos: Es el catálogo de los nombres que en la literatura rabínica arrojan mucha luz sobre el tema, son de suma utilidad para el estudiante y tienen por objeto encontrar referencias cuando se sigue la trayectoria de las ideas asociadas en un Sephirah en particular.

Sección sexta. ‑ Nombres de poder asignados a cada Sephirah: El nombre de Dios representa la forma más espiritual de la fuerza en el reino de Atziluth, el más elevado de los cuatro Reinos de los cabalistas.

Los nombres Arcangélicos representan la operación de las mismas fuerzas en Briah el Reino de la Mente Superior donde moran las ideas arquetípicas.

Los coros angélicos corresponden al Reino de Yetzirah o Mundo Astral y los chakras mundanos son los representantes de cada fuerza en el reino de Assiah, o sea el Plano Material.

Los que aquí llamamos experiencia espiritual correspondiente a cada Sephirah es lo mismo que Crowley llama "Poder Mágico"; aunque si bien este término puede atribuirse debidamente a los 22 senderos, es confuso para aplicarlos a los Sephiroth. Por tanto lo hemos cambiado cuando nos referimos a los Sephiroth mismos y lo hemos conservado en relación con los senderos por las razones que transcribimos en seguida.

Sección séptima. ‑ Virtudes y vicios atribuidos a cada Esfera del Árbol: Indican las cualidades necesarias para recibir la iniciación de ese grado y la forma que adoptan las fuerzas desequilibradas de esa esfera. En los grados más elevados antes de que se desarrolle la forma, no hay ningún vicio operante.

Sección octava. ‑ Correspondencia en el Microcosmos: El Microcosmos, en otras palabras el ser humano, corresponde al Macrocosmos sephiróthico y es importante desde muchos puntos de vista prácticos, especialmente desde el punto de vista médico - espiritual y de la astrología.

Sección novena. ‑ Las cuatro series del Tarot: La correspondencia de las láminas del Tarot con el Árbol abre inmensos campos de práctica importancia, y forma de la base filosófica del arte de la adivinación. Si el lector fija estas explicaciones en su mente fácil le será seguir nuestro razonamiento y a la vez las dilucidaciones acerca del simbolismo atribuido a cada Sephirah. El trabajo para correlacionar los diferentes panteones politeístas y las angeologías de los cristianos, mahometanos y hebreos, con las clasificaciones del Árbol es realmente inmenso. Crowley trató de hacerlo ya ‑anotamos de paso que este trabajo parece original y es traído de Mathers‑ Sus conclusiones, sin embargo, no son del todo claras y no nos atreveríamos a transcribirlas en su totalidad. Se requiere una erudición vastísima para realizar algo satisfactorio en este sentido, erudición que no poseemos. Por lo dicho, nos contentaremos con tocar únicamente los puntos que conocemos y no haremos tentativa alguna en esta obra para hacer una clasificación ordenada.

Sección décima. ‑ Los colores flamígeros: Estos son solamente de utilidad para los estudiantes muy adelantados que poseen las claves necesarias.



CAPITULO XV KETHER, EL PRIMER SEPHIRAH

TITULO : Kether, la Corona, (Hebreo : Beth, Yod, Num, Hé)
IMAGEN MÁGICA : Un viejo Rey antiguo, visto de perfil.
SITUACIÓN EN EL ÁRBOL : A la cabeza del Pilar del Equilibrio, en el Triángulo Supremo.
TEXTO YETZIRATICO : El Primer Sendero es el llamado Admirable o de la Inteligencia Oculta, porque es la luz que da el poder de comprensión, del Primer Principio, que no tiene comienzo; y es la Gloria Primordial, porque ningún ser creado puede alcanzar su esencia.
TÍTULOS DADOS A KETHER : Existencia de existencias. El Secreto de los secretos. El Antiguo de los antiguos. El Antiguo de los Días. El Punto Primordial. El Punto dentro del Circulo. El Altísimo. El Rostro Inmenso. La Cabeza Blanca. La Cabeza que no es. Macroposopos. Amén. Lux Oculta. Lux Interna. El.
NOMBRE DIVINO : Eheieh
ARCÁNGEL : Metraton
ORDEN ANGÉLICO : Santos Seres Vivientes. Kjaioth ja Kadesh.
CHAKRA MUNDANO : Rashith ha Gilgalim. Primum Móbile. Primeros estremecimientos.
EXPERIENCIA ESPIRITUAL : Unión con Dios
VIRTUD : Realización.
VICIO: --------
CORRESPONDENCIA EN EL MACROCOSMOS: El Cráneo. El Sha Yechidah. La Chispa Divina. El Loto de Mil Pétalos.
SÍMBOLOS : La Corona. La Svástika.
CARTAS DEL TAROT : Los Cuatros Ases.
As de Bastos : La Raíz de los Poderes del Fuego.
As de Copas : La Raíz de los Poderes del Agua.
As de Espadas: La Raíz de los Poderes del Aire.
As de Oros : La Raíz de los Poderes de la Tierra.
COLOR EN ATZILUTH : Brillantez
" BRIAH : Brillantez blanca Purísima
" YETZIRAH : Brillantez blanca Purísima
" ASSIAH : Blanco, moteado de Oro.

Kether, la Corona, está colocada a la Cabeza del Pilar del Medio, el Equilibrio; y más allá de El están los Velos Negativos de la Existencia. Ya hemos escrito algo con respecto al uso de estos Velos Negativos como fondo para el Pensamiento, de manera que no haremos repeticiones inútiles sobre este punto, aunque sí recordaremos al lector que Kether, Primer Manifestado, representa la cristalización primaria de la manifestación, de aquello que antes era inmanifiesto, y por lo tanto, incognoscible para nosotros. Respecto a la raíz de la que surge Kether no sabemos nada pero sí podemos saber algo respecto a Kether mismo. En nuestro actual estado de desenvolvimiento podrá ser para nosotros el Gran Desconocido, pero no es el Gran Incognoscible. La mente del mago puede abarcarlo en sus visiones más elevadas. Según nuestro propia experiencia, en la operación conocida como ascenso a través de los planos, que consiste en elevar la conciencia por el Pilar del Medio, mediante la concentración sobre los sucesivos símbolos y los Senderos, en ocasión en que logramos alcanzar sus fronteras, Kether se nos apareció como una Luz blanca enceguecedora, en la cual quedó aniquilado todo pensamiento.

En Kether no hay forma, sino ser puro. Podríamos decir que es una latencia sólo un grado más acá de la no existencia. Estos conceptos tienen que ser necesariamente vagos y no estamos capacitamos para darle la nitidez que debieran tener, pero es suficientemente que reconozcamos grados de devenir, y que la cruda diferenciación y el Ser y el No Ser no representan los hechos. Con la existencia manifestada aparecen los pares opuestos; pero en Kether mismo no hay semejante división, manifestándose recién cuando se produce la emanación de Chokmah y Binah.

Por consiguiente, Kether es uno, y existía antes de que hubiera ningún reflejo de sí mismo para servirle de imagen en la conciencia y establecer así una polaridad. Debemos creer que trasciende todas las leyes conocidas de la manifestaciones al existir por sí solo sin reacción alguna. Cuando hablamos de Kether debemos recordar que no queremos significar una persona sino un estado de existencia; y ese estado de substancia existente debe haber sido completamente inerte, un puro ser hasta que comenzó la actividad cuya enamación fue Chokmah.

En la mente humana, que no conoce ningún otro modo de existencia que el de la forma y de la actividad, tiene la mayor dificultad en lograr un concepto adecuado de un estado absolutamente informe, de pasividad, que, sin embargo, es muy distinto del no‑ser. No obstante, hay que hacer el esfuerzo si queremos comprender la filosofía cósmica en sus fundamentos. No podemos poner los velos de la Existencia Negativa ante Kether, porque nos condenaríamos a una perpetua dualidad insoluble. Dios y el Demonio lucharán siempre en nuestro Cosmos, y su conflicto no tendrá fin. Debemos acostumbrar la mente a que conciba un estado que sea puramente existencia, sin atributos ni actividades. Podemos pensar en que es una Luz Blanca, enceguecedora, sin diferenciarse en los múltiples rayos del prisma de la forma. O podemos pensar en la obscuridad del espacio interestelar en que no hay nada, y que, sin embargo, es la potencialidad de todas las cosas. Estos símbolos, en los que puede reposar el ojo interior, ayudan mucho a comprender a Kether, mucho más que todas las definiciones filosóficas que pueden hacerse. No podemos definir a Kether: sólo podemos referirnos a su existencia.

Encierra continuas sorpresas y aclara muchos conceptos el descubrimiento de los extraordinarios significados que contiene la tabla de correspondencias y la manera en que van guiando la mente de un concepto a otro. El Primer Sephirah se llama la Corona, no la Cabeza. Ahora bien, la Corona es algo que se pone sobre la cabeza, lo que indica que Kether es de nuestro Cosmos, pero no está en él. También encontramos su correspondencia microcósmica en el Loto de Mil Pétalos, el chakra Sahasrara (Sajasrara), que se encuentra en el aura, inmediatamente por encima de la cabeza. Esto nos enseña claramente que la esencia espiritual más interna que todas las cosas, sea en el ser humano o en el mundo, no está nunca en plena manifestación, sino que permanece en su centro formando la raíz de donde brotan todas las cosas, y perteneciendo, en realidad, a una dimensión distinta, a un orden de cosas diferentes. Este concepto de diferentes tipos de existencia es fundamental para la Filosofía Esotérica y hay que tenerlo siempre presente al considerar los reinos invisibles del mago u ocultismo práctico.

En la Filosofía Vedanta, Kether equivaldría, indudablemente, a Parabrahman, Chokmah a Brahma y Binah a Mulaprakriti. En los demás grandes sistemas del pensamiento humano, Kether equivale al concepto Primario de Padre de todos los Dioses. Si gracias a Ellos surgió el Universo en el espacio, entonces Kether es Dios del Cielo. Si surgió del Agua entonces Kether es el Océano Primordial. En relación con Kether encontramos siempre el sentido de lo amorfo e infinito. Los Dioses de Kether son terribles y son los que devoran a sus propios hijos, porque Kether, aunque es el Padre de todos, reabsorbe el Universo en sí mismo al final de cada época de la Evolución.

Kether es el Abismo de donde todo ha surgido y al cual volverá al final de su época. Por lo tanto, en todos los mitos exotéricos relacionados con Kether, encontramos implícito la idea de no existencia. Sin embargo, esotéricamente comprendemos que ese concepto es erróneo. Kether es la forma de existencia más intensa, puro ser, no limitada ni por la forma ni por la acción, pero es una existencia de otra clase a la que estamos habituados, y por tanto nos parece no existencia, ya que no se conforma a ninguno de los requisitos que estamos acostumbrados a pensar como determinadores de la existencia. Este concepto de otros modos de existencia está implícito en nuestra filosofía y hay que tenerlo siempre bien presente, porque es la clave de Kether, el cual, a su vez, es la clave del Árbol de la Vida.

El texto yetzirático descriptivo de Kether, como todos los dichos del Sepher Yetzirah, es oculto. Llama a Kether "La Inteligencia Oculta", denominación que confirma los demás títulos dados a Kether en la literatura cabalística. Es el Arcano de los Arcanos, la Altura inescrutable, la Cabeza que no es. Aquí encontramos la confirmación de la idea de que la Corona está por encima de la Cabeza del Hombre Celestial Adam Kadmon y que el ser puro está tras toda manifestación y no es absorbido por ella, sino que él emite y proyecta de sí. De la misma manera que nosotros nos expresamos en obra, así también Kether se expresa en la manifestación. Pero tal como las obras del ser humano no constituyen su personalidad, sino que son la expresión de su actividad natural, igualmente ocurre con Kether: su existencia no está manifestada, pero es la causa de la manifestación.

II

Hasta esta hemos considerado a Kether en Atziluth, esto es su esencia primaria; ahora, en cambio, debemos considerar a Kether tal como aparece en los otros tres reinos que determinan los cabalistas.

Cada reino o plano de manifestación tiene su forma primaria. Por ejemplo, la materia con toda propiedad es primariamente eléctrica, cosa que es expresada por los esoteristas con el subplano etérico que está tras los cuatro planos elementales: Tierra, Aire, Fuego y Agua. En otras palabras, los cuatro estados de la materia densa: sólido, líquido, gaseoso y etérico.

Los cabalistas piensan que el Árbol existe en cada uno de los cuatro reinos: Atziluth, Espíritu Puro; Briah la Mente Arquetípica; Yetzirah, la Conciencia imaginativa astral, y Assiah, el Mundo Material, incluyendo sus aspectos denso y sutil. Las operaciones de las fuerzas de cada Sephirah se representan en cada mundo bajo la presidencia de un nombre Divino o Palabra de poder y estas palabras dan las claves de las operaciones del ocultismo práctico en los distintos planos. El nombre Divino representa la acción de Sephirah en el mundo de Atziluth espíritu puro. Cuando el ocultista invoca las fuerzas de un Sephirah, por medio del Nombre Divino, es que desea ponerse en contacto con su esencia más abstracta, que está buscando el principio espiritual que anima ese modo de manifestación particular. Es una máxima del ocultismo blanco que toda operación debe comenzar con la Invocación del Nombre Divino de la Esfera en que se va a hacerse la operación, lo que asegura que la operación misma estará en armonía con las leyes cósmicas. No hay que descuidar absolutamente el equilibrio de las fuerzas naturales; ya que es esencial para la seguridad del mago conducir sus operaciones de acuerdo con dichas leyes y, por tanto, tiene que comprender los principios espirituales implícitos en cada problema para obrar acordemente. De consiguiente, toda operación debe tener su unificación o resolución final en Eheieh, nombre Divino de Kether en Atziluth.

La fórmula de toda invocación de divinidad reside en el nombre de Eheieh, esto es, la afirmación del ser puro, Eterno e Inmutable, sin atributos o actividades, que todo lo sustenta y mantiene. Sólo cuando la mente está impregnada con la realización de este Ser Infinito e Inmutable, con intensa concentración puede lograr la realización del Poder ilimitado. Toda energía que se derive de cualquier otra fuente es limitada y parcial; únicamente en Kether se encuentra la fuente pura de toda energía. Las operaciones del mago que tratan de concentrar la energía y todas las operaciones que tengan ese objetivo deben comenzar con Kether, porque allí se encuentra la fuerza surgente del Gran Inmanifestado oculto tras los Velos de la Existencia Negativa, de donde procede todo poder.

Si extraemos poder de cualquier esfera especializada de la naturaleza es como si estuviéramos robando a uno para dar a otro; ese poder ha venido de alguna parte para ir a otra. De manera que ha de ser liquidado al final. He aquí la razón por la que se dice que el mago paga con sufrimiento lo que obtiene por medio de su arte. Esto es verdad si sus operaciones se realizan en cualquiera de la esferas inferiores de la naturaleza. Mas si se inician en Kether de Atziluth, entonces toman fuerzas no manifestadas y las pone en manifestación, con lo que aumenta los recursos del universo, y siempre que pueda mantener las fuerzas en equilibrio no se producirá ninguna reacción exterior ni compensación por medio de sufrimiento a causa de sus poderes mágicos.

Este punto es de grandísima importancia práctica, porque a los estudiantes se le ha enseñado que los Tres Supremos, Kether, Chokmah y Binah, están fuera del alcance de toda obra práctica, mientras estamos encarnados. En verdad, se hallan fuera del alcance de la mera conciencia cerebral, pero son la base esencial de todos los cálculos mágicos, y si no operamos con dicha base no tenemos realmente una fundación cósmica, sino que nos ponemos entre el Cielo y la Tierra y no encontraremos lugar alguno de reposo ni de seguridad, teniendo que mantener continuamente la tensión mágica que sostiene vivas las formas astrales.

La gran diferencia entre la Ciencia Cristiana y sus formas más vulgares de Nuevo Pensamiento y Autosugestión es que aquélla comienza todas sus operaciones con la Vida Divina, y por más irracionales que sean sus tentativas para crear un sistema de filosofía, sus métodos son empíricamente sanos. El ocultista, y especialmente el que practica la magia ceremonial, si no ha sido debidamente instruido en esta disciplina, suele comenzar sus operaciones sin vincularlas con las leyes cósmicas o los principios espirituales. Por consiguiente, las imágenes astrales que forma, son como cuerpos extraños dentro del organismo del Hombre Celestial o Macrocosmos, y entonces todas las fuerzas de la Naturaleza se dirigen espontáneamente a eliminar esa substancia extraña, para restablecer el equilibrio normal de las tensiones. La Naturaleza lucha contra el mago con uñas y dientes y, por lo tanto, todo aquel que ha recurrido a la magia no consagrada no puede deponer jamás la espada, sino que tiene que estar continuamente a la defensiva para conservar lo que haya adquirido. Pero el Adepto que inicia su obra en el Kether de Atziluth, es decir, en el principio espiritual, y opera de arriba abajo para irlo expresando en los distintos planos de la forma, emplea un poder extraído de lo Inmanifestado con ese objeto; ha hecho de su operación una parte intrínseca de los procesos cósmicos y entonces la Naturaleza trabaja con él, en vez de contra él.

No podemos esperar entender la Naturaleza de Kether en Atziluth, pero sí podemos abrir nuestra conciencia a su influencia, y ésta es sumamente poderosa y nos da una extraña sensación de Eternidad y de Inmortalidad. Podemos saber cuánto ha sido efectiva la invocación de Eheieh en su purísima efulgencia nívea, porque nos encontraremos realizando nosotros mismos la completa convicción de nuestra impermanencia e insignificancia en los planos de la forma y la suprema importancia de la Vida Única que lo condiciona todo como la arcilla en las manos del alfarero.

La meditación sobre Kether nos proporciona una realización intuitiva de que el resultado de una operación no importa en lo más mínimo, "Que el sucio juegue con las cosas sucias si le agrada lo sucio". Una vez que hemos logrado esa realización adquirimos el dominio sobre las imágenes astrales y podemos hacer con ellas lo que nos plazca. Sólo cuando el operador pierde todo interés personal en el resultado de la operación en el plano físico es cuando adquiere este completo dominio sobre las imágenes astrales. Sólo le interesa el manejo de las fuerzas y el ponerlas en manifestación por medio de la forma pero no se preocupa por la forma que dichas fuerzas puedan asumir ultérrimamente; eso queda librado a ellas mismas, porque seguramente asumirán la forma que esté en consonancia con su naturaleza, respondiendo así perfectamente a las leyes cósmicas, mientras que probablemente no ocurrirá así si el operador quisiera ajustarlas a un modelo determinado, de acuerdo con sus limitados conocimientos. Esta es la verdadera clave de todas las operaciones, mágicas, y su única justificación, porque no debemos alterar el Universo para ajustarlo a nuestras conveniencias personales. Sólo tenemos justificación cuando trabajamos deliberadamente con la gran marea de la vida evolucionante, con objeto de llegar a la plenitud de esa misma vida, sea cual fuere la experiencia que resulte de esa manifestación. "Yo he venido para que tengáis más vida y que la tengáis más abundante, dijo el Señor. Y ésa debe ser la regla del Mago. La vida, y sólo la Vida, debe ser su palabra de poder, y no las manifestaciones especializadas de la misma como Sabiduría, Poder o Amor.

Los que han seguido atentamente estas páginas, punto por punto, estarán en condiciones ahora de vislumbrar algún significado en las críticas palabras del texto Yetzirático atribuido a Kether. Las palabras "Inteligencia Oculta" sugieren la naturaleza inmanifestada de la existencia de Kether, lo que es confirmado con el aserto de que "ningún ser creado puede alcanzar su esencia”, esto es, ningún ser que utilice como vehículo de conciencia cualquier organismo de los planos de la forma. Sin embargo, cuando la conciencia ha sido exaltada hasta el punto en que puede trascender el pensamiento, recibe de la "Gloria Primordial" el poder de comprender el "Primer Principio", o, en otras palabras "Entonces comprenderemos de la misma manera que somos comprendidos".

III

Eheieh, Yo Soy el que Soy, ser puro, es el Nombre Divino de Kether, y su imagen mágica es la de un antiguo rey, con barba, visto de perfil. El Zohar dice de este antiguo rey barbudo que es todo lado derecho. Nunca vemos toda la imagen mágica de Kether, su plena faz completa, sino sólo parcialmente. Hay un aspecto que debe siempre quedar oculto, como el lado oculto de la Luna. Este lado de Kether ‑es el lado que está hacia lo Inmanifestado y que la naturaleza misma de nuestra conciencia manifestada‑ nos impide comprender, debiendo quedar siempre como un libro sellado para nosotros. Pero aceptando esta limitación podemos contemplar el aspecto de Kether, el perfil del antiguo rey con barba que se nos presente, reflejado hacia abajo, hacia la forma.

Antiguo y anciano es este rey, el Anciano de los Ancianos, el Anciano de los Días, porque El era desde el principio, cuando el rostro no contemplaba rostro alguno. Es un rey, porque rige todas las cosas de acuerdo con su voluntad suprema e indisputada. En otras palabras, la naturaleza de Kether es la que condiciona todas las cosas, porque todas las cosas han surgido de El. Tiene barba, porque, de acuerdo con el curiosísimo simbolismo de los rabbis cada pelo de su barba tiene un significado.

La manifestación de las fuerzas de Kether en Briah, el Mundo de la Mente Arquetípica, se dice que se efectúa por medio del Arcángel Metatron, el Príncipe de las Faces, a quien la tradición le adjudica el papel de instructor de Moisés. El Sepher Yetzirah dice del Décimo Sendero, Malkuth, que "hace que una influencia fluya del Príncipe de las Faces, el Arcángel de Kether, siendo la fuente de iluminación de todas las luces del Universo". Así, pues, vemos claramente que no solamente el espíritu fluye hacia la manifestación externa en la materia, sino que la materia misma, con su propia energía, atrae el espíritu a la manifestación, punto importantísimo para todo aquel que practica la magia, porque le enseña que está justificado en sus operaciones y que no es necesario que el ser humano espere las palabra del SEÑOR, sino que puede invocarlo para que El le escuche.

Los Ángeles de Kether, que operan en el mundo Yetzirático, son las Kjaioth‑ja‑Kadesh, las Santas Criaturas Vivas y su nombre lleva la mente a la visión del Carro Flamígero de Ezekiel y las Cuatro Santas Criaturas ante el Trono. El hecho de que los cuatro Ases del Tarot, asignados a Kether, sean considerados como la representación de los cuatro elementos, Tierra, Aire, Fuego y Agua, confirma igualmente esta asociación. Podemos, pues, considerar a Kether como la fuente primaria de los elementos. Este concepto aclara muchas dificultades metafísicas y ocultas que se presentarían si limitáramos su operación al Mundo Astral y consideráramos a los elementales apenas algo mejor que diablos, como parecen hacerlo ciertas escuelas de pensamiento trascendental.

Toda la cuestión de los Ángeles, archons y elementales es a la vez muy importante y difícil, porque sus aplicaciones prácticas en la magia son inmediatas. El pensamiento cristiano puede tolerar con cierto esfuerzo la idea de los arcángeles, pero los espíritus auxiliares, los mensajeros que son llamas del fuego y los constructores divinos son por completo extraños a su teología. Sólo Dios, y en un instante, hizo los cielos y la tierra. El Gran Arquitecto del Universo es al mismo tiempo el albañil. La Ciencia Esotérica piensa muy diferentemente; el iniciado conoce las legiones de seres espirituales que son agentes de la Voluntad Divina y vehículos de su actividad creadora. Es por intermedio de todos ellos y por gracia del Arcángel dirigente, que obra Dios. Pero no se puede conjurar a ningún Arcángel mediante encanto alguno, por potente que sea. Más bien deberíamos decir que cuando estamos efectuando una operación en la Esfera de un Sephirah particular, el Arcángel opera a través nuestro para realizar Su misión . El arte del mago, por lo tanto, consiste en alinearse con la Fuerza Cósmica para que la operación que desea llevar a cabo se produzca como parte integrante de la operación de las actividades cósmicas. Si se ha purificado y dedicado sinceramente, así ocurrirá con todos sus deseos; y si no lo está, no es un adepto y su palabra no es un Verbo del Poder.

Es interesante notar que en el Mundo de Assiah, el título de la Esfera de Kether es: "Rashith ha Gigalim", o primeros remolinos, evidenciándose así que los rabinos conocían la teoría nebular antes de que la ciencia la descubriera por medio del telescopio. La forma en que los antiguos dedujeron los hechos básicos por medios puramente intuitivos y empleando el sistema de las correspondencias, muchos siglos antes de la invención y perfeccionamiento de los instrumentos de precisión que permitieron al hombre moderno hacer iguales descubrimientos por otros medios, es una cuestión que tiene que dejar perplejo a todo aquel que estudie la filosofía sin fanatismo.

Como arriba es abajo. El microcosmos corresponde al macrocosmos, y, por tanto, tenemos que buscar a Kether en el ser humano, sobre la cabeza que resplandece en una luminosidad blanquísima en Adam Kadmon, el Hombre Celestial. Los rabbis los llamaban Yechidah, la Chispa Divina; los egipcios, Sah, y los indostanos, Loto de Mil Pétalos. No obstante la diversidad de nombres, todos ellos encierran la misma idea: el núcleo de Espíritu que emana, pero que no mora en los planos de la forma, en sus múltiples manifestaciones.

Se dice que, mientras estemos encarnados, jamás podremos elevarnos hasta la conciencia de Kether en Atziluth, y retener intacto el vehículo físico hasta que regresemos. Así como Enoch caminó con Dios y desapareció, así también el ser humano que alcanzara la visión de Kether se desvanece, en lo relativo al vehículo que se servía de encarnación. Esto se explica fácilmente, si nos damos cuenta de que no podemos penetrar en una modalidad de conciencia si no reproducimos esta modalidad en nosotros mismos; de igual manera que la música nada significa ni representa si el corazón no canta al unísono con ella. De consiguiente, si reproducimos en nosotros ese modo de ser que no tiene forma ni actividad es evidente que nos libraremos automáticamente de toda forma y actividad. Si logramos esa realización, aquello que mantenía la forma merced a ese modo de conciencia, desaparece, y la forma retorna a sus elementos. Una vez disuelta, no puede volver a formarse al retornar a la conciencia. Por tanto, cuando aspiramos a alcanzar la visión de Kether en Atziluth, debemos estar preparados para penetrar en la Luz y no salir nunca más de ella.

Esto no significa que el Nirvana sea la aniquilación, como algunos de los traductores de la Filosofía Oriental han enseñado erróneamente a los estudiantes europeos, sino que implica un cambio completo de modo o dimensión. Aquello que seremos cuando estemos al mismo nivel de las Santas Criaturas Vivientes, es cosa que no sabemos, porque ninguno de los que lograron la visión de Kether en Atziluth ha vuelto para decírnoslo. No obstante, la tradición nos declara que hubo quienes lo lograron, y que están íntimamente interesados en la evolución de la humanidad, siendo los prototipos de los superhombres de quienes hablan las tradiciones de todas las razas, tradiciones que, desgraciadamente, en los últimos años, han sido envilecidas por las enseñanzas seudo ocultas. Sea lo que fueren estos seres, puede decirse con seguridad que no tienen forma astral, ni personalidad humana, sino que son como llamas en el Gran Fuego que es Dios. El estado del alma que ha alcanzado el Nirvana puede ser comparado con el de una rueda que hubiera perdido la llanta y cuyos rayos penetran e interpenetran toda la creación; un centro de irradiación a cuya influencia no se le puede poner límite alguno salvo el de su propio dinamismo, y que siempre mantiene su identidad como núcleo de energía.

La experiencia espiritual atribuída a Kether es la unión con Dios. Este es el fin y el objeto de toda experiencia mística, y si buscamos cualquier otro, somos como aquellos que construyen una casa en el mundo de las ilusiones. Todo lo que puede detener al místico en su recto camino hacia la meta, le produce la impresión de un grillete, de una cadena que debe ser rota de inmediato. Todo cuanto sujeta la conciencia a la forma, todos los deseos que no sean ese único deseo, son males para él y, desde ese punto de vista, tiene sobrada razón; si obrase de otra manera, invalidaría toda su técnica.

Esta no es la única prueba que el místico tiene que afrontar. Se le exige que satisfaga las exigencias de los planos de la forma ante de quedar libre para retirarse y escapar de ellos. Existe un sendero siniestro que conduce a Kether: el Kether de los Qliphoth, que es el Reino del Caos. Si holla prematuramente el Sendero Místico, es allí donde irá, y no al Reino de la Luz. Para el ser humano que se siente inclinado naturalmente al sendero místico la disciplina del cuerpo y de la forma le repugna; y una de las tentaciones más sutiles, es abandonar la lucha en la vida de las formas que se resiste a su dominio, y retirarse a través de los planos antes de haber pasado por el nadir y haber aprendido allí las lecciones que debía aprender.

La forma es la matriz donde se encierra la conciencia fluídica hasta adquirir una organización a prueba de toda dispersión, hasta convertirse en una núcleo indestructible de la individualidad diferenciada, extraída del mar amorfo del Ser puro. Si la matriz se rompe prematuramente, antes de que la conciencia fluídica se haya formado como un sistema organizado de tensiones, estereotipado por la repetición, la conciencia se retrae nuevamente a lo amórfico, de la misma manera que la arcilla vuelve al barro original si se la saca prematuramente del molde, antes de que haya tenido tiempo de fraguar. Si existe un místico cuyo misticismo produce incapacidad mundana, o cualquier forma de disociación de la conciencia, entonces podemos decir que el molde se ha roto prematuramente; será necesario que vuelva a la disciplina de la forma, hasta que haya aprendido la lección y su conciencia haya alcanzado una organización coherente y cohesiva, que ni el Nirvana mismo pueda destruir. Que parta leña y acarree agua para el servicio del Templo si lo desea, pero no profane el lugar santo con sus patologías y su falta de madurez.

La Realización es la virtud a Kether, el completamiento de la Gran Obra, para usar un término extraído de la Alquimia. Sin completamiento no puede haber realización, y sin ésta no hay completamiento. Las buenas intenciones pesan poco en la escala de la justicia cósmica, pues somos reconocidos por el completamiento de nuestra obra. Es verdad que tenemos toda la eternidad para completarla, pero debemos hacerlo hasta el Yod final. No hay misericordia alguna en la justicia perfecta, salvo la que nos permite probar una y otra vez.

Kether, contemplado desde el punto de vista de la forma, es la corona del Reino del Olvido. A menos que realicemos la naturaleza vital de la Luz Blanca Pura, sentiremos poca tentación de luchar por esta corona que no pertenece en absoluto a este orden de ser; y si logramos esta realización, entonces estaremos libres de todas las limitaciones de la manifestación, y podremos hablar a todas las formas como quien realmente tiene autoridad para hacerlo.



CAPITULO XVI KJOKMAH, EL SEGUNDO SEPHIRAH

TITULO : Kjokmah, Sabiduría (Hebreo Chet, Kaph, Mem, Hé)
IMAGEN MÁGICA : Una figura Masculina con barba.
SITUACIÓN EN EL ÁRBOL : A la cabeza de la Columna de la
Misericordia, en el Triángulo Supremo.
TEXTO YETZIRATICO : El Segundo Sendero se llama el de la Inteligencia Iluminadora: es la Corona de la Creación, el Esplendor de la Unidad que la iguala. Está exaltado sobre toda cabeza, y los cabalistas lo llaman Segunda Gloria.
TÍTULOS DADOS A KJOKMAH : Poder de Yetzirah, Ab, Abba, Padre
Supremo, Tetragrammaton ‑ Yod del Tetragrammaton.
NOMBRE DIVINO : Jehovah (Yejovah)
ARCÁNGEL : Ratziel.
ORDEN ANGÉLICO : Auphanim, Ruedas.
CHAKRA MUNDANO : Mazloth, el Zodíaco.
EXPERIENCIA ESPIRITUAL :Visión de Dios cara a cara.
VIRTUD : Devoción.
VICIO : ‑ ‑
CORRESPONDENCIA EN EL MICROCOSMOS: El lado izquierdo de la cara.
SÍMBOLOS : El Lingam. El Falo. El Yod del Tetragrammaton. La
vestidura de Gloria interna. El Pedestal o piedra. La Torre. El
Cetro de Poder, en alto. La línea recta.
CARTAS DE TAROT : Los cuatro dos.
Dos de Bastos : Dominio
Dos de Copas : Amor.
Dos de Espadas: Paz Restablecida.
Dos de Oros : Cambio Armonioso.
COLOR EN ATZILUTH : Azul suave puro.
" BRIAH: Gris.
" YETZIRAH: Gris perla iridiscente.
" ASSIAH : Blanco moteado de rojo, azul y amarillo.

Cada fase de la evolución comienza por un estado de fuerza inestable, y procede por medio de la organización al equilibrio. Una vez realizado el equilibrio, ya no puede lograrse ningún desenvolvimiento ulterior, hasta que se pierda nuevamente la estabilidad y se pase por otra fase de fuerzas en conflicto. Como ya hemos visto, Kether es el punto que se formula en el vacío. De acuerdo con la definición de Euclides, el punto tiene posición, pero carece de dimensión. Sin embargo, si concebimos un punto moviéndose o extendiéndose en el espacio, tenemos la línea. La naturaleza de la organización y evolución de los Tres Supremos dista tanto de nuestra experiencia, que sólo nos es posible concebirla simbólicamente; pero si concebimos que el Punto Primordial, que es Kether, se extiende en la línea que constituye a Kjokmah, obtendremos una representación alegórica tan perfecta, como podemos esperar en nuestro actual estado de desenvolvimiento.

El flujo de energía representado por la línea recta o el cetro de poder, en alto, es esencialmente dinámico en realidad, es el dinamismo primario, ya que no podemos concebir la cristalización de Kether en el espacio, como un proceso dinámico; participa más bien de lo estático, ya que es la limitación de lo informe y de lo libre, dentro de los moldes de la forma, por más tenue y sutil que esa forma pueda parecer a nuestro ojos.

Una vez que ha alcanzado los límites de la organización de dicha forma, el flujo incesante de la fuerza del Inmanifestado trasciende sus limitaciones y requiere nuevas modalidades de desenvolvimiento, estableciendo así nuevas relaciones y equilibrios. Kjokmah es justamente ese flujo de fuerza inorganizada e incompensada; y como Kjokmah es un Sephirah dinámico, haremos bien en considerarlo como cable conductor por donde pasa la energía, más que un receptáculo donde se almacena la fuerza.

Kjokmah no es un Sephirah organizador sino el Gran Estimulador del Universo. Binah, el Tercer Selphirah, recibe de Kjomah su influjo o emanación, siendo Binah el Primero de los Sephiroth organizadores y estabilizadores. Es imposible comprender aisladamente cualquiera de los Sephiroth apareados: hay que considerar a ambos a la vez. Por tanto, para poder comprender a Kjokman, tendremos que decir algo acerca de Binah. Notemos, pues, que Binah está asignado al Planeta Saturno y se le llama la Madre Superior.

En Binah y Kjokmah tenemos a los arquetipos positivos y negativos, la Masculinidad y Femineidad primordiales, establecidas cuando ningún rostro contemplaba a otro rostro, y la manifestación era aún incipiente. De este Par de Opuestos Primarios es de donde surgen los Pilares del Universo, entre los cuales está tejido el velo de la Manifestación.

Como ya hemos notado, el Árbol de la Vida es un representación diagramática del Universo, en la que los aspectos positivo y negativo, masculino y femenino, están representados por los Pilares laterales de la Misericordia y de la Severidad Podría parecer muy extraño, a quien no esté familiarizado con estas cosas que el Pilar de la Misericordia sea atribuído a la columna Masculina o Positiva, y en cambio, el Pilar de la Severidad, corresponda a la Columna Femenina. Pero cuando nos damos cuenta de que el tipo de fuerza dinámica masculina es el que estimula y provoca la evolución, mientras que el tipo de fuerza femenina es el que construye las formas, se verá que esa denominación es muy adecuada, porque la forma que se construye a su hora debe ser dejada atrás y pierde su utilidad, convirtiéndose en un obstáculo e inconveniente para el progreso de la vida evolucionante, provocando la disolución y desintegración que ultérrimamente lleva a la muerte. El Padre es el Dador de Vida, pero la Madre es la Dadora de la Muerte, ya que su matriz es la puerta por donde se penetra en la materia y por intermedio de la cual la vida es aprisionada por la forma. Ninguna forma puede ser ni infinita ni eterna; el nacimiento lleva implícita la muerte.

Entre esos dos aspectos bipolares de la Manifestación ‑el Padre y la Madre Supremos‑ se va tejiendo el velo de la Vida. Las almas van y vienen como la corredera de un telar. Y en nuestras vidas individuales, en nuestro ritmos fisiológicos, en la historia del nacimiento y caída de las naciones, podemos observar la misma periodicidad rítmica.

En este primer par de Sephiroth, tenemos la clave del sexo: el par de opuestos biológicos de la Masculinidad y de la Femineidad. Pero esta paridad de opuestos no solamente es de tipo, sino que también se produce en el tiempo, y tenemos épocas alternantes en nuestras vidas, en nuestros procesos fisiológicos y en la historia de las naciones, durante las cuales prevalece la actividad o la pasividad, la construcción o la destrucción. El conocimiento de la periodicidad de estos ciclos es parte del secreto celosísimamente guardado por los iniciados de la antigua sabiduría que puede ser descubierto astrológica y cabalísticamente.

La imagen mágica de Kjokmah y los símbolos que se le asignan, contienen esa idea. La imagen mágica es la de un hombre con barba para indicar su madurez; el padre que ha dado pruebas de su virilidad, y no el hombre aún virgen e inocente. El lenguaje simbólico habla claramente: el lingam de los indúes y el falo de los griegos son los órganos masculinos generadores en sus respectivos idiomas. La piedra vertical, la torre o el cetro en alto todos ellos son símbolos del mismo miembro viril.

Sin embargo, no debe suponerse que Kjokmah es un símbolo fálico o sexual, y nada más. Genuinamente, es un símbolo primario o positivo, porque la virilidad es una forma de la fuerza dinámica, así como la femineidad es una forma de energía estática, latente, potencial, hasta que se imparte el estímulo necesario. El todo es mayor que cada una de sus partes; Kjokmah y Binah son TODOS de los cuales el sexo es sólo un parte. Al comprender las relaciones que el sexo tiene con las fuerzas polarizadoras en conjunto, encontramos la clave para la debida comprensión del sexo, y, entonces, podemos comparar los principios Cósmicos con las enseñanzas de psicología y moral. También llegamos entonces a comprender cómo es que la mente subconsciente del ser humano puede representar al sexo bajo la forma de innumerables símbolos distintos, como lo demuestra Freud, y por qué es posible la sublimación del instinto sexual como lo pretenden los moralistas. La manifestación es, pues, sexual, en cuanto se produce siempre en términos pares de opuestos, siendo el sexo cósmico y espiritual a la vez, porque tiene sus raíces en los Tres Supremos. Tenemos que aprender a no disociar la flor aérea de su raíz terrestre, porque la flor separada de su raíz se marchita y muere, y sus simientes quedan estériles; mientras que la raíz, segura en la Madre Tierra, puede producir flores y más flores, y llevar sus frutos hasta la completa madurez. La naturaleza es mucho más grande y verdadera que la ética convencional que generalmente, no es más que tabú y totem. Felices los pueblos cuya moralidad sea la expresión de las leyes de la naturaleza, porque vivirán vidas armoniosas, aumentarán, se multiplicaran y poseerán la tierra y desgraciados los pueblos cuya moralidad no sea más que un sistema salvaje de tabús destinados a propiciarse a una divinidad imaginaria como Moloch, porque pronto caerán en el vicio, el pecado y la esterilidad. E igualmente desgraciados son los pueblos y las personas cuya moralidad ultraja
la santidad de los procesos naturales y, al arrancar la flor, no prestan consideración alguna al fruto, porque pronto verán sus cuerpos enfermos y todo su Estado se contaminará.

En Kjokmah, pués, debemos ver tanto el Verbo Creador que dijo "Hágase la Luz", como el lingam de Siva o el falo que adoraban las bacantes. Tenemos que aprender a reconocer la fuerza dinámica y venerarla dondequiera que la veamos, porque su Nombre Divino es Yejovah (Jehovah) Tetragrammaton. La vemos en la cola desplegada del pavo real, y en la iridiscencia del cuello de la paloma; pero, igualmente, podemos escucharla en el aullido del gato en celo, o sentirla en la fetidez del macho cabrío. De la misma manera nos encontramos con ella en las aventuras colonizadoras de las más viriles épocas de nuestra historia, especialmente en las reinas Isabel y Victoria, !mujeres ambas! También la vemos en el hombre entregado ardorosamente a sus tareas, o a su profesión, para poder ganar lo necesario para la manutención de su hogar. Todos estos aspectos son igualmente modalidades de Kjokmah, cuyas denominaciones adicionalles son : Abba, Padre. En todas estas manifestaciones debemos ver el Padre, al dador de la Vida a los que no han nacido aún, así como también al macho en celo que va en busca de su hembra; es la única manera de obtener una verdadera perspectiva y comprensión de las cuestiones sexuales. La actitud de los victorianos, en su reacción contra las burdas enseñanzas de la Restauración, llegó prácticamente a nivel de las tribus más primitivas, las cuales, según nos cuentan los viajeros y exploradores, no relacionan en nada la unión sexual con el nacimiento de su progenie.

Se dice que el color de Kjokmah es gris, y, en sus aspectos más elevados, gris perla iridiscente. En ello podemos ver el velamiento de la purísima luz blanca de Kether en su camino descendente que emana hacia Binah, cuyo color es negro.

El chakra mundano o manifestación física directa de Kjokmah, se dice que es el zodíaco, llamado en hebreo Mazloth, con lo cual podemos ver que los antiguos rabbis conocían debidamente el proceso de la evolución de nuestro sistema solar.


El texto Yetzirático asignado a Kjokmah es sumamete obscuro, como de costumbre; pero es posible entresacar de él algunas vislumbres muy ilustrativos. El Segundo Sendero como se denomina a Kjokmah se llama de la Inteligencia Iluminadora. Ya nos hemos referido al Verbo Creador que dijo : "Hagase la luz". Entre los símbolos asignados a Kjokmah en "777' (Mathers‑Crowley) figura la Túnica Gloriosa Interior, que es un término gnóstico. Conjuntamente, estas dos ideas nos conducen al concepto de la vida animadora, el espiritu que ilumina. Es la energía masculina la que en todos los planos implanta la chispa fecundante en el óvulo pasivo y transforma su latencia en crecimiento activo y en evolución. Es la fuerza dinámica de la vida, que es espíritu; la que anima la arcilla de la forma física, que es la Túnica Interior de Gloria que llevan todos los seres en quienes alienta la vida. La Fuerza encarnada en la forma y la forma animada por la fuerza es lo que significa la Inteligencia Iluminadora y la Túnica Interna de Gloria.

El texto Yetzirático también llama a Kjokmah la Corona de la Creación, significando que Kether es algo más bien externo al universo manifestado, que implicado y absorbido en él. En realidad, es la fuerza viril de Kjokmah la que da el impulso de la manifestación, y, de consiguiente, es anterior a la manifestación misma. La voz del Logos clamó "Hagase la Luz" mucho antes de que las aguas fueran separadas y apareciera el firmamento. Esta idea se destaca aún más con la frase del texto Yetzirático que, al hablar de Kjokmah, lo denomina Esplendor de la Unidad, clara indicación de su afinidad con Kether, parangonándolo con la Unidad más que con los planos de la forma dual. La palabra Esplendor, como se emplea aquí, indica claramente una emanación o irradiación, y nos induce a pensar que Kjokmah es la influencia emanante del Ser Puro más que una cosa en sí; y esto nos conduce nuevamentge a una mejor comprensión y entendimiento del sexo. Sin embargo, conviene aclarar debidamente que la Esfera de Kjokmah no tiene nada que ver con los cultos de la fertilidad como tales, salvo la masculinidad, la fuerza dinámica en sí misma, dadora primaria de la vida e impulso de toda manifestación. Aunque las manifestaciones superior e inferior de la fuerza dinámica sean las mismas en esencia, se encuentran en niveles distintos. Príapo no es idéntico a Yejovah; sin embargo, la raíz de Príapo se encuentra en Yejovah, y la manifestación de Dios Padre, es Príapo, como lo indica el hecho que los rabbis llamaban a Kjokmah Yod de Tetragrammaton, y Yod es idéntico al lingam de esa fraseología.

Es curioso que el Sepher Yetzirah diga, con respecto a dos de los Sephiroth, que ellos se encuentran exaltados sobre toda cabeza, lo cual parece una afirmación contradictoria, pero en el hecho de que dicha afirmación se haga con respecto a Kjokmah y Malkuth encontramos cierta iluminación, si reflexionamos sobre su significado. Kjokmah es el Padre Supremo, siendo Malkuth la Madre Inferior; y el mismo texto que la declara exaltada sobre toda cabeza, agrega también que se sienta en el Trono de Binah la Madre Superior, la parte negativa de Kjokmah. Ahora bien: Kjokmah es la forma más abstracta de la fuerza, y Malkuth la más densa de la materia; de manera que en esa declaración encontramos un vislumbre de que cada uno de ese par de opuestos es la manifestación suprema de su propio tipo, siendo ambos igualmente sagrados, aunque de distinta manera.

Es necesario que distingamos entre el rito de la fertilidad, el rito de la vitalidad y el de la Iluminación o Inspiración, que es la que invoca y hace descender las lenguas flamígeras de Pentecostés. El culto de la fertilidad busca, lisa y llanamente, la reproducción, sea de los rebaños o de la progenie humana; pertenece a Yesod y no tiene nada que ver con el culto de la vitalidad que corresponde a Netzach, la Esfera de Venus‑Afrodita.

Esto está vinculado con ciertas enseñanzas esotéricas muy importantes sobre las influencias vitalizadoras o magnéticas que los sexos tiene entre sí, aparte por completo del intercambio físico, y de las cuales nos ocuparemos cuando entremos a considerar la Esfera de Venus: Netzach.

El rito de Kjokmah, si así puede llamárselo, se refiere al influjo de la energía cósmica. Es amorfo, siendo el impulso puro de la Creación dinámica; y siendo informe, la Creación a que de lugar puede asumir cualesquiera de todas las formas. De ahí la posibilidad de sublimar la Fuerza creadora, extrayéndola de su aspecto puramente priápico.

Que nosotros sepamos, no existe una magia ceremonial que corresponda a ninguno de estos Tres Supremos. Sólo podemos ponernos en contacto con ellos participando de su naturaleza esencial. Kether, el Ser puro, lo podemos realizar o ponernos en su contacto sólo cuando alcanzamos la naturaleza de Su existencia sin partes, atributos ni dimensiones. A esta experiencia se la llama, por propiedad, Trance de la Aniquilación, y los que pasan por ella se marchan con Dios y no vuelven más, porque El se los ha llevado. Por tanto, la experiencia asignada a Kether es la de la Unión Divina, y los que la experimentan entran en la Luz y no vuelven más.


Para ponernos en contracto con Kjokmah tenemos que experimentar el flujo de energía cósmica en su forma pura; una energía tan tremenda que el ser humano mortal se funde y disgrega en ella. Cuenta la leyenda que cuando Semele, la madre de Dionisio, vio a Zeus, su divino amante, en forma divina con el rayo, ella se quemó y estalló, dando nacimiento a su hijo prematuramente.

La experiencia espiritual asignada a Kether es la visión de Dios cara a cara. Dios (Yejovah) dijo a Moises " No puedes contemplar Mi rostro y sobrevivir".

Aunque la visión del Padre Divino desintegre a los mortales, como el fuego, el Hijo Divino puede ser invocado mediante los ritos adecuados: la Bacanalia, en el caso del hijo de Zeus, y la Eucaristía, en el caso del hijo de Jehovah. Vemos, pues, que existe una forma inferior de la manifestación, que nos muestra al Padre; pero este rito debe su efectividad solamente al hecho de que del Padre Kjokmah, deriva su Inteligencia Iluminadora, su Túnica Interior de Gloria.

El grado de iniciación correspondiente a Kjokmah, se dice que es de Mago; y los instrumentos mágicos que se atribuyen a este grado son : el Falo y la Túnica Interior de Gloria. Esto nos enseña que esos símbolos tienen un significado microcósmico o psicológico, como también uno místico y macrocósmico. La Vestidura Interior de Gloria debe significar, seguramente, esa Luz interna que ilumina a todo ser humano que viene al mundo, la visión espiritual merced a la cual el místico discierne las cosas espirituales, la forma subjetiva de la Inteligenncia Iluminadora a que se refiere el texto del Sepher Yetzirah.

El Falo o Lingam es uno de los instrumentos o armas mágicas del iniciado que opera en el Grado de Kjokmah, lo que nos habla del conocimiennto espiritual del sexo y del significado cósmico de la polaridad que pertenecen a este grado. Quien sea capaz de ver bajo la superficie, en cuestiones mágicas y místicas, no dejará de darse cuenta de que la comprensión de la tremenda y misteriosa potencia que una de sus manifestaciones llamamos "sexo" encierra la clave de un gran poder. No es por nada que las imágenes sexuales impregnan todas las visiones del vidente, desde el Cantar de los Cantores hasta el Castillo Interior.

Por lo antedicho no debe deducirse, ni mucho menos, que estemos abogando por los ritos orgíasticos como Sendero de Iniciación, sino queremos decir que, sin la debida comprensión y entendimiento del aspecto esotérico del sexo, el Sendero es un callejón sin salida. Freud explicó claramentre la verdad a nuestra generación cuando indicó que el sexo es la clave de la patología psicológica aunque cometió el error de convertirla en la única clave de las nueve cámaras del alma humana. Así como no puede existir la salud subconsciente si no hay armonía en la vida sexual tampoco puede existir ninguna operación positiva y dinámica en los planos de la supra consciencia, a menos que se comprendan y observen rigurosamente las leyes de la polaridad. Para muchos místicos que tratan de huir de la materia refugiándose en el espiritu, estas palabras podrán parecer un poco duras; pero la experiencia demostrará que son verdaderas. Por tanto, hay que decirlas, aunque sean pocos los que las agradezcan.

El tremendo flujo descendente de las energías de Kjokmah, invocados por medio del Nombre Divino de cuatro letras, ya del Yod macrocósmico al Yo microcósmico, y allí es sublimado. A menos que la mente subconsciente esté libre de disociaciones y represiones, y todas las partes de la múltiples naturalezas humanas, debidamente coordinadas y sincronizadas, ese flujo de fuerza puede provocar reacciones y síntomas patológicos. Esta no quiere decir que quien invoca a Zeus sea, a la vez, un adorador del Príapo, pero sí significa que nadie puede sublimar una disociación. Cuando el canal está libre de obstrucciones, el flujo descendente puede dar vuelta en el nadir y convertirse en un flujo ascendente, factible de ser dirigido hacia cualquier esfera o canal que se desee; pero, agrade o no, el hecho es que se trata de un flujo descendente antes que pueda convertirse en uno ascendente; y si nuestros pies no están firmes sobre la tierra elemental, estallaremos como viejos odres de vino.

Todo ocultista práctico sabe que Freud ha dicho la verdad, aunque no todas; pero no lo manifiestan por temor de ser acusados de falacismo o de prácticas orgiásticas. Todas las cosas tienen su lugar debido, aunque no en el Templo del Espíritu Santo; negarles su puesto es una locura que la época victoriana debio pagar bien caro con una abrumadora cosecha de psicopatologías.

Cuando operamos dinámicamente en cualquier plano, estamos actuando en el Pilar derecho del Arbol y extraemos la energía primaria que utilizamos, de la fuerza de Yod de Kjokmah. En este punto debemos mencionar el hecho de que la correspondencia microcósmica de Kjokmah es el lado izquierdo del rostro. La correspondencia macrocósmica y microcósmica desempeñan un papel importantísimo en la práctica. El macrocosmo u Hombre Mayor es, por supuesto, el Universo mismo, mientras que el microcosmo es el humano individual. Se dice que éste es el único ser que tiene una naturaleza cuádruple que corresponde exactamente a los niveles del costado. A los ángeles les faltan los niveles inferiores y a los animales, los superiores.

Las referencias que se hacen al microcosmos no deben ser tomadas crudamente como si representaran las distintas partes del cuerpo físico, porque tienen relación con el aura y las funciones de las corrientes magnéticas de la misma; siempre debe tenerse presente, como dice el Swami Vivekananda, que lo que en el hombre esta a la derecha se encuentra a la izquierda en la mujer. Además, hay que recordar que lo que es positivo en el mundo físico es negativo en el plano astral, nuevamente positivo en el mental y negativo en el espiritual, como lo indican los entrelazamientos de las dos serpientes, blanca y negra, que forman el caduceo de Mercurio. Si se coloca este caduceo sobre el árbol, cuando éste ha sido preparado para representar los cuatro mundos de los cabalistas, se forma un jeroglífico que revela la operación de la ley de Polaridad en relación con los distintos planos. Este es un joroglífico importantísimo que rinde buenos frutos en la meditación.

De todo esto podemos deducir que cuando un alma se encuentra encarnada en un cuerpo femenino funcionará negativamente en Assiah y Briah, y positivamente en Yetzirah y Atziluth. En otras palabras, la mujer, física y mentalmente, es negativa, pero psíquica y espiritualmente es positiva, sucediendo lo contrario en el hombre. En los iniciados hay una compensación considerable, porque cada uno aprende la técnica necesaria con respecto a los métodos psíquicos, positivos y negativos. La chispa Divina que constituye el núcleo de toda alma viviente es, por supuesto, bisexual, y contiene aquélla. En las almas más evolucionadas el aspecto comprensador está desarrollado por lo menos hasta cierto punto. La mujer puramente femenina o el hombre puramente masculino están hipersexualizados, juzgándolos por las normas civilizadas, y sólo pueden encontrar un lugar apropiado en las sociedades primitivas, en las que la fertilidad es la exigencia primaria que la colectividad tiene respecto a sus mujeres, y la caza y la guerra la constante ocupación de los hombres.

Esto tampoco quiere decir que las funciones físicas del sexo estén pervertidas en el iniciado o que en algunas formas se altere la configuración de su cuerpo. La Ciencia Esotérica enseña que la forma física y el tipo racial que el alma asume en cada encarnación están determinados por el destino o karma y que la vida tiene que ser vivida de acuerdo con él. Es muy arriesgado para nosotros tratar de introducir cambios en nuestro cuerpo físicos o tipo racial, y tenemos que aceptarlo como base de nuestras operaciones, utilizando los sistemas adecuados en cada caso. Hay ciertas operaciones y determinadas actividades en una logia para las cuales es más indicado un cuerpo masculino que uno femenino, y cuando hay que realizar trabajos prácticos se eligen los operadores de acuerdo con su tipo. Pero cuando se trata simplemente de realizar los rituales relativos al ejercitamiento de un iniciado entonces se acostumbra dejar que cada uno ocupe por turno los diferentes puestos para que así vaya aprendiendo a manejar los distintos tipos de energías y se vaya equilibrando debidamente.

Benjamín Kidd, en su estimulante obra "The Sciencie of Power"(La Ciencia del Poder), señala que el tipo más elevado del ser humano que pueda concebir es el que se aproxima al niño. En éste observamos el tamaño relativamente enorme de la cabeza comparando con el peso del cuerpo y que las caractéristicas sexuales secundarias apenas están presentes. En forma modificada, encontramos las mismas tendencias en el adulto civilizado. El tipo humano más elevado no es el del hirsuto gorila ni el de la mujer de opulentos pechos. La tendencia de la civilización es la de crear un tipo que se va aproximando a ambos sexos en lo que concierne a las caracteristicas secundarias del mismo. ¿ Qué porcentaje de varones civilizados podrían dejarse crecer una barba realmente patriarcal? Sin embargo las caracteristicas sexuales primarias deben mantenerse íntegramente, pues de lo contrario la raza perecería rápidamente y no tenemos motivos alguno para suponer que así es el caso aun entre nuestros más modernos epicenos que llenan los tribunales de divorcio con pruebas abundantes de su rebosante filoprogenitividad.

Podemos comprender perfectamente todas estas cosas cuando se las coloca bajo la luz que arroja el Arbol. Los dos Pilares, el positivo de Kjokmah y el negativo dle Binah, corresponden respectivamente a Ida y Pingala del sistema Yogui. Estas corrientes magnéticas que circulan por el aura, paralelas a la espina dorsal, se llaman las corrientes Solar y Lunar. En las encarnaciones masculinas trabajamos principalmente con la corriente solar, el fertilizador; y en las femeninas utilizamos predominantemente las fuerzas Lunares. Si deseamos trabajar con la fuerza opuesta a la que tenemos, debemos hacerlo utilizando nuestro modo natural como base de la operación, reflejándola. El hombre que quiere utilizar las fuerzas lunares tiene que emplear algún artificio que le permita hacer que sus fuerzas solares naturales "reflejen", y la mujer que desea utilizar las fuerzas solares emplea un procedimiento mediante el cual puede enfocarlas en sí mismas y reflejarlas.

En el plano físico los sexos se unen; así el hombre que engendra un hijo en la mujer, aprovechando las fuerzas lunares de ésta. La mujer, por su parte, al desear crear y no pudiendo hacerlo por sí propia, seduce al hombre mediante el poder del deseo, hasta que lo conquista, y queda impregnada con sus fuerzas solares.

En las operaciones mágicas, el hombre o la mujer que desea utilizar fuerzas de cáracter opuesto al que tiene su vehículo físico, lleva su conciencia al plano en el cual éstas tengan la conciencia con la polaridad deseada y ejecuta su obra desde allí. El sacerdote de Osiri algunas veces usa los espíritus elementales para suplementar su propia polaridad y las sacerdotisas de Isis invocan con el mismo fin las influencias ángelicas.

Como toda manifestación se produce de acuerdo con los pares de opuestos, el principio de polaridad está siempre implícito no sólo en el Macrocosmos, sino en el Microcosmos. Compréndiendolo y sabiendo cómo aprovechar las potencialidades que ofrece, podemos elevar nuestros poderes muy por encima de lo normal. También podemos utilizar el medio circundante como yunque y descubrir las potentes fuerzas de Kjomah en los libros, en las tradiciones raciales, en nuestra religión, en nuestro amigos y asociados. Porque de todos ellos podemos recibir los estímulos que fecundan y nos convierten en creadores, mental, emocional y dinámicamente. Podemos hacer que en nuestro ambiente circundante actúe como Kjokmah sobre nuestro Binah, o inversamente, operar como Kjokmah, sobre su Binah. En los planos sutiles la polaridad no es fija, sino sólo relativa. Lo que es más fuerte que nosotros es positivo con respecto a nosotros mismos y nos torna automáticamente negativos a su respecto. Si somos nosotros los más fuertes, en cualquier sentido, nos hace positivo a ese respecto, pudiendo asumir entonces el papel correspondiente. En todos los trabajos prácticos esta polaridad fluídica, sutil, siempre fluctuante, es uno de los factores más importantes, siempre que la comprendamos perfectamente y seamos capaces de aprovecharla. Entonces podremos hacer cosas muy notables y poner sobre una base muy distinta nuestras vidas y relaciones con nuestro medio ambiente circundante.

Tenemos que aprender cuándo podemos funcionar como Kjokmah y engendrar hijos en el mundo, y cuándo podemos actuar mejor como Binah y hacer que nuestro medio ambiente nos fertilice y nos haga productivos. No debemos olvidar jamás que fecundarse a sí propio implica la esterilización en pocas generaciones y que es necesario seamos fecundados una y otra vez por el medio en que estamos operando. Tiene que haber un intercambio de polaridad entre nosotros y lo que nos hayamos propuesto hacer, debiendo estar constantemente alerta para encontrar las influencias polarizadoras, sea en la tradición, en los libros o en los colaboradores de nuestra esfera de actividad, y hasta en la misma oposición, los enemigos y antagonistas porque hay tanta fuerza polarizante en un odio enconado como en el amor, siempre que sepamos cómo usarla. Es necesario que recibamos estímulo si tenemos que crear algo, aunque no sea más que vivir bien nuestra vida. Kjokmah es el estímulo cósmico; todo lo que estimula pertenece a Kjokmah en la clasificación del Arbol, y los sedantes a Binah. Obtenemos una comprensión más profunda de este principio de polaridad cósmica cuando estudiemos Binah, el Tercer Sephirah, porque apenas es posible comprender los efectos de Kjokmah sin referirnos a su opuesto polarizante con el cual funciona siempre. Por tanto, no llevaremos nuestro estudio más adelante en este momento, sino que concluiremos nuestra consideración de Kjokmah refiriéndonos a las cartas del Tarot que se le atribuyen, y reanudaremos nuestra investigación sobre tema tan significativo cuando Binah os haya proporcionado detalles ulteriores.

III

Como lo hicimos notar en el capítulo referente a Kether, las cuatro series de láminas del Tarot corresponden a los cuatro elementos, y los cuatros ases representan las raíces de las potencias de dichos elementos. Los cuatro dos corresponden a Kjokmah y representan la operación polarizada de esos elementos en equilibrio armonioso. De ahí que todas las cartas del dos sean cartas de armonía.

El Dos de Bastos, que corresponde al elemento fuego, se llama el Señor Dominador. Los bastos son esencialmente un símbolo fálico, masculino, y se atribuyen a Kjokmah, de manera que podemos interpretar esta carta como significativa de polarización: el positivo que ha encontrado su pareja negativa y está en equilibrio. No hay antagonismo o resistencia contra el Dominador, sino que es como si un pueblo satisfecho aceptara contento su dominio, Binah, satisfecha acepta a su esposo.

El Dos de Copa (Agua) se llama el Señor del Amor; aquí encontramos el concepto de la polarización armoniosa.

El Dos de Espada (Aire) es llamado el Señor de la Paz Restablecido, indicando que la fuerza destructiva de la espada está en equilibrio temporal.

El Dos de Oros (Tierra) se llama el Señor del Cambio Armonioso. Aquí, como en las espadas, vemos una modificación de la naturaleza esencial de la fuerza elemental merced a su polaridad opuesta, produciendo nuevamente el quilibrio. La fuerza destructiva de las espadas retorna a la paz, y la inercia, la resistencia terrestre, al polarizarse por la influencia de Kjokmah, se convierte en ritmo equilibrado.

Estas cuatro cartas indican la fuerza de Kjokmah sobre la polaridad, esto es, el equilibrio esencial del poder tal como se manifiesta en los Cuatro Mundos de los Cabalistas. Cuando aparecen en la adivinación indican siempre poder en equilibrio. No señalan una fuerza dinámica, como podría esperarse de Kjokmah, porque como éste es uno de los Tres Supremos, su fuerza es positiva en los planos sutiles y consiguientemente negativa en los planos de la forma. El aspecto negativo de una fuerza dinámica se representa por el equilibrio, en la polaridad. El aspecto negativo de una fuerza negativa se representa por la destrucción, como podemos verlo, por ejemplo, en Kali, la terrible esposa de Siva con su cinturón de cráneos danzante sobre el cuerpo de su esposo.

Este concepto nos suministra la clave de otro de los múltiples problemas del Arbol: el concerniente a la polaridad relativa de los Sephiroth. Como ya hemos explicado, cada Sephirah es negativo en su relación con los que le son superiores y de los cuales recibe el influjo de sus emanaciones, y positivo con relación a los que le son inferiores, sobre los que actúa así como su emanador. Sin embargo, algunos de los pares de Sephiroth son más precisamente positivos o más precisamente negativos en su naturaleza. Por ejemplo, Kjokmah es positivo Positivo, y Binah un positivo Negativo. Kjesed un negativo Positivo y Gueburah un negativo Negativo. Netzach (Venus) y Hod (Mercurio) son considerados hermafroditas. Yesod (Luna) es un Positivo negativo y Malkuth (Tierra) un negativo Negativo. Ni Kether ni Tiphareth son predominantemente masculinos o femeninos. En Kether los pares de Opuestos están latentes y no se han declarado o manifestado, y en Tiphareth se encuentran en perfecto equilibrio.

Hay dos formas en que puede efectuarse la transmutación en el Arbol, las cuales están indicadas por dos de los jeroglíficos que se encuentran superpuestos a los Sephiroth; uno de ellos es el de los Tres Pilares; y el otro el del Rayo Relampagueante. Ya hemos descripto los Pilares; y el Rayo Relampagueante simplemente indica el orden de las emanaciones de los Sephiroth, Zigzagueando de Kjokmah a Binah, de éste a Kjesed, hacia adelante y atrás a través del Arbol. Si la transmutación se efectúa de acuerdo con el Rayo Relampagueante, la fuerza cambia de tipo; y si se hace según los Pilares, permanece del mismo tipo, en un arco superior o inferior según sea el caso.

Esto podrá parecer muy complejo y abstracto, pero algunos ejemplos servirán para demostrar que son muy simples y prácticos cuando se les comprende bien. Tomemos el problema de la sublimación de las fuerzas sexuales que tanto preocupa a los psico‑terapeutas y con respecto al cual se habla mucho y no se dice nada. En Malkuth, que en el microcosmos es el cuerpo físico , la fuerza sexual se expresa en términos de óvulos y espermatozoides, en Yesod, que es el cuerpo etérico, se manifiesta como magnetismo, con respecto al cual nada sabe la ciencia o la psicología ortodoxa, pero sobre lo que tendremos mucho que decir cuando tratemos del Sephirah correspondiente. Hod y Netzach están en el plano astral; en Hod vemos que la energía sexual se manifiesta en imágenes visuales, mientras que en Netzach su expresión es bajo la forma de ese tipo peculiar de magnetismo que vulgarmente denominamos "ese algo". En Tiphareth, el Centro Crístico, esa fuerza se expresa como inspiración espiritual, iluminación, el despertar de la conciencia superior. Si es de carácter positivo, se convierte en inspiración Dionisíaca, una especie de ebriedad divina y si es negativa, se transforma en el Amor Impersonal y Omniabarcante del Cristo.

Cuando la transmutación se opera en los Pilares, quedamos impresionados por la verdad que contiene la conocida frase francesa: "Plus ga change plus c'est la meme chose" (cuando más cambia, tanto más es la misma cosa). Kjokmah, dinamismo puro, estímulo puro, sin expresión formal, se convierte en Kjesed, en el aspecto constructivo y organizador de la evolución; anabolismo, en contradicción con el catabolismso de Gueburah. En Kjesed la fuerza de Kjokmah se transforma en esa peculiar forma sutilísima de magnetismo, que da el poder de dirigir a los demás, y es la raíz de toda grandeza. Y similarmente, en el Pilar Izquierdo, la fuerza restrictiva de Binah se convierte en el destructivo Gueburah y en el productor de las imágenes mágicas, Mercurio‑Hermes‑Toth.

De tiempo en tiempo los símbolos de la Ciencia Oculta se han ido filtrando y convirtiendo en conocimiento público, pero los no iniciados ignoran el sistema de disponer estos símbolos sobre el Arbol y no saben aplicar los principios alquímicos de la transmutación y de la destilación, en los cuales se encierran los verdaderos secretos acerca de su uso.



CAPITULO XVII BINAH, ELTERCER SEPHIRAH

TITULO : Binah, Entendimiento. (Hebreo: Beth, Yod, Num,He)
IMAGEN MÁGICA: Una mujer madura. Una matrona.
SITUACION EN EL ARBOL : A la cabeza del Pilar de la Severidad en el Triángulo Supremo.
TEXTO YETZIRATICO : La Tercera Inteligencia se llama la Inteligencia Santificante, el Fundamento de la Sabiduría Primordial; también se la denomina la Creadora de la Fe, y sus raíces están en Amén. Es la Madre de la Fe, de donde emana la fe.
TITULOS DADOS A BINAH : Ama, la Madre Obscura y Estéril, Aima, la Madre Resplandeciente y Fecunda. Kjorsia, el Trono, Marah, el Gran Mar.
NOMBRE DIVINO : Yejovah Elohim.
ARCANGEL : Tzaphkiel.
ORDEN ANGÉLICO: Aralim, Tronos.
CHAKRA MUNDANO : Shabbathai, Saturno.
EXPERIENCIA ESPIRITUAL : Visión del dolor.
VIRTUD : Silencio.
VICIO : Avaricia.
CORRESPONDENCIA EN EL MICROCOSMOS: El lado derecho del rostro.
SIMBOLO : El Yoni, El Kteis. Vesica Piscis. La Copa o el Cáliz. La vestidura externa que oculta.
CARTAS DEL TAROT : Los cualtro Tres.
Tres de Bastos : Afirmación de la fuerza.
Tres de Copas : Abundancia.
Tres de Espadas: Amargura, dolor, pesadumbre, infortunio.
Tres de Oros : Trabajos materiales.
COLOR EN ATZILUTH : Carmesí.
" " BRIAH: Negro.
" " YETZIRAH: Marrón obscuro.
" " ASSIAH: Gris moteado de rosa.

I

Binah es el tercer miembro del Triángulo Supremo y el trabajo de explicarlo quedará bastante simplificado porque podemos estudiarlo a la luz de Kjokmah, que es lo que equilibra en el Pilar opuesto del Arbol. Nunca es posible comprender un Sephirah si lo consideramos aparte de su posición en el Arbol, porque su posición indica sus corresponencias cósmicas. Lo vemos en perspectiva por así decirlo, y podemos deducir de donde procede y adónde va, que influencias intervienen en su creación y cómo contribuye al plan de todas las cosas en conjunto.

Binah representa la potencia femenina del Universo, como Kjokmah representa la masculinidad. Como ya hemos notado, son Positivo y Negativo: Fuerza y Forma. Cada potencia encabeza su respectivo Pilar, estando Kjokmah a la cabeza del Pilar de la Misericordia y Binah en el de la Severidad. Podría creerse que esta es una distribución antinatural, porque la Madre Suprema debería presidir la Misericordia, y la Fuerza Masculina del Universo, la Severidad. Pero no podemos sentimentalizar estas cosas; estamos tratando de principios cósmicos y no de personalidades, y los mismos símbolos que sirven para representarlos, pueden darnos una percepción interna de los mismos si abrimos los ojos. Freud no se habría opuesto a que se atribuyeran a Binah el Pilar de la Severidad, porque él tendría mucho que decir sobre la imagen de la madre Terrible.

Kether, Eheith, Yo Soy, el Ser Puro, Omnipotente, pero inactivo, y cuando cierto flujo de actividad emana de él, entonces lo llamamos Kjokmah. Es esa corriente descendente de actividad pura que constituye la fuerza dinámica del universo y toda energía pertenece a esta categoría.

Debemos recordar que los Sephiroth son estados, no lugares. Cuando se produce un estado de ser puro e incondicionado, sin partes ni actividades, pertenece a Kether. Así es como podemos ir clasificando nuestras ideas del Universo Manifestado sin necesidad de sacar ningún objeto de su lugar en la Naturaleza, tal como se aparece a nuestro entendimiento. En otras palabras, dondequiera que veamos la energía pura en función, sabemos que la fuerza que actúa es de Kjokmah. Esto nos permite ver la identidad intrínseca de toda clase de fenómenos que a primera vista parecen estar totalmente desvinculaldos entre sí. El sistema cabalístico nos permite atribuirlos a los diferentes Sephiroth de acuerdo con su tipo, y correlacionarlos en el sistema correspondiente ya mencionado. Este es el método que la mente subconsciente sigue automáticamente, y el ocultista ejercita su mente consciente para utilizarlo, Incidentalmente podemos citar el hecho de que cuando los individuos operan directamente desde lo subconsciente, como ocurre en las creaciones artísticas, en la locura y estado de sueño y trance, siguen este sistema.

Podrá parecer extraño al lector que esta disgresión referente a Kjokmah la hagamos en el capítulo dedicado a Binah, pero sólo a la luz de su polaridad con Kjokmah puede comprenderse a Binah, e igualmente tendremos mucho que agregar a nuestras explicaciones concernientes a Kjokmah ahora que tenemos a Binah con quien compararlo. Cada par de opuestos arroja mucha luz sobre el otro y es incomprensible por sí solo.

Volviendo a Binah. Los cabalistas dicen que fue emanado por Kjokmah. Trataremos de explicar esto con otras palabras. Es una enseñanza oculta que según creemos concuerda con las investigaciones de Einstein, aunque no poseemos los conocimientos necesarios para correlacionar sus descubrimientos con las doctrina esotéricas, que la fuerza no se mueve nunca en línea recta, sino que describre una curva tan vasta como el Universo mismo y, por lo tanto, retorna al final al punto de donde partió, aunque sobre un arco superior, porque el Universo ha ido progresando en el intervalo. Por consiguiente, la fuerza que así procede, dividiéndose y subdividiéndose y moviéndose en ángulos tangenciales, llegará eventualmente a un estado de tensiones equilibradas, o a alguna forma de estabilidad, una estabilidad que en el curso del tiempo tiende a ser nuevamente destruída en razón de nuevas fuerzas que han sido emanadas y manifestadas y que introducen nuevos factores que es necesario incluir en el ajuste general.

Este estado de estabilidad producido por la interacción de las fuerzas operantes, llega a un equilibrio estable que constituye la base de la forma, como podemos ver en el que no es otra cosa que una constelación de electrones, cada uno de los cuales es un vórtice o remolino. La estabilidad así lograda, que, debe notarse cuidadosamente, es un estado y no una cosa en sí misma, es lo que los cabalistas llaman Binah, el Tercer Sephirah. Dondequiera se produce o existe un estado de tensiones recíproca que han llegado a la estabilidad, los cabalistas lo denomina Binah. Por ejemplo , el átomo, que para todos los fines prácticos constituye la unidad estable del Plano Físico, es la manifestación del tipo de fuerza llamado Binah. Todas las organizaciones sociales sobre las cuales pesa abrumadoramente la mano muerta del estancamiento, como, por ejemplo, la civilización china antes de la revolución o nuestras fosilizadas universidades, se dice que están bajo la influencia de Binah. A Binah se le atribuye el Dios Griego Kronos, Saturno. Se observará la importancia que se da al tiempo y a la edad en estas instituciones propias de Binah: sólo los cabellos blancos o grises son venerables; la capacidad cuenta poco o nada, lo que quiere decir que tan sólo los que son semejantes a Kronos pueden tener éxito.

Binah, la Gran Madre, algunas veces denominada Marah, el Gran Mar, es, por supuesto, la Madre de Toda la Vida. Ella es la matriz arquetípica a través de la cual todo viene a la manifestación. Todo lo que provea una forma para ser utilizada por la vida, es un vehículo de Ella. Sin embargo, debe recordarse que la vida confinada en una forma, aunque ésta le permita organizarse y desenvolverse, es muchísimo menos libre de lo que era cuando carecía de limitaciones, aunque tampoco estuviera organizada, en su propio plano. Incorporarse en una forma significa, ni más ni menos, que el principio del fin de la vida. Es una limitación y un encarcelamiento; es una sujeción a una constricción. El cuerpo limita a la vida, la aprisiona pero, no obstante, le permite organizarse. Desde el punto de vista de la fuerza libre, la encarcelación es una forma de extinción. La forma disciplina a la fuerza con una severidad sin misericordia.

El espíritu desencarnado es inmortal; no hay nada en él que pueda envejecer o morir. Pero el espíritu encarnado ve la muerte en el horizonte tan pronto como alborea el día. Entonces podemos ver cuán terrible parece ser la Gran Madre cuando aprisiona la libérrima fuerza moviente dentro de la disciplina de la forma. Ella es la muerte de la dinámica actividad de Kjokmah; la fuerza de Kjokmah muere al fluir en Binah. La forma es la disciplina de la fuerza; por eso Binah está a la cabeza del Pilar de la Severidad.

Podemos concebir que tuvo lugar la Primera Noche Cósmica, el Primer Pralaya o primer reposo de la Manifestación, cuando el Triángulo Supremo encontró la estabilidad y el equilibrio de las fuerzas, con la emanación de Binah. Antes todo era dinámico, todo era acrecentamiento y expansión. Pero al iniciarse la manifestación de Binah se produjo una intertensión y estabilización y el libre flujo dinámico se detuvo.

El entrelazamiento y consiguiente estabilidad es inevitable en un Universo cuyas líneas de fuerza se mueven en curva. Y si observamos cómo el estado de Binah era la consecuencia inevitable del reinado de Kjokmah en un Universo curvilíneo podemos ver que el tiempo debe pasar por épocas en que bien sea Binah o Kjokmah los que predominen. Antes de que las líneas de fuerza hubieran completado su circuito del Universo Manifestado y conmenzaran a retornar sobre sí mismos y entrelazarse, todo era Kjokmah y el dinamismo no tenía restricción alguna. Después que Binah y Kjokmah, como primer Par de Opuestos, hubieron encontrado su equilibrio, todo desde entonces perteneció a Binah y la estabilidad fue inmutable; pero Kether, el Gran Emanador, continúa manifestando al Gran Inmanifestado; la fuerza fluye en el Universo y la suma de energías aumenta. Este flujo de fuerza rompe el equilibrio a que se había llegado cuando Kjokmah y Binah actuando y reactuando recíprocamente crearon un estado de equilibrada tensión y se detuvieron. Entonces comienza otra vez la acción y la reacción, y la fase de Kjokmah, en la que la fuerza dinámica predomina, se sobrepone al estado estático de Binah y prosigue el ciclo nuevamente, alcanzándose un nuevo equilibrio entre los Pares de Opuestos, pero muchísimo más completo que el anterior, sobre un arco o espira más elevada, según se denomina evolutivamente, sólo para ser destruído más tarde, conforme el flujo de Kether rompa la balanza en favor del principio kinético en.

Así, pues, se verá si Kether es la fuente de todo ser y lo concebimos como supremo bien, como inevitablemente tiene que ser, y si la naturaleza de Kether es kinética o motriz, toda su influencia se inclina siempre a Kjokmah, y, por lo tanto, Binah, el opuesto de Kjokmah, perpetuo opositor a los impulsos dinámicos, tiene que ser considerado como el enemigo de Dios, el Mal. Saturno‑Satán es; una transición facil y lo mismo es Tiempo‑Muerte‑Diablo. En las religiones ascéticas tales como el Cristianismo y el Budismo se encuentra la idea de que la mujer es la raíz de todo mal, porque ella es la que sujeta al hombre a la vida de la forma, por el deseo que inspira. Ellos consideran la materia como la antinomia del espíritu, en una dualidad eterna o insoluble. El Cristianismo se encuentra pronto para reconocer la naturaleza herética de esta creencia cuando se le presenta bajo la forma de Antinomianismo, pero no se da cuenta de que sus propias enseñanzas y prácticas son igualmente antinomianistas cuando consideran la materia como enemigo del espíritu y que, como tal, debe ser vencido y aniquilado. Esta infortunada creencia ha causado tantos sufrimientos a la humanidad en los países cristianos, como las guerras y las pestes.

La Cábala enseña una sabia doctrina. Según ella todos los Sephiroth son sagrados, tanto Malkuth como Kether; Gueburah el Destructor, como Chesed el Preservador. Reconoce que el ritmo es la base de la vida y que no existe un progreso como un único movimiento hacia adelante. Si comprediéramos bien estas cosas, nos ahorraríamos muchísimos sufrimientos, porque contemplaríamos cómo las dos fases Kjokmah y Binah, se suceden la una a la otra, tanto en nuestras vidas como en la vida de las naciones, y entonces comprenderíamos el profundo significado de las palabras de Shakespeare cuando dice:

There is a tide in the affairs of men
Which taken at the flood leads on to fortune.

(Existe una marea en los asuntos de los hombres, que si se toma
cuando sube lo lleva a uno a la fortuna)

Binah es la raíz primordial de la materia, pero el pleno desenvolvimiento de ésta no se logra sino en Malkuth, el Universo Material. Hemos visto repetidamente en el curso de nuestro estudios que los Tres Supremos tienen sus expresiones especializadas en un arco inferior, en uno u otro de los seis Sephiroth que constituyen el Microposopos. De éstos se dice repetidas veces que tienen sus raíces en la tríada Superior o que son sus reflejos, todo lo cual tiene un significado profundo y trascendental. Binah se vincula con Malkuth como la raíz al fruto. Esto lo indica claramente el texto Yetzirático de Malkuth en el que dice : "Ella está sentada en el trono de Binah". Por este motivo es imposible una atribución de los dioses de otros panteones a los diferentes Sephiroth, en forma inflexible y definida. Aspectos de Isis se pueden encontrar en Binah, Netzach, Yesod y Malkuth; y aspectos de Osiris, en Kjokmah, Kjesed y Tiphareth. En la mitología griega esto resulta muchisimo más claro porque se dan a los distintos dioses títulos descriptivos. Por ejemplo, Diana, la diosa Lunar, la cazadora virginal, era adorada en Efeso como la diosa de los múltiples pechos; Venus, la diosa de la belleza femenina y del amor, tenía un templo donde era adorada como la Venus barbada. Todas estas cosas nos enseñan muchas verdades importantes; nos enseñan a buscar el principio que está tras toda multiforme manifestación y a comprender que asumen diferentes formas en los distintos niveles. La vida no es tan simple y vacía como uno, creería a primera vista.

II

El significado de los nombres hebreos correspondientes al segundo y tercer Sephiroth son : Sabiduría y Entendimiento, y ambos se encuentran curiosamente contrabalanceados como si la distinción entre estos dos nombres fuera de capital importancia. La Sabiduría nos sugiere la idea del conocimiento acumulado de infinitas series de imágenes recogidas por nuestra memoria; pero el Entendimiento nos sugiere la idea de poder penetrar en su significado, de poder percibir su esencia y su interrelación, lo que no está necesariamente implícito en la Sabiduría, tomada como conocimiento intelectual. De esa manera obtenemos un concepto de una extensa serie, una cadena de ideas asociadas, en relación con Kjokmah, lo que concuerda con el símbolo de la línea recta.

Con respecto a la Comprensión, surge en nosotros la idea de la síntesis, de la percepción significativa que se produce cuando las ideas se relacionan entre sí, y, metafísicamente hablando, se superponen unas a otras en una serie evolucionante que va de lo denso a lo sutil. Es así como la noción del principio formador Binah retorna a nuestra mente.

Estos son los caminos sutiles de las operaciones mentales, que podrán parecer meras fantasías al que no esté acostumbrado a los métodos utilizados por el Iniciado; pero el psicoanalista los comprende y aprecia en su justo valor, ocurriendo lo mismo con el poeta que eleva hacia las nubes el vuelo de su imaginación.

El Sepher Yetzirah destaca la idea de la fé nacida del entendimiento, de la comprensión, la cual, a su vez, es hija de Binah, siendo ésta la única ubicación adecuada para la fe. Un cínico la describió un día como "el poder de creer en lo que sabemos es ilusión", lo que, en verdad, parecería ser una definición bastante exacta, especialmente para los espíritus mediocres, incultos,frutos de la disciplina sectaria y carentes de la luz mística. Pero, a la luz de la conciencia mística , podemos definir la fe como el resultado consciente de experiencias supraconscientes que no pueden ser expresadas en términos de nociones cerebrales, experiencias de las que la personalidad normal no está muy segura, aunque pueda experimentar sus efectos, y a veces con gran intensidad; las reacciones emocionales que entonces sufre, quedan fundamental y permanentemente modificadas por ella.

A la luz de esta definición vemos que la fe, en efecto, debe encontrar sus raíces en Binah, el Entendimiento, el principio sintético de la conciencia, porque hay un aspecto corpóreo de la conciencia, como igualmente lo hay de la substancia; aspecto que consideraremos detalladamente cuando lleguemos al estudio de Hod, el Sephirah básico del Pilar de Binah, la Severidad. Así vemos nuevamente cómo se concatenan los Sephiroth y la iluminación que resulta al observar sus mutuas vinculaciones.

La afirmación de que las raíces de Binah están en Amén se refiere a Kether, porque uno de sus títulos es Amén. Esto indica claramente que, siendo emanado de Kjokmah, Binah tiene su origen mucho más arriba, y que conviene buscarlo en la fuente de toda existencia, tal como surge del No Ser, lo Inmanifestado, fuente oculta tras los velos de la Existencia Negativa. Este concepto esta claramente formulado en un texto del Sepher Yetzirah que, hablando de Kjesed y de las fuerzas espirituales, dice : "Todas emanan una de otra en virtud de la emanación primordial, de la Corona Altisima: Kether".

No debemos confundirnos a este respecto por el hecho de que el texto yetzirático declare a propósito de Geburah que Binah, el Entendimiento, emana de las profundidades primordiales de Kjokmah, "pero de otra manera". En el Ser Puro, sin forma e indiviso como es, existen tanto las posibilidades de la fuerza como de la forma, pues donde existe un polo positivo se halla necesariamente el aspecto complementario de un polo negativo. Kether está permanentemente en estado de devenir. En efecto, un judío cabalista nos dijo que la verdadera traducción de Eheieh, el Nombre divino de Kether, es "Yo seré" y no "Yo soy". Este devenir constante no puede permanecer estático, sino que debe rebosar y ponerse en actividad, actividad que no puede permanecer sin correlación, sino debe organizarse. Es menester llegar a algún ajuste, intertensión o equilibrio. Así, implícita en Kether, tenemos la potencialidad tanto de Kjokmah como de Binah, porque es bueno repetir : los Santos Sephiroth no son cosas sino estados, y contienen una mezcla de estos factores en su estructura, de manera que todo el universo manifestado puede manifestarse acordemente en nuestra mente cuando establecemos allí el jeroglífico del Arbol. En realidad, una vez que formulamos y establecemos este jeroglífico, la mente lo usa en forma automática y los fenómenos complejos de la existencia objetiva se ordenan por sí propios en nuestro entendimiento. Es por esta razón que el estudiante del ocultismo que trabaja en una escuela esotérica preparatoria tiene que aprender de memoria las principales correspondencias de los Diez Santos Sephiroth, y no debe depender para nada de las tablas de referencia. Muchas veces se ha objetado que esto constituye una inútil perdida de tiempo y energía, y que las referencias de las tablas de correspondencia tales como"777" es un método mejor. Pero la experiencia ha demostrado que no es ése el caso, y que el esoterista que se propone cumplir con la disciplina necesaria y la repite diariamente, de la misma manera que los católicos rezan su rosario, encuentra su debida recompensa por la iluminación que recibe, y cuando su mente clasifica automaticamente todos los cambios innumerables de la vida mundana, ajustándolos sobre el Arbol, revélasele su significado espiritual. Siempre debe recordarse que el empleo del Arbol de la Vida no es meramente un ejercicio intelectual, sino un arte creado en el sentido más alto de la palabra, y que las facultades van desenvolviéndose en la mente, de la misma manera que la destreza y la técnica se desarrollan en el escultor o en el músico con el ejercicio cotidiano.

El texto Yetzirático se refiere específicamente a Binah como la Inteligencia Santificadora. Santificar evoca la idea de algo sagrado y puesto aparte. La Virgen María está íntimamente asociada con Binah, la Gran Madre, y de ese concepto pasamos a la idea de aquello que da nacimiento a Todo, reteniendo simultáneamente su virginidad, o sea, en otros términos, Aquello que no se implica en la vida de sus creaciones, sino que permanece aparte y tras la base de la manifestación, la substancia raíz de donde surge la materia; porque, aunque ésta tenga sus raíces en Binah, sin embargo, la materia, tal como la conocemos, es de un orden muy diferente del Sephirah Supremo, en cuya esencia existe. Binah, la influencia primordial formativa, la madre de todas las formas, está tras toda substancia manifiesta y más allá de ella; en otras palabras, es siempre Virgen. La influencia creadora que está tras todo cuanto tiende a formar, organizar, construir y curvar las líneas de fuerza para correlacionarlas y alcanzar la estabilidad, eso es Binah.

Estos dos Sephiroth básicos de la Tríada Suprema se llaman el Padre y la Madre, Abba y Ama, y sus imágenes mágicas son las de un varón con barba y la de una matrona, representando así, no la atracción sexual que prevalece en Netzach y Yesod, representados por una doncella y un adolescente, sino por seres maduros que se han unido y ya han engendrado. Tenemos siempre que distinguir entre la atracción sexual específicamente magnética y la función de la reproducción, pues no son la misma cosa, ni suquiera constituyen diferentes grados de la misma. Aqui se halla oculta una verdad trascendental que consideraremos en detalle a su debido tiempo.

Kjokmah y Binah representan, pues, la virilidad y la femineidad esenciales, en sus aspectos creadores. No son imágenes fálicas, aunque en ellos están las raíces de toda fuerza vital. Nunca comprenderemos los aspectos más profundos del esoterismo, a menos que comprendamos lo que realmente significa el falicismo. No tiene nada que ver con las orgías de los templos de Afrodita, que fueron la desgracia y la causa de la decadencia de las creencias paganas antiguas. Significa que todo se apoya sobre el principio de la estimulación de la potencialidad inerte por el principio dinámico que deriva directamente su energía de la fuente de toda fuerza. En este concepto se hallan ocultas las claves de inmensos conocimientos, y uno de los puntos más importantes de los Misterios. Es evidente que el sexo representa uno de los aspectos de esta ley, y es igualmente evidente que existen muchísimas otras aplicaciones que no son sexuales. No debemos de ninguna manera permitir que nuestros prejuicios acerca de lo que constituye el sexo o nuestros convencionalismos acerca de este tema grandioso y vital, nos amedrenten o nos hagan retorceder ante este gran principio de la estimulación o fecundación de lo inerte, pero potencialmente omnipotente, por el principio activo y dinámico. Quien se encontrare inhibido por sus prejuicios para estudiar la Verdad, no está en condiciones para afrontar los Misterios sobre cuyos portales están escritas las palabras "Conócete a tí mismo".

Ese conocimiento no lleva a la impureza, porque ésta implica la falta de control que permite a las fuerzas rebosar los límites que la misma Naturaleza les ha impuesto. El que carece del control indispensable sobre sus propios instintos y pasiones, está tan lejos de los Misterios como el que se halla inhibido por los prejuicios y convencionalismos. Sin embargo, es necesario comprender claramente que los Misterios no enseñan el ascetismo ni el celibato como condiciones indispensables para la realización, porque no consideran que el espíritu y la materia sean términos antinómicos e irreconciliables, sino, más bien, diferentes niveles de la misma cosa. La pureza no consiste en la castración, sino en saber mantener las distintas fuerzas en sus propios niveles sin permitir que las unas invadan la esfera de las otras. Enseña que la frigidez y la impotencia constituyen defectos tan serios como cualquier otro, debiendo ser considerados como patologías sexuales, de la misma manera que la lujuria, la que destruye su objeto y degrada.

Todas las relaciones de la existencia manifestada implican la acción de los principios de Kjokmah y Binah, como el sexo constituye una representación perfecta de ellos, es que fué utilizada por los antiguos, que no padecían de nuestros pudores y timideces al respecto, y que tomaban sus metáforas acerca de la reproducción con tanta libertad como nosotros tomamos ejemplos de la Biblia. Para ellos la reproducción era un proceso sagrado, y cuando se referían a él lo hacían con toda reverencia y no con impudor. Si realmente queremos comprender a los antiguos, debemos estudiar sus enseñanzas sobre las fuerzas vitales y las fuentes de la vida con el mismo espíritu que ellos lo hacían, pues nadie que no esté cegado por prejuicios y por las tinieblas de sus problemas personales no resueltos dejará de reconocer que nuestra actitud actual hacia la vida sería mucho más sana y agradable si tuviera algo así como un fermento del buen sentido y discernimientos del paganismo.

Los principios de Masculinidad y Femeneidad manifestados en Kjokmah y Binah representan más que simple polaridad positiva y negativa, activa y pasiva. Kjokmah, el padre universal , es el vehículo que la fuerza primordial, la manifestación inmediata de Kether. En realidad, es Kether mismo en acción, porque los distintos Sephiroth no representan diferentres cosas, sino múltiples funciones de la misma cosa : fuerza pura surgiendo a la manifestación desde el Gran Inmanifestado oculto tras los Velos de la Existencia Negativa.

Kjokmah en energía pura, lo mismo que la expansión de la gasolina dentro del cilindro de combustión; es fuerza pura. Pero así como esta fuerza expansiva se perdería si no hubiera una máquina a la cual trasmitiese su poder así también la energía no dirigida de Kjokmah irradiaría en el espacio si no hubiese algo que recibiera su impulso y lo utilizaría. Kjokmah estalla como la gasolina; Binah es la cámara de combustión; Gueburah y Guedulah son los movimientos alternados de los pistones.

Ahora bien: la fuerza expansiva de la gasolina es energía pura, pero no haría mover el coche. La organización constructiva de Binah es potencialmente capaz de hacer marchar el coche, pero no puede hacerlo si no es puesta en movimiento por la expansión de la energía acumulada en el vapor de gasolina. Binah es potencialmente ilimitado, pero inerte. Kjokmah es energía pura ilimitada e infatigable, pero incapaz de acción por sí propia, más que de irradiar en el espacio si no hay nada que la detenga. Pero cuando Kjokmah opera sobre Binah, entonces su energía se concentra y pone en acción. Cuando Binah recibe impulso de Kjokmah, todas sus energías latentes quedan vitalizadas. En otras palabras: Kjokmah suministra la energía, y Binah el motor.

III

Consideremos, ahora, la masculinidad y la femineidad de este par de opuestos supremos, según se expresan en el acto de la generación. Los espermatozoides tienen una vida brevísima; son simples unidades de energía que, una vez exteriorizada, mueren. Pero, aunque el mecanismo reproductor femenino, la matriz que gesta y los pechos que alimentan son capaces de llevar esta vida que se le ha transferido y desarrollarla hasta obtener una existencia independiente y propia; sin embargo, toda esta maquinaria tan delicada permanece inerte hasta que el estímulo de la fuerza de Kjokmah la pone en acción. La unidad reproductora femenina es omnipotencial, pero inerte; la unidad reproductiva masculina es omnipotente, pero incapaz de producir por sí propia el nacimiento.

Muchas personas creen que porque la masculinidad y la femeneidad, tal como son conocidas en el plano físico, sean principios físicos determinados por su estructura, que lo potente y lo potencial están rígidamente sujetos a sus respectivos mecanismos, pero esto constituye un error. Existe una alternación continua de polaridad en todos los planos, con excepción del físico. Y hasta en los tipos primitivos de la vida animal hay alternación en la polaridad, aun en el plano físico. En los tipos superiores, y especialmente en los vertebrados, la polaridad se determina como un accidente del nacimiento, salvo en los casos de anomalías hermafroditas, que no pueden ser consideradas más que como casos patológicos, y en los cuales sólo un sexo está realmente en actividad, sea cual fuere el aparente desarrollo del otro. El conocimiento de esta perpetua alternación de la polaridad es uno de los secretos más importantes de los Misterios, pero que en absoluto consiste en la homosexualidad, perversión patológica de este hecho y que acusa un desorden de los instintos sexuales, cuando no se comprende bien esta ley de polaridad.

En resumen, aunque el procedimiento de reproducción en el plano físico está determinada en cada individuo por la configuración de su cuerpo, sus reacciones espirituales no son tan estables porque el alma es bisexual. En otros términos, en nuestra relaciones en la vida somos positivos o negativos, según sea las circunstancias sean más fuertes o más débiles que nosotros. También en este hecho se destaca que Netzach (Venus‑Afrodita) sea el Sephirah básico de la columna de Kjokmah. Vemos, pues, que la naturaleza femenina demuestra diferente polaridad en los distintos niveles, porque en Netzach es tan positiva y dinámica como es estática en Binah.

Todo esto no es sólo desconcertante intelectualmente, sino muy confuso moralmente; y aun a riesgo de ser acusados de sostener tesis anormales, tenemos que tratar de aclarar muy bien estas cosas, pues sus consecuencias prácticas son trascendentales.

Dicen los rabinos que cada Sephirah aparece como negativo en relación al superior del cual emana, y positivo en relación al inferior que de él emana. He aquí lo que nos da la clave: somos negativos en nuestras relaciones con lo que es de tipo potencial superior al nuestro, y positivos con aquellos que es de un potencial inferior. Esta es un relación que se halla en estado de perpetuo flujo y que varía en cada punto de nuestros innumerables contactos con el medio en que actuamos.

En la mayoría de los casos, las relaciones entre un hombre y una mujer no son enteramente satisfactorias para ninguna de las partes, y deben, o resignarse a una satisfacción incompleta en sus mutuas relaciones bajo el imperativo de la presión religiosa o económicas, o suplementar su incompletamiento en otras partes, con el resultado que vuelven a producirse las condiciones primitivas una vez que la novedad ha perdido su atractivo. En esas circunstancias, se observará que la culminación de la satisfacción sexual se halla sólo en la novedad, la cual es algo que debe ser renovado constantemente, con el consiguiente resultado desastroso para la economía sexual.

El inconveniente reside en el hecho de que, mientras en el plano físico el macho es quien imparte el estímulo que lleva a la reproducción , no comprende que, a la vez, en los planos internos, en virtud de la ley de polaridad inversa, él es negativo y en su completamiento emocional depende del estímulo que le imparte la hembra. Depende de ella para su fertilidad emocional, como puede verse fácilmente en el caso de las grandes mentalidades creadoras como Wagner o Shelley.

El matrimonio no implica dos mitades, sino cuatro cuartos que se unen en una equilibrada armonía de fecundación recíprocra. Binah y Kjokmah están balanceados por Hod y Netzach. El ser humano tiene que adorar tanto a diosas como a dioses. Booz y Yakin son ambos Pilares del Templo, pero sólo de su unión nace el equilibrio. Una religión sin diosas está a mitad del camino del completo ateísmo. En la palabra ELOJIM (Elohim) encontramos la clave verdadera. Elojim se traduce como "Dios" en las versiones autorizadas y revisadas de la Biblia. En relidad debería traducirse "Diosas y Dioses", pues es un nombre femenino con una terminación plural masculina. Este es un hecho incontrovertible, al menos desde el punto de vista linguístico; y es de presumir que los varios autores que integran los libros de la Biblia sabían bien lo que decían, y no usaron esa forma peculiar y única sin muy buenas razones. "Y el Espíritu de los Principios Masculino y Femenino se cernía sobre la superficie de lo informe, y la Creación tuvo lugar". Si anhelamos un equilibrio, en vez de nuestra condición actual de tensiones desiguales, debemos rendir culto a Elojim y no a Yejovah.

El culto de Yejovah en vez de Elojim es un poderoso impedimento para elevarnos a los distintos planos, esto es, para lograr la conciencia de lo supranormal como parte de nuestro bagaje normal, pues debemos estar preparados para cambiar de polaridad conforme ascendamos de nivel, porque lo que es positivo en el plano físico se torna negativo en el astral, y viceversa. Además, como en toda obra culta es menester usar más de un plano, como en la evocación e invocación, o sucesivamente, como cuando correlacionamos los niveles de conciencia en el trabajo psíquico, el factor negativo debe tener siempre su lugar en nuestra tarea, tanto subjetiva como objetivamente.

Esto nos abre nuevos horizontes en el asunto. ¿Cuántas personas se dan cuenta que sus almas son en absoluto bisexuales íntimamente, y que los distintos niveles de conciencia operan como masulinos y femeninos en relación unos con otros?

Freud declara que la vida sexual determina el tipo de toda la vida. Fundamentalmente es probable que, por el contrario, la vida en conjunto determine el tipo de la vida sexual; pero para los propósitos prácticos, su manera de establecer este hecho es verdadera, porque si bien no es posible enderezar una vida sexual torcida operando sobre el conjunto ‑por ejemplo, la riqueza ni la fama son una compensación adecuada para la represión de ese instinto fundamental‑ , es muy posible enderezar todo el resto de la vida, desentrañandola de toda vida sexual. Esto es un hecho de experiencia práctica, y no ha menester ser discutido a priori. Sin duda alguna, por esta razón y lo aprendido prácticamente sobre las operaciones de la conciencia humana, es que los antiguos hicieron del falicismo una parte tan importante de sus ritos. También actualmente constituye un factor importante de los cultos modernos, pero el reconocimiento del significado de esos símbolos empleados tradicionalmente ha sido reprimido y eliminado de la conciencia de los fieles.

La psicología de Freud suministra la clave del antiguo falicismo y abre las puertas que conducen al Adytum de los Misterios. No hay manera de eludir este hecho en el Ocultismo práctico por más desagradable que pueda parecer, y ello explica el porqué de tantas operaciones mágicas que naufragan en la esterilidad.

Estos asuntos constituyen secretos recónditos de los Misterios, acerca de los cuales nuestra época ha perdido por completo las claves; pero la experiencia de la nueva psicología y su arte psiquíatrico han demostrado abundantemente la solidez de la base en que los antiguos fundamentaban su culto al Principio Creador y a la Fertilidad, convirtiéndolo en un rito importante de su vida religiosa. Es una experiencia ya bien establecida y fuera de toda duda que la persona que haya disociado de su conciencia los sentimientos sexuales en ningún nivel de la vida logra asidero. Este es un hecho incontestable de la psicoterapia moderna. En el trabajo oculto, la persona inhibida, reprimida sexualmente, se inclina hacia las formas desequilibradas del psiquismo y de la mediumnidad y no sirve para nada en las operaciones mágicas en las que el poder debe ser dirigido por la voluntad. Esto no significa que una total represión o una total expresión sea necesaria para el trabajo mágico, sino significa de la manera más expresa que la persona que ha arrancado sus instintos naturales cuyas raíces están en la Madre Tierra, en la conciencia de esa persona existe un abismo; por tanto, no puede ser un canal apto para que descienda el Poder que, viniendo de los planos superiores, llega hasta el plano físico.

Sabemos que se nos interpretará mal por nuestra franqueza en estos asuntos, pero si no hay alguien que se atreva a adelantarse y a desafiar el odio que despierte manifestando la verdad, ¿cómo podrían los verdaderos investigadores encontrar el sendero que los lleva a los Misterios? ¿Tendríamos que mantener en la Logia la actitud así llamada "victoriana", que ha sido abandonada por completo fuera de su recinto? Alguien tiene que demoler los falsos dioses hechos a imagen y semejanza de Mrs. Grundy. No obstante, creemos que las pérdidas que podríamos sufrir en este concepto serían relativamente pequeñas, porque es imposible cooperar ni enseñar a una persona que se asusta cuando le hablan claramente. Y no se imagine el lector que le estamos invitando a quién sabe que orgías fálicas, como quizás a alquien podría parecerle en su malicia, sino nos estamos limitando sólo a señalar que la persona incapaz de asir el significado de los cultos fálicos, desde el punto de vista psicológico, no tiene bastante inteligencia ni puede servir de nada en los Misterios.


IV


Habiendo ya prestado suficiente consideración a la elucidación del principio Binah obrando en polaridad con Kjomah (de otra manera es incomprensible, pues es esencialmente un principio de polaridad), consideraremos ahora el significado del simbolismo atribuído al tercer Sephirah, que puede dividirse en dos aspectos: el de la Gran Madre y el de Saturno, pues ambos atributos corresponden a Binah. Es la poderosa Madre de todos los seres vivientes e, igualmente, el Principio de la Muerte, pues la forma debe morir cuando ha cumplido su misión. En los planos de la forma, la muerte y el nacimiento son el anverso y el reverso de la misma moneda.

El aspecto maternal de Binah se expresa en el título dado de Marah, el Mar. Es un hecho curioso que se represente a Venus Afrodita naciendo de la espuma del mar, y que la Virgen María sea llamada por los católicos "Stella Maris", la Estrella del Mar. La palabra Marah, raíz del nombre María significa también amargura; y la experiencia espiritual atribuida a Binah es la Visión del Dolor o el Sufrimiento. Es una imagen que recuerda el cuadro de la Virgen llorando al pie de de la cruz, con su corazón atravesado por siete puñales. También hace recordar las enseñanzas de Buda que la vida es sufrimiento. La idea de la sumisión al dolor y a la muerte está implícita en la idea del descenso de la vida a los planos de la forma.

El texto Yetzirático ya citado, cuando menciona a Malkuth, dice que es el Trono de Binah. Uno de los títulos dados al tercer Sephirah es Kjorsia, el Trono; y los ángeles asignados a este Sephirah son llamados Aralim, que signifca Tronos. Ahora bien, un trono sugiere esencialmente la idea de una base estable, un fundamento firme, sobre el que se sienta el Ser que tiene el Poder, y del cual no puede ser movido. En realidad, el trono es como un yunque o bloque que soporta la acción de retroceso, de la misma manera que el hombro del tirador soporta el golpe de retroceso de su carabina. Los grandes cañones tienen unos cimientos de concreto para resistir ese retroceso conforme deflagra el explosivo que impulsa al proyectil, porque es indudable que la presión en la culata del cañon debe ser igual a la ejercida en la base del proyectil cuando se efectúa el disparo. Esta es una verdad que nuestras idealistas tendencias religiosas tratan de olvidar, con el consiguiente debilitamiento e invalidamiento de sus enseñanzas. Binah, Marah, la materia, es el yunque o culata que presta su segura base a la fuerza vital.

De la resistencia a la fuerza espiritual, como ya hemos notado, proviene la idea implícita del Mal, tan injusta cuando se trata de Binah. Esto se ve claramente cuando consideramos las ideas que surgen en relación con Saturno‑Cronos. Saturno implica algo muy siniestro. Es el Gran Maléfico de los astrólogos, y quien tenga una cuadratura de Saturno en su horóscopo lo considera como un aflicción muy grave. En efecto, Saturno es el que resiste, el adversario pero también es el estabilizador y probador que nos permite confiar nuestro peso a aquello que no podría soprtarlo. Es un punto altamente sugestivo, que el Trigésimo segundo Sendero (que va de Malkuth a Yesod y que es el primer Sendero del alma que se lanza hacia lo alto) depende, según la tradición, de Saturno. Es el dios de la forma más antigua de la materia. El mito griego de Cronos ‑nombre heleno del mismo principio‑ lo considera uno de los Dioses más antiguos, esto es, de los Dioses que crearon a los dioses.

Era el padre de Júpiter ‑Zeus, quien se salvó de sus garras gracias a una astucia de su madre, porque Saturno tenía la mala costumbre de devorar a sus hijos. En este mito encontramos nuevamente la idea de que quien da la Vida es también el dador de la Muerte. Como ya hemos visto, Saturno con su hoz se convierte fácilmente en la Muerte con su guadaña. Es muy interesante notar todos estos concatenamientos de ideas en relación con cada Sephirah, porque no podemos dejar de ver como la mismas imágenes se presentan una y otra vez siguiendo el curso de nuestras ideas, aunque, aparentemente, estén muy distantes de la Madre, el Mar y el Tiempo.

Cada planeta tiene una virtud y un vicio; en otras palabras, cada planeta, según los astrólogos, puede estar bien o mal aspectado, en exilio o dignificado. No podemos pasar por la vida sin notar que cada tipo de carácter tiene los vicios de sus virtudes, esto es, que las virtudes llevadas al extremo se convierten en vicios. Y así ocurre también con los siete Sephiroth planetarios: tienen sus aspectos buenos o malos, según las proporciones en que se manifiesten. Cuando hay falta de equilibrio debida a la fuerza desequilibrada de una particular, experimentamos su mala influencia; por ejemplo: Saturno devoraba sus hijos. La Muerte comienza a destruir la Vida, antes de que haya cumplido su función. Ningún Sephirah puede ser total y exclusivamente maléfico, ni siquiera Gueburah, que es la personificación de la destructividad. Todos son igualmente indispensables en el esquema total del conjunto, y su influencia relativa, buena o mala, depende del lugar que ocupen, del papel que desempeñen, el cual no debe ser ni muy fuerte, ni muy débil, sino equilibrado. Demasiada poca influencia en un Sephirah determinado, provoca un desequilibrio en su opuesto; demasiada influencia, se convierte en un mal positivo: es una dosis venenosa.

La virtud de Binah es el Silencio, y su vicio, la avaricia. Aquí vemos nuevamente cómo se hace sentir la influencia de Saturno. Keats habla de "Saturno, el de los cabellos grises, silencioso como una roca"; y en estas pocas palabras el poeta evoca una imagen mágica de la edad primordial, el silencio y la influencia de Saturno. En verdad, es uno de los dioses antiguos asociado al aspecto mineral de la Tierra. Su trono se encuentra en las rocas más antiguas, sobre las que no crece planta alguna.

Se dice que el silencio es una de las virtudes más deseables en la mujer. Sea como fuere, y sin poner en duda que su lengua es su arma más peligrosa, el silencio indica receptividad. Si guardamos silencio, podemos escuchar y, por ende, aprender; pero si hablamos, las puertas de nuestro espíritu permanecen cerradas. La resistencia y la receptividad de Binah son sus mayores poderes; y de estas virtudes surge el vicio provocado por su exceso: la avaricia, que niega demasiado y retiene hasta lo más indispensable. Cuando este vicio prevalece, necesitamos de la generosa influencia de Guedulah ‑ Gueburah (Júpiter‑Marte), influencia que destruye al viejo dios, el devorador de sus propios hijos, e instaura un nuevo reino.

Los símbolos mágicos de Binah son el Yoni y la Vestidura Externa de Ocultación, siendo este último un término gnóstico, y el primero una palabra hindú, que significan los órganos sexuales femeninos en correspondencia negativa con el falo masculino. El término "Kteis, menos conocido, es el equivalente europeo. En los símbolos religiosos de la India, el Yoni y el Lingam aparecen con suma frecuencia, porque la idea de la fuerza vital y de la virilidad son los motivos principales de sus ritos.

La idea de la Fertilidad es el motivo principal de los aspectos de Binah que se manifiestan en el mundo de Assiah, sobre el plano físico. La vida no sólo anima a la materia a fin de disciplinarla, sino que también surge de ella triunfalmente, aumentada y multiplicada. El aspecto de la Fertilidad que equilibra el aspecto Tiempo ‑ Muerte ‑ Limitación es esencial para nuestro concepto de Binah. El Tiempo ‑ Muerte ciega con su guadaña el trigo de Ceres; ambos son símbolos de Binah.

La idea de la Vestidura Externa de Ocultación sugiere claramente la materia, así como el esplendor envolvente de la Túnica Interna de Gloria del principio vital. Estas dos ideas juntas nos suministran el concepto de cuerpo animado por el espirítu : su Vestidura Interna de Gloria Espiritual, oculta a todos los ojos por la Túnica Externa de la materia densa. Una y otra vez, al meditar sobre estos misterios, encontramos nueva iluminación merced a la colección aparentemente fortuita de símbolos asignados a cada Sephirah. Ya hemos visto en nuestros estudios que ningún símbolo puede estar aislado y que toda penetración de la intución y la imaginación sirve para revelar largas líneas de entrelazamiento entre ellos.

Los cuatro Tres del Tarot son las cartas asignadas a Binah, y en verdad que el número tres está íntimamente asociado con la idea de la manifestación material. Las dos fuerzas opuestas encuentran su expresión en una tercera, el equilibrio entre ambas, que se manifiesta en un plano inferior al de los padres. El triángulo es uno de los símbolos asignados a Saturno, como el dios de la materia más densa, y el triángulo del Arte, como se lo llama, se emplea en las ceremonias mágicas cuando la intención de las mismas es la de evocar y hacer visible en el plano material algún espíritu. Para los otros modos de manifestación, siempre se usa el círculo.

El Tres de Bastos es el Señor de la Fuerza Establecida. Aquí tenemos nuevamente la idea del poder equilibrado, tan característico de Binah. Los Bastos, como podemos recordar, representan la fuerza dinámica de Yod. Esta fuerza, cuando se encuentra en la Esfera de Binah, deja de ser dinámica para devenir consolidada.

Las Copas son, esencialmente, la fuerza femenina, porque la Copa o el Cáliz es uno de los símbolos de Binah, íntimamente vinculados con el Yoni en el simbolismo esotérico. El Tres de Copas se encuentra, pues, en su debido lugar en Binah, porque los dos juegos de simbolismo se esfuerzan mutuamente. El Tres de Copas, que significa Abundancia, representa la Fertilidad de Binah, en su aspecto de Ceres.

Al Tres de Espadas, sin embargo, se lo llama Sufrimiento, y su símbolo, en el juego de Tarot, es un corazón atravesado por puñales de la Virgen María, en el simbolismo cristiano, y María es lo mismo que Marah, la Amargura, del Mar. ¡ Ave María Stella Maris !

Las Espadas son, por supuesto, cartas de Gueburah y, como tal, representan al aspecto destructivo de Binah, como Kali, la esposa de Siva, la diosa hindú de la destrucción.

Los Oros son cartas terrestres y, de consiguiente, se encuentran en armonía con Binah, la madre de la forma. Por tanto, el Tres de Oros representa al Señor de las Obras Materiales, o sea la actividad en el plano de la forma.

Se observará que, así como los planetas ven reforzadas su acción cuando se hallan en signos del Zodíaco que corresponden a su propia Casa. también las cartas del Tarot, cuando el significado del Sephirah coincide con el espíritu de la lámina, representa el aspecto activo de la influencia; pero cuando el Sephirah y los símbolos representan influencias distintas, entonces la carta es maléfica. Por ejemplo, la lámina de Espadas es de mal augurio cuando se halla en la Esfera de Influencias de Binah.

Y, finalmente, para resumir : Nos hemos extendido tanto con Binah, porque así queda completo el Triángulo Supremo y el primero de los pares de opuestos. Representa no sólo a sí propio, sino también el funcionamiento de ambos polos, porque es imposible comprender ninguna unidad del Arbol salvo en relación con otras unidades con las que interactúa y se equilibra. Kjokmah sin Binah y Binah sin Kjokmah son incomprensibles, porque su par constituye una unidad funcional y no ninguno de ellos separadamente.




CAPITULO XVIII KJESED (CHESED), EL CUARTO SEPHIRAH

TITULO : Kjesed : Misericordia: (Hebreo Kjed, Samecj Daleth)

IMAGEN MÁGICA : Un poderoso rey coronado y sentado en su trono.
SITUACION EN EL ARBOL : En el centro del Pilar de la Miseri­cordia.
TEXTO YETZIRATICO : Al Cuarto Sendero se lo llama La Inteli­gencia cohesiva y receptiva, porque contiene todos los Poderes Sagrados, y porque de ella emanan todas las virtudes espirituales con las esencias más exaltadas; emanan unas de otras en virtud de la Emanación Primordial, la Corona Altísima: Kether.
TITULOS DADOS A KJESED : Guedulah. Amor, Majestad.
NOMBRE DIVINO : El
ARCANGEL : Tzadkiel.
ORDEN ANGELICO : Chasmalim. Seres luminosos.
CHAKRA MUNDANO: Tzedek, Júpiter.
EXPERIENCIA ESPIRITUAL : Visión de Amor.
VIRTUD: OBEDIENCIA
VICIO : Fanatismo, hipocresía, glotonería, tiranía.
CORRESPONDENCIA EN EL MICROCOSMOS: El brazo izquierdo.
SIMBOLOS : La figura sólida. El Tetraedro. La Pirámide. La Cruz de brazos iguales. El Báculo. La Esfera. El Cetro. La Vara.
CARTAS DEL TAROT : Los Cuatro.
Cuatro de Bastos : Obra o trabajo perfeccionado.
Cuatro de Copas : Placer.
Cuatro de Espadas : Descanso después de la lucha.
Cuatro de Oros : Poder terreno.
COLOR EN ATZILUTH : Violeta profundo.
" BRIAH : Azul.
" YETZIRAH : Morado obscuro.
" ASSIAH : Azul obscuro moteado de amarillo.


I

Entre los Tres Sephiroth Supremos y el par de Sephiroth opuestos que les suceden en el Arbol existe un gran precipicio que los cabalistas llaman El Abismo. Los seis Sephira subsi­guientes: Kjesed, Gueburah, Tipharet, Netzach, Hod y Yesod, constituyen lo que los cabalistas llaman Microposopos, el Rostro Menor, Adam Kadmon, el Rey. La Reina, esposa del Rey, es Malkuth, o el Mundo Físico. Tenemos, pues, el Padre (Kether), el Rey y la Esposa; en esta configuración del Arbol existe un profundo simbolismo de gran importancia práctica tanto en filosofía como en magia.

El Abismo, ubicado entre el Macroposopos y el Microposopos, indica una demarcación de la naturaleza del ser en el tipo de existencia que prevalece en cada uno de ellos. Es en este Abismo donde está situado Daath, el Sephirah del Devenir. También se lo llama entendimiento, en el cual sus elementos principales son la Percepción, la Aprehensión y la Conciencia.
Estos dos tipos de existencia, el Macroposopos y el Micropo­sopos, indican esencialmente lo potencial y lo actual. La mani­festación actual, como puede concebirla nuestra mente finita, empieza en el Microposopos, cuyo primer aspecto de manifestación es Kjesed, el Cuarto Sephirah, situado inmediatamente debajo de Kjokmah, el Padre, en el Pilar de la Misericordia, del cual es el Sephirah central. Está equilibrado en el lado opuesto del Arbol por Gueburah la Severidad, y este par, Gueburah Guedulah, forma el Poder y la Gloria de la invocación final del Padrenuestro siendo, por supuesto el Reino, Malkuth.

Como ya hemos visto, podemos aprender mucho de un Sephirah por su posición en el Arbol, y en la de Kjesed (o Chesed) en el Pilar de la Misericordia, podemos deducir que es Kjokmah en una espira inferior. Es emanado por Binah, Sephirah pasivo, y a su vez emana a Gueburah, un Sephirah catabólico cuyo chakra mundano es Marte con su simbolismo bélico, el cual es Saturno en un arco o nivel inferior.

De todo esto podemos aprender muchas cosas acerca de Kjesed. Es el Padre amante, el protector y preservador, así como Kjokmah es el engendrador de todo. Continúa la obra de Kjokmah, organi­zando y preservando cuanto el Padre universal ha concebido o generado. Con su misericordia equilibra la severidad de Gueburah. Es anabólico, o constructivo, en contradistinción con el catabo­lismo de Gueburah.

Ambos aspectos están muy bien expresados en la imágenes mágicas atribuídas a estos dos Sephiroth, imágenes que son de la de dos reyes: la Kjesed, un rey en su trono, y la Gueburah, un Rey en su carro de guerra; en otras palabras, los gobernantes del reino en tiempos de paz y en tiempos de guerra; el uno como legislador y el otro como guerrero.

La analogía fisiológica nos dará una clara comprensión de estos dos Sephiroth. El metabolismo se compone de anabolismo o ingestión y asimilación de alimentos y su transformación en tejidos orgánicos, y de catabolismo, o destrucción de los mismos tejidos por la actividad, la energía exteriorizada . Los subpro­ductos del catabolismo son las toxinas de la fatiga que la sangre debe eliminar merced al reposo. Todos los procesos vitales constituyen una serie ininterrumpida de construcción y destruc­ción, de Gueburah y Guedulah (otro nombre de Kjesed), que repre­sentan estos dos procesos en el Microcosmos.

Kjesed, el primer Sephirah en el Microposopos, o Universo Manifestado, representa la formulación de la idea arquetípica, la concreción de lo abstracto. Cuando el principio abstracto que forma la raíz de una nueva actividad se formula en nuestra mente, operamos en la Esfera de Kjesed. Un ejemplo aclarará el punto de que se trata. Supongamos un explorador que, desde la cima de una montaña, contemple una región recientemente descubierta y com­pruebe que las llanuras que se extienden más álla de la costa son fértiles, y que un río fluye por ellas en su marcha hacia el mar, atravesando la garganta de la montaña. En esos momentos piensa en la riqueza agrícola que pueden encerrar esas llanuras, y en las facilidades para el transporte fluvial que ofrece el río.

Piensa en un posible puerto en el estuario, porque se le ocurre que la desembocadura del rio habrá abierto un canal por el cual será posible que vengan los buques. Mentalmente ve los muelles, los diques y los almacenes del puerto, el caserío y todo lo demás. Después se pregunta si las montañas no contendrán ricos minerales, y se imagina una línea férrea que corra a lo largo del río, y que se ramifique en los diferentes valles. Ve, en su imaginación, la afluencia de colonos. Será necesario edificar un hospital, una iglesia, quizás una cárcel, hoteles, etc. Su imaginación, contempla la calle principal de la ciudad en forma­ción, y determina entonces adquirir todos los terrenos que formen esquina para prosperar así, personalmente, de acuerdo con la prosperidad general de la bella, nueva y floreciente ciudad. Todo esto lo ve, mientras la selva, aun virgen, cubre todas esas tierras y bloquea los pasos de la montaña; pero, sabiendo que las llanuras son fértiles, que el río cruza el valle y la montaña, puede ver, en principio, el desenvolvimiento total y el desarro­llo que puede producirse. Mientras su mente actúa de esa manera, sépalo o no, opera en la esfera de Kjesed; y también todos los que puedan funcionar en términos de Kjesed y pensar adelantándose al futuro, como lo hace el explorador de nuestro ejemplo, viendo lo que puede surgir de determinadas causas mucho antes de que se trace el primer plano o se coloque el primer ladrillo, tienen el poder de adueñarse de las tierras valiosas donde se establecerán muelles o por donde correrá la calle principal.

Todo el trabajo creador del mundo se hace así, merced a la labor de mentalidades e inteligencias que operan en términos de Kjesed, el rey sentado en su trono, sosteniendo el cetro y el mundo, gobernando y guiando a su pueblo.

En contraste con lo que acabamos de exponer, observamos aquellos cuyas mentes no pueden funcionar más arriba del nivel de Malkuth, la esposa del Rey. Son personas a las cuales les es imposible ver, como se dice, la madera en el árbol; no pueden pensar más que en detalles, careciendo de la potencia para sintetizar y ver las cosas en gran conjunto. Su lógica, siempre materialista, no puede ver el origen de las cosas. Incapaces de distinguir las causas sutiles, son víctimas sempiternas de lo que llaman "caprichos de la suerte". Tampoco pueden operar en la línea seguida por los impulsos primarios cuando éstos descienden por sí propios, o son llamados a bajar al seno de la manifesta­ción.

El ocultista que carezca de la Iniciación de Kjesed, se verá limitado a funcionar en la esfera de Yesod, el plano de Maya, la ilusión. Para él, la imágenes astrales reflejadas en el espejo mágico de la subconsciencia serán realidades, y no hará ninguna tentativa para traducirlas en términos de los niveles superiores, aprendiendo, así, lo que realmente representan. Por sí propio se habrá construido una morada en la esfera de las ilusiones, y continuamente, será engañado por los fantasmas que, inconsciente­mente, él mismo ha proyectado. Si pudiera funcionar en términos de Kjesed, percibiría las ideas arquetípicas animadoras, de la cuales estas imágenes mágicas no son más que sombras o represen­taciones simbólicas. En este caso, se convierte en amo y señor del tesoro, en vez de ser alucinado por esas imágenes; podrá entonces utilizarlas de la misma manera que un matemático utiliza los símbolos algebraicos. Trabaja mágicamente como lo hacen los Adeptos Iniciados, y no como los hechiceros.

El místico que funciona en el Centro Crístico de Tiphareth, si carece de las claves de Kjesed, también será alucinado, aunque de forma distinta y mucho más sutil. En este nivel sabrá descifrar las imágenes mágicas con bastante exactitud, refiriéndolas a lo que representan y no dándoles más valor que el de meros signos o señales, como tan bien lo demuestra Santa Teresa en su "Castillo Interior". No obstante, el místico caerá en el error de creer que las imágenes que percibe y las experiencias por las que pasa son el resultado de un coloquio personal de su alma con Dios, en vez de advertir que no son más que etapas en el Sendero. Verá un salvador personal en el Dios Humano. Adorará a Jesús de Nazareth como Dios Padre, confundiendo asi las Personas.

Kjesed, pues, es la esfera donde se formula la idea arquetí­pica; la aprehensión por la conciencia de un concepto abstracto que ultérrimamente está destinado a atravesar los planos y a concretarse a la luz de la experiencia obtenida con la concreta­ción de otros conceptos análogos, también abstractos. E, igual­mente, en su aspecto macrocósmico, representa la fase correspon­diente, en el proceso de creación. La ciencia materialista cree que los únicos conceptos abstractos son los que puede formular la mente humana; pero la Ciencia Espiritual Esotérica enseña que la Mente o Inteligencia Divina formuló ideas arquetípicas para que la substancia pudiera tomar forma, y que sin ideas de ese orden la substancia sería informe y vacía, algo asi como limo primor­dial que espera el aliento de vida para organizarse en células o cristales. Las últimas investigaciones en la Física han revelado que toda substancia, sin excepción, tiene una estructura crista­lina, y que las líneas de tensión que los psíquicos perciben como corriente etérica ya han quedado reveladas en los Rayos X.

Una parte muy importante y por cierto mal comprendida es la que los Maestros desempeñan en los Misterios. Las distintas escuelas definen este calificativo diferentemente, y algunas incluyen entre los Maestros a Adeptos de alto grado; pero nosotros consideramos que es aconsejable hacer una distinción entre los Hermanos Mayores encarnados, y los desencarnados, porque Sus misiones y funciones son completamente distintas. El título de Maestro debe darse sólo a Aquellos que están libres de la rueda del nacimiento y de la muerte. Según la terminología de la Tradición Esotérica Occidental, el grado de Adeptus Exemptus se le asigna a Kjesed, pues el término Exemptus indica que ha sido liberado del Karma. Sabemos muy bien que algunos dan un significado distinto a este término y que se ha conferido ese grado a personas en encarnación. Se podría responder que si la función de esos Seres es activa y no puramente honorífica, están libres de Karma y no reencarnarán más. A ellos se les puede dar perfectamente el nombre de MAESTROS, porque Su Conciencia corres­ponde a este grado; y, aunque es preciso hacer una distinción entre Adeptos encarnados y desencarnados, nos parece preferible detenernos en esta diferencia secundaria, que acordar a seres humanos un prestigio que no está hecho para la naturaleza del hombre. Mientras un Adepto permanezca encarnado, estará sujeto a las debilidades humanas, en algún grado, y a las limitaciones impuestas por la vejez y la salud física. Hasta que no se haya liberado completamente de la Rueda de los renacimientos, y funcione como Conciencia Pura, no escapará por completo a las limitaciones humanas de la herencia y del medlio ambiente. Por lo tanto, no es posible tener en él la misma confianza que la que puede depositarse en los verdaderos MAESTROS desencarnados.

Una parte capital del trabajo de los Maestros es la concre­ción de las ideas abstractas concebidas por la Conciencia del Logos. El Logos, cuya meditación da nacimiento a los mundos, y cuya Conciencia, desenvolviéndose, es lo que constituye la Evolución, concibe ideas arquetípicas extraídas de la substancia del Inmanifestado, para usar de una metáfora, ya que toda defini­ción a este respecto es imposible. Estas ideas permanecen en la Conciencia cósmica del Logos, como una simiente en la flor, porque no hay allí suelo alguno para que germine. La Conciencia Logoica, como Ser puro, no puede proveer, en su propio plano, el aspecto formativo indispensable para la manifestación. Las tradiciones esotéricas dicen que los Maestros ‑conciencias desencarnadas‑ y disciplinarias por la forma, aunque ahora carecen de ella,- en Sus meditaciones sobre la Divinidad, pueden percibir telepáticamente esas ideas arquetipicas en la Mente Divina y, realizando su aplicación práctica en los planos de la forma y de la línea que seguirá ese desenvolvimineto, producen imágenes concretas en Sus propias conciencias, que servirán para concretar esas ideas abstractas arquetípicas en los primeros planos de la forma, llamados BRIAH por los cabalistas.

Esta es, pues, la tarea que realizan los Maestros en Su esfera especial, la esfera organizadora, constructiva y fecunda de Kjesed en el Pilar de la Misericordia. La obra de los Maestros de la Noche, que son completamente diferentes a los Adeptos Negros, la realzan en la esfera correspondiente a Gueburah, en el Pilar de la Severidad, el cual consideraremos a su debido tiempo. El punto de contacto entre los Maestros y Sus discipulos se encuen­tra en Hod (Jod), el Sephirah de la magia ceremonial, como bien lo indica el SepherYetzirah, declarando que de Gueburah, al Cuarto Sephirah, emana la esencia de Hod. Estas indicaciones que dan los textos Yetziráticos con respecto a las relaciones entre los Sephiroth individuales son de gran importancia para el Ocultismo práctico. De consiguiente. Hod puede ser considerado como representando a Kjohmah y a Kjesed en un arco inferior, de la misma manera que Netzach representa a Binah y a Gueburad. Explicaremos esto en detalle cuando tratemos de estos Sephiroth, pero tenemos que referirnos a ellos desde ahora, a fin de que resulte inteligible la función de Kjesed.

Ya hemos llegado a un punto en el esquema del Arbol donde el tipo en función de actividad es accesible a nuestra conciencia humana. En nuestro estudio sobre los Sephiroth precedentes, hemos formulado concepto metafísicos, conceptos que, aunque muy remotos (son extraordinariamente importantes, porque si no los tuviéramos presentes como base de nuestro entendimiento de la Ciencia Esotérica, caeríamos en la superstición y utilizaríamos la Magia como los hechiceros, y no como los Adeptos. En otros términos, seríamos incapaces de trascender los planos de la forma y nos alucinaríamos, siendo dominados por los fantasmas evocados y creados por la imaginación mágica, en vez de servinos de ellos como las cuentas de un ábaco en nuestros cálculos, lo que para un ingeniero equivaldría a usar una regla común en vez de la regla de calcular.

Kjesed, pues, se refleja en Hod (Jod), a través del Centro Crístico de Tiphareth, de la misma manera que Gueburah se refleja en Netzach. Esto nos enseña mucho, pues nos indica que para que la conciencia pueda elevarse de la forma a la fuerza, o descender de la fuerza a la forma, debe pasar por el Centro del Equilibrio y Redención, al cual corresponden los Misterios de la Crucifi­xión.

La conciencia exaltada del Adepto asciende a la Esfera de Kjesed en Sus meditaciones ocultas, y es en ella donde recibe las inspiraciones que luego adapta a los planos de la forma. Es allí donde encuentra a los Maestros como influencias espirituales, con las que se pone en contacto telepáticamente, sin mezcla alguna de personalidad. Este es el verdadero y más elevado medio de contac­to con los Maestros , o sea de mente a mente, de espíritu a espíritu, en su propia esfera de exaltada conciencia. Cuando se ve a los Maestros clarividentemente como seres reales, el Color de Sus túnicas indica el rayo a que pertenecen, pero lo que se ve es la imagen reflejada en la Esfera de Yesod, que es el reino de los fantasmas y de las alucionaciones. Hollamos un terreno muy inseguro cuando encontramos aquí a los maestros. En esta Esfera es donde las manifestaciones espirituales adoptan la forma antropomórfica que descarría y desorienta a los psíquicos incapa­ces de elevarse hasta la Esfera de Kjesed. Y así es que cuando el anuncio de un impulso espiritual se expande por el mundo, es interpretado como la vuelta de un Instructor mundial.

II

Conforme descendemos por el Arbol, llegando a esas Esferas más accesibles para nuestra comprensión de los Tres Supremos, encontramos que los símbolos asociados con cada Sephirah se van haciendo más y más elocuentes, pues hablan a nuestra experiencia en vez de obligarnos a razonar por mera analogía.

La imagen mágica que representa a Kjesed es un Rey poderoso coronados en su trono; esta posición indica que se halla sentado establemente en un reino de paz y no en marcha en su carro de guerra, como lo sugiere la imagen mágica de Gueburah. Los títulos adicionales de Kjesed ‑Majestad, Amor‑ confirman esta idea del Monarca bondadoso, padre de su pueblo; y la posición de Kjesed en el centro del Pilar de la Misericordia prueba una vez más la idea de la Estabilidad ordenada y de la ley misericordiosa del gobier­no que rige para el bien de los gobernados. El título de las huestes angélicas asociadas con Kjesed ‑ los Chasmalin (Jasma­lim), Seres Luminosos‑ destaca la idea del esplendor real de Guedulah, otro de los títulos que se dan frecuentemente a Kjesed. El chakra mundano asignado a Kjesed Júpiter, llamado en astrolo­gía el Gran Benéfico, completa esta cadena de asociaciones.

Del lado microcósmico o subjetivo, encontramos que la virtud asignada a las experiencias de esta Esfera es la obediencia. Es sólo por esta virtud que sus motivos pueden beneficiar por la sabia autoridad de Kjesed. Nos es menester sacrificar una buena parte de nuestra independencia y de nuestro egoísmo, a fin de participar en las ventajas de una vida social compleja; no hay ningún medio para escapar de esta restricción, de este sacrifi­cio. En esta Esfera, más que en ninguna otra, no es posible, como vulgarmente se dice, replicar y estar en la procesión. No existe nada parecido a lo que se llama libertad, si con ello comprende los caprichos de una voluntad sin oposición. La fuerza de grave­dad, entre otras cosas, es un serio obstáculo para nosotros. Se podría definir la libertad como el derecho de elegir cada uno su guía, pues es necesario aceptar un guía en toda corporación respetable, o resignarse al caos. Una autoridad que sea a la vez inspirada y eficaz, es lo que a voz en cuello claman las necesi­dades del mundo actual; y nación tras nación están en camino de buscar y encontrar un guía que, lo mejor posible, corresponda aproximadamente a su ideal étnico, marchando todas como un solo hombre detrás de este guía. La influencia benigna, actuante y organizadora de Júpiter es el único remedio para los sufrimientos del mundo; y cuanto más se haga sentir, tanto más los pueblos podrán recobrar su equilibrio emotivo y salud física.

Por el contrario, los vicios asignados a Kjesed ‑intolerancia hipocrecia, glotonería, tiranía ‑,todos ellos son vicios socia­les. La intolerancia se rehusa a evolucionar con el tiempo, a aceptar otros puntos de vista, lo cual significa estancamiento fatal para las relaciones entre razas. La hipocresía implica que no damos de corazón a la corporación de la vida; pero, como Ananías, anhelamos salvar nuestra parte. La glotonería nos expone a la tentación de tomar más de lo que nos viene de los recursos comunes, lo cual no es más que uno de los nombres del egoismo. Y la tiranía es el uso abusivo de la autoridad que surge cuando la naturaleza involucra vanidad, crueldad.

La correspondencia en el Microcosmos nos es dada como el brazo izquierdo, que indica un modo del funcionamiento del poder menos activo que el del brazo derecho, el cual, en la imagen mágica de Gueburah, levanta la espada. La mano izquierda sostiene el globo, que significa la tierra y muestra que todo está a salvo en la mano firme de aquel que gobierna. Kjesed, en efecto, denota más bien firmeza que la energía dinámica.

Se nos dice que el número místico de Kjesed, el cual a menudo es representado por una figura, es el tetraedro. Un talismán de Júpiter se erige siempre sobre una figura tal. Otro de sus símbolos es el sólido geometrico, y la razón es evidente, cuando se consideran las figuras geométricas evolucionadas de los Sephiroth a que hemos pasado revista. El punto para Kether, la línea para Kjokmah, el espacio de dos dimensions para Binah; por tanto, es lógico que el sólido de tres dimensiones concierna a Kjesed.

Estas relaciones involucran un sentido más profundo que una simple serie de símbolo. El sólido representa esencialmente la manifestación, tal como nos es conocida en nuestra conciencia de tres dimensiones. No podemos concebir una existencia de una o dos dimensiones sino por medio de las matemáticas o el símbolo. Kjesed, como ya hemos dicho, es el primero de los Sephiroth manifestados; por consiguiente, es muy natural que el símbolo de la figura sólida haga parte de sus atributos. Esta figura sólida especial es habitualmente la pirámide, figura de tres faces y una base, expresando así la cualidad numérica de Kjesed.

Aparte de la Cruz del Calvario de los Misterios Cristianos, hay muchos aspectos diferentes de la Cruz; cada una de ellas representa diversos modos particulares de acción del poder espiritual, lo mismo que las diferentes formas de Nombres Divinos asignados a Dios. La forma de cruz que se relaciona a Kjesed, es de brazos iguales; simboliza el equilibrio de los cuatro elemen­tos e implica la dominación de la naturaleza por una influencia sintética que establece la armonía por doquier.

La Esfera, el Cetro, el Báculo y la Vara se derivan de este Sephirah; expresan tan perfectamente los aspectos del poder real bienhechor de Kjesed, que no tienen necesidad de ser comentados.

Las cuatro cartas del Tarot ubicadas en Kjesed, cuando se efectúa una operación adivinatoria, expresan, por corresponden­cia, la idea dominante del tema. El Cuatro de Basto simboliza Obra o trabajo perfeccionado, representando admirablemente el exito del rey en tiempo de paz en su próspero reino. El Cuatro de Copas es el Señor del Placer, y se relaciona al título de Esplen­dor asignado a Kjesed, que abarca el fulgor de su Orden Angélico. El Cuatro de Espadas indica el descanso después de la lucha, concordando perfectamente con la imagen del Monarca sentado. El Cuatro de Oros es el Señor del Poder Terrestre, simbolismo evidente de por sí, al cual no es necesario agregar nada.

Hemos dejado para el fin de este estudio la consideración del texto Yetzirático para que el ritmo del simbolismo que se sucede en orden exacto no fuese destruido. Este texto contiene tanto sentido, que se lo comprende mejor cuando ya se conoce el simbo­lismo anterior. Mucho de lo que a él se relaciona ha sido ya estudiado cuando examinamos la relación de Kjesed con los Sephi­roth precedentes. Por tanto, no queremos repetirnos, y nos limitamos a remitir al lector a esas páginas para así, en lo posible, evitar repeticiones casi inevitables en el estudio del Arbol de la Vida, en la cual los diversos simbolismos representan el mismo poder sobre diferentes niveles de manifestación o bajo aspectos desemejantes.

El Cuarto Sendero es llamado "La Inteligencia Cohesiva". Vemos claramente el sentido de estas palabras, si pensamos en Kjesed como un rey sentado en un trono, organizando los recursos de su superior y esforzándose para que todas las cosas se equili­bren para el bien común.
También es llamado "La Inteligencia Receptiva", en el texto Yetzirático, y esto se refiere al símbolo del brazo izquierdo asignado a este Sephirah en el Microcosmos.

Kjesed "contiene todos los Santos Poderes, y de él emanan todas las virtudes espirituales, como asimismo la Esencia más exaltadas. La enseñanza que involucra esta frase ha sido explica­da precedentemente con respecto a las ideas arquetípicas.

"Emanan uno de otro en virtud de la emanación primordial, la más Alta Corona: Kether". Estos conceptos han sido abordados a propósito del segundo Sephirah, Kjokmah, cuando estudiamos el desarrollo de la fuerza descendiendo de un Sephirah a otro.


CAPITULO XIX GEBURAH (GEBURAH), EL QUINTO SEPHIRAH

TITULO : Gueburah, Fuerza, Severidad (Hebrero: Guimel, Beth, Vau, Resh, Hé).
IMAGEN MÁGICA : Un poderoso guerrero en Su carro.
POSICION EN EL ARBOL : En el centro del Pilar de la Severidad.
TEXTO YETZIRATICO : El quinto Sendero es llamado la Inteligencia Radical, porque se parece a la Unidad uniéndose a Binah, el Entendimiento que emana de las profundidades primordiales de Kjokmah, la Sabiduría.
TITULOS DADOS A GUEBURAH : Din, la Justicia. Pachad (Pajad), el temor.
NOMBRE DIVINO : Elogim Gebor. (Elojim Guebor).
ARCANGEL : Khamael.
ORDEN ANGELICO : Seraphim, las Serpientes de Fuego.
CHAKRA MUNDANO : Madim, Marte.
EXPERIENCIA ESPIRITUAL : Visión de Poder.
VIRTUD : Energía, Valor.
VICIO : Crueldad, Destrucción.
CORRESPONDENCIA EN EL MICROCOSMOS: El brazo derecho.
SIMBOLOS : El Pentágono. La Rosa Tudor de cinco pétalos. La Espada. La Lanza. La Verga. La Cadena.
CARTAS DEL TAROT : Los Cuatro Cinco.
Cinco de Bastos : La Lucha.
Cinco de Copas : Placer enturbiado.
Cinco de Espadas: Derrota.
Cinco de Oros : Conflicto terrestre.
COLOR EN ATZILUTH : Naranja.
" BRIAH : Rojo Escarlata.
" YETZIRAH : Escarlata brillante.
" ASSIAH : Rojo moteado de negro.

I

Una de las menos comprendidas en la filosofía cristiana es el problema del mal; y una de las cosas donde la ética cristiana se muestra la menos informada es el problema de la fuerza y de la severidad, por oposición a la misericordia y la dulzura. De consiguiente, Gueburah, el Quinto Sephirah, cuyos títulos adicionales son Din (justicia) y Pachad (el Temor), es uno de los Sephiroth menos comprendidos, siendo uno de los más importantes. Si no fuera que la doctrina cabalista, en términos bien explícitos, afirma el carácter sagrado de los diez Sephiroth, muchos estarían inclinados a ver en Gueburah el aspecto maligno del Arbol de la Vida. El planeta Marte, cuya Esfera es el chakra mundano de Gueburah, es llamado "maléfico" en astrología.

Por tanto, aquellos que están bien informados más allá de las vías ilusorias de una filosofía demasiado engañosa que toma sus deseos por realidades, saben que Gueburah en ningún modo es el Enemigo, el Adversario, de que habla la Escritura, sino Rey en su carro que parte para la guerra, cuyo poderoso brazo derecho protector defiende su pueblo con la espalda y la legalidad, y cuida que la justicia sea hecha. Kjesed, el Rey sentado en su trono, el Padre del pueblo de días pacíficos, bien puede merecer nuestro amor; pero quien es acreedor de nuestro respeto es Gueburah, el Rey sobre su carro, que parte para la guerra. Jamás se ha hecho suficiente justicia a la parte que merece el sentimiento del repeto en la emoción del amor. Experimentamos una clase de amor para aquel que sabe inspirarnos el temor de Dios, si la ocasión se presenta, de una manera muy diferente, mucho más permanente y más estable y, cosa curiosa, mucho más satisfactoria aún, desde el punto de vista emocional, que el amor, en el cual no existe ningún sentimiento de temor. Gueburah es quien inspira este sentimiento de temor al Señor que es el comienzo de la Sabiduría, al mismo tiempo que un sentimiento general y de sano respeto que nos ayuda a mantenernos en el dificil y estrecho sendero, y apela a nuestra naturaleza superior, pues sabemos que gracias a él nuestros pecados serán puestos a la luz.

Este es un factor al cual la moral cristiana, por lo menos en su sentido popular, no da bastante importancia; y, puesto que la opinión general de la sociedad cristiana alimenta un prejuicio con respecto del Santo Quinto Sephirah, será necesario considerar su relación con el Arbol de la Vida y, a la vez, el papel que desempeña en la vida espiritual y social, con un muy amplio detalle, pues este Sephirah no es bien comprendido; y esta falsa apreciación con respecto al valor que representa es la causa de muchas dificultades en nuestra existencia moderna.

Gueburah ocupa la posición central en el Pilar de la Severidad; expresa, pues, el aspecto catabólico o destructivo de la fuerza. Es menester recordar que el catabolismo es el aspecto del metabolismo o proceso vital que concierne a la liberación de la fuerza activa. Se dice que el Bien es aquello que es constructivo y el Mal lo que es destructivo. De cuán falsa es esta filosofía, podremos verlo intentando clasificar, de acuerdo con sus principios, el cáncer y un desinfectante. En las enseñanzas de los Misterios más profundos y más filosóficos, aprendemos que el Bien y el Mal no son cosas en sí, sino condiciones. El Mal es simplemente una fuerza que no está en su lugar; si se halla desplazada en el tiempo, está rezagada y tan lejos de su meta que resulta inútil. Está desplazada si se manifiesta donde no es necesario, como, por ejemplo, una brasa que cae sobre una servilleta o el agua que se ha desbordado de la bañera. Se halla desplazada en cuanto a las proporciones, si un exceso de amor nos hace sentimentales y estúpidos, o si la falta de amor nos convierte en destructivos y crueles. Es en este sentido que se comprende el Mal y no en un dominio personal que obra como un Adversario.

Gueburah, el Destructor, el Señor del Temor y de la Severidad, es, por tanto, tan necesario al equilibrio del Arbol como Kjesed, el Señor del Amor, y Netzach, la Señora de la Belleza. Gueburah es el cirujano celestial, el caballero de la Armadura Brillante, aquel que traspasa con su lanza al dragón; magnífico como un novio para la Virgen que lo espera anhelante, aunque, sin duda, el Dragón preferiría un poco más de Amor.
La iniciación de los "maleficos", tales como Saturno y Marte, y Yesod, la Luna engañosa, no son menos indispensables para la evolución y el desarrollo regular del alma que los Misterios de la Crucifixión expresados por Thiphareth. Es el punto de vista unilateral del cristianismo lo que hace su debilidad y el responsable de todo lo que es patológico y malsano, tanto en nuestra vida pública como en nuestra existencia privada. Pero es necesario no olvidar que el cristianismo fué el remedio útil para el mundo pagano, enfermo moribundo de sus propias toxinas. Nosotros tenemos necesidad de sus bienes, pero también , desgraciadamente, tenemos que tener en cuenta lo que le falta. Consideremos, pues, de más cerca, la influencia astringente y correctiva de Gueburah.

La energía dinámica es tan necesaria para la salud social, como la dulzura, la caridad y la paciencia. Debemos saber que la dieta eliminatoria que restaura una salud amenazada, produciría la enfermedad de un cuerpo sano. Jamás hay que exaltar la cualidades que contrabalancean los excesos de la fuerza, con si fuesen finalidades en sí o medios de salud. Una caridad excesiva es también, a su manera, una locura; mucha paciencia es signo de laxitud. Es necesario un justo equilibrio del cual resulta la dicha, la salud. el equilibrio del organismo social y la franca realización de cuantos sacrificios deban ser aceptados para obtenerlo. No podemos comer nuestra ración y conservarla al mismo tiempo, ni en la esfera espiritual, ni en ninguna parte.

En los Misterios, Gueburah es el sacerdote ordenando para los sacrificos. El sacrificio no significa ofrecer algo que nos es caro porque un Dios celoso lo demande, un Dios que no tiene rivales y que se regocija de nuestro sufrir. El sacrificio significa la elección deliberada, clarividente, de un bien elevado con preferencia a uno inferior, lo mismo que un atleta prefiere el esfuerzo del ejercico al reposo, el cual es funesto para la conservación de su línea. El carbón que la locomotora consume, es sacrificado al poder de la velocidad. En realidad, el sacrificio es una transmutación de fuerza; la energía latente en el carbón ofrecida en el altar de la locomotora, es transformada en la energía dinámica del vapor, por los instrumentos empleados.

Existe un mecanismo psicológico y cósmico a la vez, que cada acto de sacrificio pone en juego y por el cual éste es transformado en energía espiritual, la que, a su vez, puede ser aplicada a diversos otros mecanismos y reaparecer sobre los planos de la forma en un tipo de fuerza íntegramente diferente de lo que fue en su origen.

Por ejemplo, un hombre puede sacrificar sus emociones a su carrera, o una mujer, su carrera a sus emociones. Si el acto es puro, sin arrepentimiento, un inmenso flujo de energía psíquica es liberado de esa manera en la dirección elegida. Pero si el deseo inferior se halla sólo reprimido en cuanto a su expresión y no realmente en el altar por un impulso de libre voluntad, la víctima infortunada de este acto sucumbe en dos mundos a la vez. Es aquí donde Gueburah nos es necesario, el cual, con un gesto sacerdotal rápido y fuerte, arranca de nuestras manos el objeto del deseo y lo golpea con un golpe misterioso, ofreciéndolo a la Divinidad, pues Gueburah es el Microcosmos, es decir, el Alma del hombre; es el coraje y la resolución que combate toda falsa indulgencia.

¡Qué falta nos hacen las virtudes espartanas de Gueburah en esta época de sentimentalidad neurótica¡ ¡Cuánta caída podríamos economizarnos si el Cirujano Celestial nos hiciera la herida oportuna que cura, evitando el compromiso fatal, la irresolución enfermiza, parecida a una herida entreabierta tan a menudo amenazada de gangrena¡

Si en este mundo ninguna mano fuerte sirviere al bien, el mal no cesaría de crecer. Si no es bueno apagar el tizón humeante cuando todavía arde, no es menos un error dejar que se expanda la ceniza que el atizador pondría en su lugar. Llega un momento en que la paciencia es debilidad, en que pierde su mejor tiempo, momentos en que la piedad se convierte en una locura y expone la inocencia al peligro. La táctica de no resistencia al mal no puede ser eficazmente empleada más que en una sociedad vigilada; esa táctica no tuvo nunca éxito cuando uno se encuentra cerca de las fronteras. La naturaleza, de dientes y garras rojas, lleva los colores de Gueburah. La civilización refinada es sin duda hija de Kjesed, la Misericordia, que transmuta la fuerza brutal y la destrucción excesiva de todo aquello que durante largo tiempo pertenece al aspecto del quinto Sephirah, Gueburah. Pero hay que recordar igualmente que la civilización se apoya en la naturaleza como un edificio en sus cimientos; es la condición sanitaria oculta, pero no menos necesaria para la salud pública.

Doquiera exista algo que obre para su propia utilidad, Gueburah debe emplear su método; donquiera reine el egoísmo, debe ser traspasado por la lanza de Gueburah; doquiera se ejercite la violencia contra el débil, o el uso sin cuartel de la fuerza, el sable de Gueburah y no el globo de Kjesed es el remedio eficaz; dondequiera haya robo y mentira, la verdad sagrada de Gueburah debe entrar en juego; doquiera cancelen los límites que nos protegen de nuestro vecino, la cadena de Gueburah debe intervenir.

Estas cosas son tan indispensables para la salud social e individual, como el amor fraternal; y son tanto más raras en nuestra época sentimental, si se trata de su uso a título de remedio y no de venganza. Quien grite delante del agresor "¡Detente¡" y "¡Adelante"¡ a los que despejan la ruta, desempeña su papel sacerdotal en la Esfera Sagrada del Quinto Sephirah.




II

Si observamos los fenómenos de la vida, comprobamos que el ritmo y no la inmovilidad es lo que caracteriza al principio vital. La estabilidad que muestra la existencia manifestada, es como la de un corredor en su bicicleta, en equilibrio entre dos posibles caídas; puede caer a derecha o a izquierda, pero por su habilidad la caída no se produce.

En la vida de los individuos, en el desarrollo de una transacción, en la actitud de todo grupo mental disciplinado y bien organizado, vemos producirse las influencias alternadas de Gueburah y de Guedulah, de un lado al otro, con un balanceo rítmico. Todos los que tengan la responsabilidad de conducir una agrupación organizada saben que es necesario tirar o aflojar las riendas sin cesar, estimular y estabilizar. Hay un sentido de la libertad necesaria para la sinceridad prudente, y un sentido para la represión que exige un ardor ciego. Si la represión no es ejercida con firmeza, la disolución o la revuelta amenazan al grupo. El prudente conoce el momento donde la reacción tendrá lugar, cuando llega el instante de hacer restallar el látigo de Gueburah sobre la cuadriga para que haya nuevamente un esfuerzo; sabe también que el látigo no debe ser empuñado muy a menudo cuando la cuadriga debe tomar un resuello, o cuando una de sus unidades menos segura tiene trabada una pata en los arneses.

En la vida pública, especialmente, nos podemos dar cuenta de los ritmos alternativos de Gueburah y Guedulah. Nos arriesgamos a profetizar que la nación inglesa está en camino de surgir de un aspecto jupiteriano para abordar uno marciano. En todas partes vemos que la misericordia, convertida en excesiva como consecuencia de las imperfecciones de la naturaleza humana, da paso a un rigor que hará respetar nuevamente una justicia bien organizada e impedirá que el mal crezca. La labor de la policía será más estricta, los jueces más severos, y en la reforma penal se producirá un compás de espera; ya no son los humanitarios quienes tendrán la última palabra. El alma grupal de la raza entra en una fase de Gueburah y le falta paciencia con respecto a sus unidades en retardo.

En este ciclo prevalecerá la tendencia a descartar decididamente al incapaz y concentrarse sobre el esfuerzo de conducir a su desarrollo más elevado lo que valga la pena. Gueburah será la cabeza de esta empresa, y toda atenuación de rigor que proponga Guedulah deberá pasar por un severo examen. Esta reforma era necesaria, pues al fin de un período es cuando tienden a prevalecer los excesos; el humanitarismo de Guedulah llevado a extremos es, a final de cuentas, ridículo; su refinamiento se ha convertido en pura debilidad y ha perdido el sentido de las realidades.

Cuando una nueva fase se eleva desde el seno del espíritu del alma grupal, es sobre sus partes menos iluminadas, sobre las masas, que se hace visible su influencia; la gente culta siente horror de los extremos; vemos que esto aparece en la conducta de algunos periodistas. Los periódicos populares piden a voz en cuello el uso del knut, lo mismo que denunciar las deudas y pactos internacionales; en resumen, piden servirse libremente del sable de Gueburah. En todas partes crece la tendencia a no sufrir más la estupidez, tendencia que obstaculiza la misión de los negociadores, pues Gueburah no comprende de negociar; y en toda discusión, su principal argumento es el gesto del príncipe griego que corta el nudo con su espada.

Conociendo la interacción de las fases, el iniciado no se afecta por ninguna, y se guarda de imaginar que una de ellas es el fin del mundo y que la otra es el milenio. Sabe que todas seguirán sus cursos, comenzando por una reacción necesaria contra la que les ha precedido, y concluyendo, a su turno, en el exceso; con tal que los iluminados de una raza sean suficientemente clarividentes, esta raza no perecerá; porque el solo hecho que se produzcan excesos, implica el fin de una curva, después de la cual, normalmente, el péndulo cambiará de nuevo y volverá a su equilibrio. Sólo cuando la clarividencia ha sido completamente abolida de un pueblo, el péndulo en la vida se desequilibra y lo conduce al suicidio. Este fue el caso de Roma, de Cartago y, últimamente, el caso de Rusia. Pero, aun cuando una organización social es destruída y el péndulo se agita al azar, el principio del ritmo inherente a toda existencia manifestada se restablece de inmediato cuando después del naufragio una nueva organización comienza a nacer.

La gran debilidad del cristianismo consiste en que ignora el ritmo. Opone Dios y el Diablo, en vez de unir Vishnú a Siva. Su dualismo es antagónico en vez de ser equilibrado y, de consiguiente, jamás puede surgir el tercer término funcional por medio del cual se equilibra el poder. Su Dios es por siempre jamás el mismo, ayer, hoy y mañana; no evoluciona parejo con su creación, sino se libra a un solo acto creador después del cual duerme sobre sus laureles. La total experiencia del hombre, su total conocimiento, es contrario a la verdad de una concepción semejante.

El concepto cristiano, siendo estático y no dinámico, no puede ver que porque una cosa parezca buena, su contraria no debe ser necesariamente mala. No tiene sentido de las proporciones, porque ignora esencialmente el principio del equilibrio en el espacio, como del ritmo en el tiempo. Por tanto, a los ojos del ideal cristiano, sucede a menudo que la parte es más importante que el todo. La dulzura, la piedad, la pureza y el amor constituyen el ideal cristiano y, como Nietzsche lo ha hecho notar, son virtudes del esclavo. En nuestro ideal deberíamos hacer lugar para las virtudes de los jefes, del guerrero: el coraje, la energía, la integridad, la justicia. El cristianismo no tiene nada que decirnos con respecto a estas virtudes dinámicas.




CAPITULO XX TIPHARETH, EL SEXTO SEPHIRAH

TÍTULO: Tiphareth, la Belleza. (Hebreo: Tau, Pe, Aleph, Resh, Tau).

IMAGEN MÁGICA: Un Rey majestuoso. Un niño. Un dios sacrificado.
POSICIÓN EN EL ÁRBOL: En el centro del Pilar del Equilibrio.

TEXTO YETSIRÁTICO: El Sexto Sendero es llamado "La Inteligen­cia Mediadora" porque en ella están multiplicadas las influencias de las emanaciones y hace que esas influencias se expandan en los canales de todas las bendiciones, a los cuales ellas están unidas por esencia.

TÍTULOS DADOS A TIPHARETH: Zoar, Anpin, el Rostro Menor. Melekh, el Rey. Adam, el Hijo. El Hombre.

NOMBRE DIVINO: El Tetragramma. Aloath Va Daath.
ARCÁNGEL: Raphael.
ORDEN ANGÉLICO: Malachim, Reyes.
CHAKRA MUNDANO: Shemesh, el Sol.
EXPERIENCIA ESPIRITUAL: Visión de la armonía de las cosas. Misterios de la Crucifixión

VIRTUD: Consagración a la Gran Obra.
VICIO: Orgullo.
CORRESPONDENCIA EN EL MICROCOSMOS: El pecho.
SÍMBOLOS: El Lamen. La Rosa Cruz. La Cruz del Calvario. La Pirámide truncada. El cubo.
CARTAS DEL TAROT: Los seis.
Seis de Bastos: Victoria.
Seis de Copas: Alegría
Seis de Espadas: Éxito merecido
Seis de Oros: Éxito material.
COLOR EN ATZILUTH: Rosa claro.
BRIAH: Amarillo
YETZIRAH: Rosa salmón.
ASSIAH: Oro ambarino.

I

Hay tres claves importantes que corresponden a la naturaleza de Tiphareth. Primero es el Centro del Equilibrio del Árbol por su posición en el medio del Pilar Central. En segundo lugar, es Kether sobre un arco inferior, y Yesod sobre un arco superior. Tercero, es el punto de transmutación entre los planos de la fuerza y los de la forma. los títulos que se le dan en la nomenclatura cabalística, confirman esto. Desde el punto de vista de Kether, es un niño; desde el punto de vista de Malkuth, un Rey, y desde el de la transmutación de las fuerzas, es un dios que se sacrifica.

Visto en término de Macrocosmos, es decir, visto desde Ke­ther, Tiphareth es el punto de equilibrio entre Kjesed y Guebu­rah; en términos de Macrocosmos, o sea de la psicología trascen­dental, es el punto donde se encuentran los tipos de conciencia característicos de Kether y de Yesod. Hod y Netzach encuentran igualmente su síntesis en Tiphareth

Los Seis Sephiroth, cuyo centro lo constituye Tiphareth, a ve­ces son llamados Adam Kadmon, el Hombre Arquetípico. En efec­to, Thiphareth no puede ser comprendido sino como punto central de los otros seis, donde gobierna como un rey en su reinado. Para todo fin práctico, estas seis Esferas son las que constituyen el reino arquetípico que se extiende tras el reino de las formas con­cretadas en Malkuth, el cual domina y determina totalmente la pasividad de la materia.

Considerando la relación de un Sephirah con sus vecinos, a fin de poderlo interpretar con la ayuda de su posición en el Árbol, no es posible proceder a una exposición sistemática y ordenada del sistema cabalístico, porque debemos comenzar necesariamente por explicaciones preliminares, si queremos ser claros. Por tanto, nos es necesario expresar brevemente la naturaleza de los tres Se­phiroth inferiores agrupados por debajo de Tiphareth, a saber: Netzach, Hod y Yesod.

Netzach está en relación con las fuerzas de la Naturaleza y con el contacto de los elementos. Hod, con la magia ceremonial y el saber oculto. Yesod, con el psiquismo y el doble etérico. Tiphareth, por su parte, asistido por Quedulah y Gueburah, representa la clarividencia o el psiquismo más elevado del individuo. Cada Sephirah, por supuesto, tiene sus aspectos objetivos y subjetivos, su factor en psicología y su plan en el universo.

Los cuatro Sephiroth que se hallan debajo de Tiphareth (Net­zach, Hod, Yesod, Malkuth) representan la personalidad o el yo inferior; los cuatro Sephiroth que están colocados sobre este Sexto Sephirah (Gueburah, Kjesed, Kjokmah, Binah) representan la individualidad o Yo Superior, siendo Kether la Chispa Divina, el punto central mismo de la manifestación.

De consiguiente, Thiphareth no debe ser examinado jamás co­mo factor aislado, sino como lazo de unión, como centro de trans­misión o transmutación. El Pilar CentraI concierne siempre a la conciencia; los dos Pilares laterales, a los diversos modos de ope­ración de la fuerza sobre todos los diferentes niveles. '

En Tiphareth hallamos los conceptos arquetípicos que se cris­talizan y se convierten en ideas arquetípicas. En efecto es el pun­to de la encarnación, y por esta razón es llamado el Niño. Y por­que la encarnación del divino ideal implica el sacrificio de la des­encarnación, los Misterios de la Crucifixión son asignados al Sex­to Sephirah, y todos los dioses sacrificados encuentran en él su justo lugar, cuando el Árbol es comparado a los Panteones — Dios Padre, es asignado a Kether; Dios Hijo, a Tiphareth, por la razón que acabamos de indicar.

La religión exotérica, ascendiendo por el Árbol, Jamás sobre­pasa la Esfera de Tiphareth. No tiene ninguna percepción adecuada de los Misterios de la Creación, tales como son evocados por el simbolismo de Kether, Kjokmah y Binah, ni modos de acción del Arcángel luminoso y del sombrío, representados por Guedulah y Gueburah; menos aun percibe los Misterios de la conciencia y de la transmutación de fuerza representados por Daath, el Sephirah invisible, para el cual no existe un símbolo.

Dios se manifiesta en Thiphareth por la forma, y habita entre nosotros; es decir, ÉL es percibido por la conciencia del hombre. Tiphareth, el Hijo, nos evoca al Padre, Kether.

Para que la forma pueda estabilizarse, las fuerzas opuestas cuyo resultado es la forma, deben llegar a su punto de equilibrio. De esta manera, encontramos que la idea de un Mediador o de un Redentor es inherente a este Sephirah. Cuando la Divinidad se manifiesta en la forma ésta debe estar perfectamente equilibrada También se podría invertir correctamente la proposición y decir: cuando las fuerzas de donde resulta la forma están en perfecto equilibrio, la Divinidad se manifiesta en la forma, se­gún su tipo. Dios se manifiesta entre nosotros cuando las condiciones se lo permiten.

Cuando se manifiesta en los planos de la forma bajo el aspec­to infantil de Tiphareth, el dios encarnado deviene hombre, y es entonces un dios Redentor. En otros términos' habiendo obtenido la encarnación por medio de una materia virgen (María, Marah, la Madre Superior por oposición a Malkuth, que es la Madre In­ferior). La manifestación Divina que se desarrolla hace un perpe­tuo esfuerzo para conducir a un equilibrio estable el Reino de los seis Sephiroth que forman el Centro del Árbol.

Cuando el mito de la Caída se presenta en el árbol de la Vida es interesante hacer notar que las cabezas de la Serpiente del Abismo que se eleva fuera del caos conciernen sólo a Tiphareth, al cual ellas no pueden sobrepasar.

El Redentor, pues, se halla manifestado en Tiphareth. y hace un esfuerzo incesante a fin de salvar Su Reino, reuniéndolo a los Sephiroth Superiores que están sobre la sima causada por la Caída. sima que separa los Inferiores de los otros, y estableciendo el equilibrio entre diferentes fuerzas del Reino dividido en seis Esferas.

Por esta razón los dioses encarnados se sacrifican, mueren por el pueblo, a fin de que la inmensa fuerza generada por este acto compense la fuerza caótica del Reino y por ello se salve es decir, que renazca el equilibrio.

Esta Esfera particular del árbol es llamada el Centro de Cris­to, y es aquí donde la religión cristiana tiene su centro. Las re­ligiones panteístas como la de los Egipcios y de los Griegos tie­nen su centro en Yesod; las metafísicas. como la de Confucio y Buda lo tienen en Kether. Pero como todas las religiones dignas de este nombre tienen un aspecto esotérico o místico, y otro exo­térico o panteísta, el Cristianismo, aunque su creencia pertenezca esencialmente a Tiphareth, tiene también un aspecto místico, proviene de Kether y un aspecto mágico—como lo muestra el catolicismo popular—que halla su centro en Yesod. En cuanto a su aspecto evangélico, se concentra en Tiphareth, reverenciado como el Niño y como Dios Sacrificado. Ignora, sí, el aspecto del Rey en el centro de Su Reino, rodeado por los cinco Sephiroth de la manifestación.

Hasta este momento hemos examinado el Árbol de la vida desde el punto de vista del macrocosmos, considerando los diver­sos arquetipos de la fuerza que, manifestándose, constituyen el Universo. Apenas hemos abordado el punto de vista del microcosmos, que considera el aspecto psicológico de los arquetipos co­mo factores de conciencia. Con Tiphareth es menester cambiar de rumbo, porque las fuerzas arquetípicas, en adelante, serán en­cerradas en las formas, y no podrán ya ser estudiadas más que por sus efectos en nuestra conciencia; en otras palabras, nuestro esfuerzo debe pasar por la experiencia directa de los sentidos, aunque ellos no pertenezcan exclusivamente al plano psíquico, porque funcionan en Tiphareth y Yesod a la vez, cada una conforme a su tipo. Cuando estábamos en los niveles superiores, teníamos el recurso de la analogía metafísica, y razonábamos por deduc­ción, partiendo de principios originales; pero ahora estamos en el campo de la ciencia inductiva, debiendo someternos a sus leyes y expresar en su propio lenguaje aquello que podamos descubrir. Pero, al mismo tiempo, debemos mantener nuestro lazo de unión a través de Thiphareth con los pensamientos trascendentales a los que se llega expresando el simbolismo del Sexto Sephirah en términos de experiencia mística. Toda experiencia mística don­de la visión concluya por una luz enceguecedora, es asignada a Tiphareth, porque la desaparición de la forma en el irresistible aflujo de la fuerza es característica del mundo de conciencia transitoria de este Sephirah. Las visiones que mantienen de manera cons­tante una forma claramente definida son características de Yesod; y las iluminaciones sin forma alguna como las que describe Plotino, conciernen más bien a Kether.

En Tiphareth se reúnen e interpretan las operaciones de magia natural de Netzach, y de magia hermética de Hod. Todas estas operaciones tienen una forma más predominante en la Esfera de Hod que en la de Netzach. Las visiones astrales de Yesod deben también ser traducidas en términos de metafísica, merced a las experiencias místicas de Tiphareth. Si esta traducción no tiene lugar, la alucinación se produce, porque entonces creemos que' los reflejos proyectados en el espejo de nuestra subconsciencia y traducidos en ella en términos de conciencia cerebral son cosas en sí, cuando en verdad no son más que representaciones simbólicas.

Kether es metafísico; Yesod psíquico, y Tiphareth es esencial mente místico comprendiéndose por misticismo un estado mental en el que la conciencia cesa de expresarse en representaciones simbólicas subconscientes, para aprehender su objeto por medio de emociones intuitivas.

Los diferentes títulos adicionales asignados a cada Sephirah y sus Nombres Divinos en particular nos dan una clave impor­tante para comprender los misterios de la Biblia, libro cabalístico de primera clase. Según la manera que este libro se refiera a la Deidad, sabemos a qué esfera del Árbol debe ser asignado su modo particular de manifestación. Toda alusión al Hijo se rela­ciona siempre a Tiphareth, toda alusión al Padre se vincula a Kether y todas las que se hacen al Espíritu Santo están relaciona­das a Yesod. Aquí se hallan ocultos profundos misterios, porque el Espíritu Santo es el aspecto de la Divinidad adorado por las logias ocultas. El culto panteísta de las fuerzas naturales y de las ope­raciones sobre los elementos se coloca bajo la invocación de Dios Padre; y el aspecto ético regenerador de la religión, su aspecto exotérico en nuestra época se efectúa en la invocación del Dios Hijo, en Tiphareth.

Sin embargo, el Iniciado va más allá de su época y procure reunir sus tres modos de adoración rindiendo culto a la Divinidad como Trinidad unitaria; compensando al hijo de la bajeza del cul­to panteísta hace que el Padre trascendente sea accesible a la conciencia humana porque ”los que me han visto vieron al Padre".

Tiphareth, no obstante no es sólo el centro del Dios Sacrifi­cado, sino el centro del Dios Embriagado Aquel que concede la Iluminación. Dionisio participa de este centro, como asimismo Osiris, porque como ya lo hemos visto el Pilar Central es el Pilar de los estados de conciencia; y la conciencia humana, ele­vándose de Yesod por el Sendero de la Flecha, recibe la Iluminación en Tiphareth, siendo la razón por la cual todos aquellos que en los diversos Panteones dispensan la Iluminación, son asignados a Tiphareth.

La Iluminación es la aspiración en el espíritu de un estado de conciencia más elevado que el que resulta de la experiencia sensi­ble; y es por ella que, por así decir, el espíritu cambia de aire. A menos que este nuevo modo de conciencia no esté vinculado con el pasado y se exprese en términos de pensamiento concreto, es un simple relámpago tan brillante que enceguece. No vemos por medio del rayo de luz que desciende a nosotros, sino por el reflejo que proyecta sobre los objetos de tres dimensiones que nos son conocidos. A menos que en nuestro espíritu no haya más que las ideas que puede iluminar ese modo más elevado de con­ciencia, estaremos simplemente aturdidos, y la obscuridad en nosotros es más profunda de lo que era antes de su pasaje. En efecto, no cambiamos precisamente de aire, sino proyectamos nuestro espíritu más allá de todo aire conocido. Es en esto que consiste el fenómeno que se llama Iluminación. Por breve que sea baste un relámpago para convencernos de la realidad de una exis­tencia hiperfísica, pero no para enseñarnos algo con respecto a ella.

La importancia del estadio de Thiphareth en la experiencia mística consiste en el hecho de que la Encarnación del Niño se produce ahí; dicho de otra manera, la experiencia mística engen­dra poco a poco un conjunto de ideas e imágenes que se convier­ten en resplandecientes y visibles, cuando la Iluminación se efectúa.

Este aspecto infantil de Tiphareth es asimismo de una gran im­portancia para nosotros en el trabajo práctico de los misterios rela­tivos a la Iluminación. Porque debemos aceptar el hecho de que el Niño‑Cristo no surge en nosotros como Minerva, armada de pies a cabeza, fuera del frente del Padre de los Dioses; él comienza por ser algo muy débil, extendido humildemente entre los animales, sin ni siquiera ser admitido en la sala donde respire el común de los hombres. Los primeros rayos de la experiencia mística deben ser forzosamente limitados, porque no hemos tenido tiempo para for­mar un cuerpo de ideas y de imágenes en los cuales esos rayos podrían resplandecer. Es necesario mucho tiempo para formar un cuerpo semejante, produciendo su efecto cada experiencia tras­cendental, efecto que organiza la meditación subsiguiente.

Frecuentemente los místicos cometen el error de creer que la Estrella los conduce al lugar del Sermón de la Montaña y no al Establo de Belén donde tuvo lugar el nacimiento. Es entonces cuando el Árbol de la Vida es tan útil; permite a lo trascendental expresarse por un simbolismo y, en seguida, a éste ser traducido en términos de metafísica; de esta manera, une lo espiritual a lo psíquico, pasando por la inteligencia, y con un fuego central ilumina estos tres aspectos de nuestra conciencia trina.

Es en Tiphareth donde se produce esta operación, porque en este Sephirah son recibidas las experiencias místicas de conciencia directa que iluminan los símbolos psíquicos.



II

El Pilar Central del Árbol de la Vida es esencialmente el Pilar de la Conciencia, lo mismo que los Pilares laterales son los poderes activos y pasivos. Examinándolo desde el punto de vista del microcosmos, es decir, de la psicología y no de la cosmogonía, Kether, la Chispa Divina, en torno al cual se organiza el ser individualizado, debe ser considerado como el punto central mismo de la conciencia . Daath , el Sephirah invisible, se halla también en el Pilar del medio, aunque, en verdad, pertenece a un plan di­ferente al del Árbol de la Vida. Cuando, por ejemplo, examina­mos a este último microcósmicamente, Daath vendría a ser su punto de contacto con el mocrocosmos. Es sólo con Tiphareth que alcanzamos la conciencia netamente definida, individualizada.

Tiphareth es el punto funcional de la segunda Tríada del Árbol, cuyos dos ángulos básicos consisten en Gueburah y Guedulah (o Kjesed). Esta Segunda Tríada, emanada de la primera forma­da por los tres Sephiroth Superiores, forma la individualidad evolutiva, o alma espiritual. Es ella la que perdura y se repite a través de una evolución; es de ella que emanan las personalida­des sucesivas, o encarnaciones; es ella quien almacena la esen­cia activa de la experiencia, al fin de cada encarnación, cuando la unidad encarnada vuelve al polvo, al éter.

Esta segunda Tríada es la que forma el Alma Superior, el Yo Superior, el Santo Ángel Guardián, el Primer Iniciador. Es la voz del Yo Superior que percibe el oído interior y no la voz de los desencarnados ni de Dios, como imaginan los que ignoran la ver­dadera Tradición.

Guiada por la Segunda Triada, la Tercera construye con los materiales que le ofrece la experiencia de la encarnación, con Mal­kuth como vehículo físico. La conciencia cerebral pertenece a Mal­kuth, y es la única de que dispondremos mientras estemos apri­sionados por su vehículos. Pero las puertas de Malkuth no perma­necen rigurosamente cerradas, y en la actualidad son muchos los que pueden entrever la fantasmagoría del plan astral y experimentar la conciencia psíquica de Yesod. Cuando se la logra libre­mente, se abre la ruta hacia un psiquismo más elevado, la clari­videncia auténtica, que constituye la heredad de la conciencia de Tiphareth.

De consiguiente, nuestra primera experiencia de psiquismo su­perior, en general, se realiza para comenzar, en términos de psi­quismo inferior, porque recién entonces nos hemos librado apenas de Malkuth y comenzamos a mirar hacia el Sol de Tiphareth, des­de la Esfera lunar de Yesod. Escuchamos voces en el oído interior y vemos visiones con la vista interior, pero todas ellas difieren de la conciencia psíquica ordinaria, en el hecho de que no son las representaciones directas de formas astrales, sino los signos sim­bólicos de hechos espirituales expresados en términos de concien­cia astral. Esto es una función normal del subconsciente, y es de capital importancia comprenderlo debidamente, porque los equívo­cos a este respecto producen graves problemas, y pueden hasta desorganizar el equilibrio mental.

Los que están familiarizados con la terminología cabalística saben que la primera Gran Iniciación nos da el poder de conver­sar con nuestro Santo Ángel Guardián y participar de su saber; y es bueno recordar que este Santo Ángel Guardián no es otro que nuestro Yo Superior. La característica de este modo de men­talidad elevada es que no se producen voces ni visiones, porque es conciencia pura, y una percepción más intensa; de esta actividad del espíritu resulta un poder particular de penetración que es de la naturaleza de la intuición más elevada. La conciencia superior jamás es psíquica, sino permanentemente intuitiva, y no contie­ne imagen sensible alguna. Es esta ausencia de imágenes lo que advierte al verdadero Iniciado que ha alcanzado el nivel del Ego.

Los antiguos sabían bien lo que acabamos de expresar, y distinguían cuidadosamente los métodos mánticos que ponen en con­tacto con los mundos de abajo, con los mundos de la ebriedad di­vina conferida por los Misterios. Las Bacantes que danzan en me­moria de Dionisio eran de un orden de iniciación completamente diferente de las Pitonisas, las cuales eran médium, esto es, psíquicas. Las Bacantes iniciadas en los Misterios Dionisíacos po­seían una exaltación de conciencia, una superabundancia de vi­talidad, que les permitía realizar sorprendentes proezas de fuerza.

Todas las religiones dinámicas poseen este aspecto dionisíaco. Aun en la cristiana, muchos santos han tenido la experiencia del Divino Crucificado que adoraban, yendo hacia ellos como el Divino Esposo. Cuando hablan de esta ebriedad divina las metáforas del amor humano vienen instintivamente a sus labios. "¡Que adorable eres, oh esposo mío" "Aturdido por los besos de sus labios divinos.... Estas palabras dicen mucho para quienes sabe comprenderlas.

El aspecto dionisíaco de la religión representa un factor esencial de la psicología humana; por una parte, es la incomprensión de este factor lo que nos cierra el portal de las experiencias espirituales sublimes en nuestra civilización actual, y permite, por otra parte, esas extrañas aberraciones del sentimiento religioso, que, de tiempo en tiempo, producen un escándalo más o menos lamentable, en vez de movimientos inspirados de religiones más dinámicas.

Hay una cierta concentración emocional exaltada que hace posible las fases elevadas de la conciencia, y sin esa concentración no es posible alcanzarlas. Las imágenes del plano astral se trans­forman en intensidad de emoción parecida a una llama y, cuan­do la naturaleza grosera ha sido totalmente consumida, a menu­do nos hallamos calentados por el color de la conciencia pura. A causa de la naturaleza misma del espíritu humano que tiene el cerebro por instrumento, esta llama blanca no puede durar; pe­ro, durante su breve existencia, el temperamento se transforma, el espíritu recibe nuevos conceptos y una especie de amplitud que no se disipa jamás del todo. Esta extraordinaria exaltación de conciencia se retira, pero la expansión de la personalidad lle­ga a ser permanente, como asimismo una capacidad más elevada de vida y un poder de realización de las verdades espirituales que jamás podría haber sido nuestro, si no hubiésemos franqueado violentamente el abismo que nos separa de él, en el gran vuelo del éxtasis.

Los que en la actualidad nos dirigen espiritualmente, no tie­nen idea de los métodos por los cuales se logra de modo delibe­rado el estado de éxtasis, y tampoco se saben servir de éste cuan­do se produce espontáneamente. los oradores de ciertas sectas, por su magnetismo instintivo, logran producir algo parecido al éxtasis en un auditorio no preparado, y los menos recomendables de entre ellos son juzgados según su poder de embriagar de esa manera su público. Pero las consecuencias de esa embriaguez es la de toda ebriedad: cuando se ha esfumado y el orador lleva consigo a otras partes sus discursos, la vida parece sombría, sin contenido ni alegrías. Y al esfumarse así su ebriedad, el converti­do piensa haber perdido a Dios; nadie parece darse cuenta de que el éxtasis es un relámpago de magnesio en la conciencia ordina­ria que, si se prolongase, arruinaría el cerebro y el sistema ner­vioso. Sin embargo, aunque no deba perseguirse, cuando el éx­tasis es verdadero, atravesamos el punto muerto de nuestra con­ciencia y despertamos a otra vida.

La técnica del Árbol de la Vida da una definición muy exac­ta de sus experiencias especiales. Merced a ella, los que son ex­pertos no toman el vuelo de su conciencia. superior por la voz de Dios. De la conciencia sensorial de Malkuth, pasando por el psi­quismo astral de Yesod, ellos ascienden a la intuición sin imáge­nes, a la conciencia sutil de Tipharet, para descender de inme­diato, suavemente, sabiendo lo que hacen. Ellos no confunden los planos y tampoco les permiten mezclarse, sino juzgan a todos des­de el centro de una conciencia centralizada.

III

Los cabalistas llaman a Tiphareth, Shemesh o la Esfera del Sol, y a este respecto es interesante hacer notar que todos los dioses solares son dioses salvadores y todos los dioses salvadores son solares, cosa que merece ser meditada.

El Sol es el punto central de nuestra existencia, y sin él no exis­tiría el sistema solar. La luz del Sol desempeña un papel capital en el metabolismo, o sea el proceso vital de los seres vivientes; toda la nutrición de las plantas verdes depende de él. Su influen­cia está íntimamente ligada a la de las vitaminas, y es un hecho probado que éstas, en ciertos casos, pueden suplir su acción. Por ello vemos que la luz solar es un factor esencial de nuestro bien­estar; y yendo más lejos, podríamos afirmar que es necesaria pa­ra nuestra misma existencia; nuestra relación con el Sol es mu­cho más íntima de lo que podamos imaginar.

En el reino mineral, el símbolo del Sol es el oro, precioso y puro; todas las naciones lo han reconocido, nombrándolo el metal del Sol, viendo en él el más precioso de los metales y convirtiéndolo en la base única de los cambios monetarios. El papel desem­peñado por el oro en la política de los pueblos sobrepasa en mu­cho su utilidad intrínseca como metal. Es la sola substancia te­rrestre que, en grado máximo, es incorruptible, porque podrá estar completamente cubierta en su superficie por impurezas, pero metal en sí, diferentemente de la plata y el hierro, no sufre ninguna alteración química, ni descomposición alguna; podríamos agregar que tampoco el agua lo corroe.

El Sol es Aquel que nos da la vida, y la fuente misma del ser; es el único símbolo adecuado para Dios‑Padre que puede ser llamado justamente Sol tras el Sol, siendo Tiphareth, por este hecho, el reflejo inmediato de Kether. Es por la mediación del Sol que la vida se manifiesta en la Tierra, y es por medio de la conciencia de Tiphareth que nos ponemos en contacto con todas las fuerzas vitales que podamos, consciente e inconscientemente a la vez

Ante todo, el Sol es el símbolo de la energía manifestada: lo influjos ininterrumpidos y excepcionales de la energía solar so' los que causan la ebriedad divina del éxtasis; el oro, base de la monedas, es la representación objetiva de la fuerza vital exterior porque, en verdad, el dinero es la vida, la vida es el dinero, toda vez que sin él no podemos tener ninguna plenitud de vida. La fuerza vital, manifestada en el plano físico como energía, y en el plano mental como inteligencia y saber, puede ser transmutada en dinero por medio de procesos alquímicos, signos de la capacidad o energía de quien los emplea. El dinero es el símbolo de la energía humana, por medio del cual podemos acumular, hora por hora el producto de nuestro trabajo, recibiéndolo como salario al fin de la semana, gastándolo en cosas útiles o ahorrándolo para el uso futuro que consideremos conveniente. El oro representado por los cheques es un símbolo de la energía humana y no puede ser ganado más que por un esfuerzo de esta energía. Cualquiera sea le energía de un padre o de un esposo transmitida por la heren­cia, siempre es el símbolo de una energía humana en una esfera dada, aunque ello sea en una sociedad de ladrones.

Los movimientos subterráneos y secretos del dinero obran en el organismo de las naciones de la misma manera que las hor­monas en el cuerpo humano, y hay leyes cósmicas insospechadas por los economistas que gobiernan esos movimientos rítmicos e intermitentes.

Kether, el espacio, la fuente de toda existencia, se refleja en Tiphareth, que es un agente de distribución y un distribuidor de la energía espiritual primordial. Recibimos directamente esta ener­gía por medio de la claridad solar, e indirectamente por la clorofila de las plantas verdes que les permite utilizar la luz, y también la recibimos, aunque de una manera que podríamos decir "de segunda mano", por medio de los tejidos de los animales herbívoros. ‑ -

Pero el dios Solar es algo más que una fuente de vida: es tam­bién el sanador cuando la vida está amenazada, pues ella, sus ex­cesos, sus errores y sus deficiencias, es lo que constituye la acti­vidad en los procesos de la enfermedad, la cual no dispone de más energía que la tomada de la vida del organismo. Toda curación debe consistir en reajustes de la fuerza vital, y son los dioses so­lares a quienes hay que invocar con este objeto, a consecuencia de la relación intima entre el Sol y la Vida. El conocimiento de es­tos hechos y la manipulación de la influencia solar eran los me­dios de curación empleados por los antiguos Sacerdotes Iniciados. En la Grecia antigua, esos medios eran el fundamento, los cimien­tos de Esculapio.

Nosotros, los modernos, hemos aprendido el valor de la luz solar y de las vitaminas en nuestra economía fisiológica, pero no hemos realizado el papel capital del aspecto espiritual de su in­fluencia en nuestra economía psíquica, comprendiéndose este tér­mino según la acepción que nos da el diccionario. Hay un factor Tipharéthico en el alma del hombre, factor que, según la antigua tradición, tiene su correspondencia física en el plexo solar --no en el corazón ni en la cabeza-- y que tiene el poder de concentrar el aspecto sutil de la energía del sol, de la misma manera que la clorofila concentra un aspecto más tangible en la flor de una planta. Si por cualquier circunstancia estamos impedidos de asi­milar esta energía, nos volvemos tan enfermizos, débiles de espíritu y de cuerpo, como una planta que crece en una caverna, privada de la claridad que la alimenta.

Esta separación con el aspecto espiritual de la naturaleza es debido sólo a actitudes mentales. Cuando rehusamos reconocer nuestro papel verdadero en la Naturaleza, y el de ella en nos­otros, impedimos el doble juego de ese magnetismo vital entre la parte y el todo; y, faltándonos los elementos esenciales para el crecimiento espiritual, no podremos lograr la salud psíquica.

' Los psicoanalistas dan una gran importancia a la represión como causa de los desórdenes psíquicos; han aprendido a reconocer esto, porque en los casos extremos de represión sexual sus pési­mos efectos son evidentes. Sin embargo, no han aprendido que esa represión sexual de que hablamos --a menos que no nazca por determinadas circunstancias, en cuyo caso no da lugar a la disociación-- no es más que el resultado de una causa más profunda que el sexo mismo, causa que tiene sus raíces en una falsa espiritualidad, un idealismo malsano que pretende privarse de la simpatía, de la franqueza, de la gratitud que debe experimentar un criatura viviente hacia Aquel que le da la Vida, el más elevado bienhechor de la Naturaleza. Todo esto proviene de un orgullo espiritual que considera indigno los aspectos naturales primitivos.

A causa de ese falso ideal y de sus valores irreales, es por lo que hay tanta neurastenia en nuestros medios sociales. Porque Cloácina y Priapo no son honrados como dioses, es por lo que nosotros somos maldecidos por el dios Solar y separados de su benigna influencia , pues el insulto a sus aspectos inferiores es lo mismo que un insulto dirigido a él.

Cuando un ser no es apto para la reproducción, el llamado del sexo le es repulsivo; es la base natural del pudor que protege el organismo contra el derroche y el agotamiento. La acumulación de desperdicios causa una perturbación fisiológica creando dolores insoportables para toda criatura viviente, por poco desarrollada que sea, y evita su acercamiento. Nuestras condiciones artificiales de vida han sacado miles de prejuicios irracionales y nefastos de esas dos repulsiones tan racionales y útiles en las condiciones naturales. La repulsión cesa de ser normal y no sirve para su meta biológica.

Nuestra conducta con respecto a dos funciones importantes de la vida natural implica que ellas son anormales, despreciables y funestas. De consiguiente, si suprimimos el contacto terrestre el circuito se destruye y, asimismo, nos faltarán los contactos celestes. El circuito cósmico desciende de Kether a través de Tiphareth y Yesod hacia Malkuth; si el circuito está roto en alguna parte no funciona más. Es verdad que, mientras se viva, es imposible destruirlo del todo, pues los procesos de la vida se hallan tan profundamente arraigados en la naturaleza, que no se les puede suprimir totalmente; pero, una actitud mental puede desviar la corriente, aislarla y pervertirla, hasta el punto que sólo un influjo mínimo circula a través de los obstáculos en un organismo debilitado.

En Tiphareth, el centro Solar, lo espiritual se manifiesta por lo natural, y debemos reverenciar el Dios Solar para comprende que él representa la expresión natural de las realidades espirituales. Es enorme la influencia que sobre la historia de los do­lores humanos tiene la espiritualización de las funciones natu­rales.


IV

A la luz de lo que ya sabemos sobre el significado de Tipha­reth, los símbolos a él asignados constituyen un estudio de los más instructivos, porque tenemos ahí un ejemplo muy claro de la manera en que, para cada Sephirah , los símbolos que lo repre­sentan se entrelazan en una interminable corriente de asociacio­nes concatenadas.

El sentido de la palabra hebrea TIPHARETH es Belleza. De las múltiples definiciones que han sido dadas a este término, la más satisfactoria es aquella que hace consistir la Belleza en una rela­ción de proporciones armoniosas, cualquiera sea la cosa en cues­tión material o moral. Por tanto, es interesante notar que el Sephirah de la Belleza es el punto central del íntegro equilibrio del Árbol, y que una de cada dos experiencias espirituales evoca­das por Tiphareth es la visión de la Armonía de las Cosas.

Es curioso que dos Experiencias Espirituales diferentes, y a primera vista sin relación reciproca, estén asignadas a Tiphareth; en efecto, es el único Sephiroth del Árbol que ofrece esta anomalía. Todavía solo, se ve asignar diversas Imágenes Mágicas; de consiguiente, debemos preguntarnos por qué es el Sephirah central el que ofrece estos múltiples aspectos. La respuesta se encuentra en el Sepher Yetzirah concerniente a Tiphareh, en la parte que dice: "El Sexto Sendero tiene por nombre Inteli­gencia Mediadora,. Ahora bien: un mediador es, esencialmente, un intermediario, un lazo de unión; por tanto, Tiphareth en su posición central, debe ser observado como una fuente de doble corriente y en efecto, recibe por una parte los influjos de las Emanaciones, y por otra hace expandir esta influencia "en todos los canales de Bendiciones". De consiguiente, debemos considerarlo como la manifestación exterior de los Sephiroth más sutiles y, asimismo, como el principio espiritual de los cuatro Sephiroth más densos que él. Desde el punto de vista de la fuerza, Tiphareth es forma; y desde el de la forma, es fuerza. En efecto, es el Sephirah arquetípico en el cual todos los grandes principios representados por los Sephirah superiores se hallan formulados en conceptos.

“En él están multiplicados los influjos de las emanaciones”, como dice el Sepher Yetzirah.

El nombre Zoar Anpin, el Rostro Menor, opuesto al Arik Anpin, el Rostro Inmenso --uno de los títulos de Kether--, confirma en su máximo grado esta idea; en efecto, los principios amorfos de Kether toman una forma en la Esfera abstracta del espíritu superior. Así, como dejamos dicho, Kether se refleja en Tiphareth. El Anciano de los Dias ve Su Imagen en un espejo y esta apariencia reflejada del Rostro Inmenso o del Padre es el Rostro Menor o el Hijo.

Tiphareth, vista desde arriba, es la manifestación menor y nueva generación, y vista desde abajo, es decir, desde Yesod Malkuth, es Adam‑Katmon o el hombre Arquetipo; Tiphareth Melekh, el Rey, el esposo de Malkan, la Esposa, uno de los títulos de Malkuth.

En Tiphareth es donde encontramos las ideas arquetípicas que; forman el andamiaje invisible de toda la Creación manifestada, formulando los principios originales de los Sephiroth más sutiles Se podría decir que es un tesoro de imágenes acumulado sobre un plano superior; pero, mientras Que las imágenes del plano astral reflejan las formas, las de Tiphareth, cristalizándolas de alguna manera, nacen de las emanaciones espirituales provenientes de los poderes más elevados.

Tiphareth es el mediador entre el Macrocosmos y el Microcosmos. "Como arriba es abajo", tal es la clave de la Esfera Shemesk donde el Sol que se halla en el transfondo del sol, se condensa en la manifestación.

En la anatomía del Hombre Celeste se encuentra la interpretación de toda organización y de toda evolución; en efecto, el universo material es, literalmente, los órganos y los miembros del Hombre Celeste; y comprendiendo el alma de Adam Kadmon, que' consiste en "el influjo de las emanaciones", es como podemos interpretar su anatomía en términos funcionales, lo cual es el único método inteligente para juzgar una anatomía. La ciencia, en general, es tan vacía de todo contenido filosófico porque se contenta con ser descriptiva y retrocede frente a las explicaciones verdaderas.

En la psicología trascendental, la cual es la anatomía del mi­crocosmos, el pecho corresponde a Tiphareth. En él se hallan los pulmones y el corazón, y debajo de estos órganos. en relación intima con ellos y controlándolos, está el gran núcleo de nervios conocido bajo el nombre de plexo solar, nombre que con justicia fué dado por los antiguos. Los pulmones mantienen una relación singularmente estrecha entre el Macrocosmos y el Microcosmos, determinando la salida y la entrada de la incesante marea atmosférica, que no se detiene de día ni de noche, hasta que el Vaso de oro se rompa, que el hilo de plata se corte y que cese nuestra respiración. El corazón determine la circulación de la sangre, la cual, según la penetrante definición de Paracelso, es "un flúido muy particular”. La medicina sabe muy bien lo que la luz solar es para la sangre. Asimismo, ha reconocido que la clorofila, subs­tancia verde de las hojas de las plantas que les permite utilizar la luz solar como fuente de su energía, tiene una influencia muy fuerte sobre la presión de la sangre.

Las Tres Imágenes Mágicas de Tiphareth son curiosas y a primera vista parecen carecer de una relación recíproca y ser contradictorias. Pero, a la luz de lo que hemos podido aprender de Tiphareth, su sentido y su relación aparecen claramente a través del lenguaje simbólico, sobre todo cuando se las estudia comparándolas a la vida de Jesucristo o el Hijo.

Tiphareth primera condensación de los Sephiroth superiores, es Justamente representado como el Niño recién nacido en el es­tablo de Belén; como Dios sacrificado, se convierte en el Mediador entre Dios y el hombre; y cuando resucita de entre los muertos es Rey en su reino. Tiphareth es el Hijo de Kether y el rey de Malkuth y, en su propia Esfera, El, el sacrificado.

No comprenderemos a Tiphareth si no tenemos alguna noción del sentido exacto del sacrificio, el cual difiere mucho del sen­tido popular que lo concibe como una pérdida voluntaria de algo que nos es querido. El sacrificio es la transferencia de la fuerza de una forma a otra. En realidad, no existe la destrucción de una fuerza; por completa que nos parezca su desaparición. ella permanece inalterable en virtud de la gran ley natural de la conservación de la energía, la cual mantiene en existencia a nuestro universo. La energía puede estar encerrada en una forma y, por eso, ser estática. o también puede franquear esta prisión de la forma para circular libremente. Cuando hacemos un sacrificio cualquiera, tomamos una forma estática de energía , y, rompiendo la envoltura que la retiene prisionera, la libramos a la circulación en el Cosmos. Lo que de esa manera sacrificamos, vuelve a tomar otra forma en un tiempo determinado. Si aplicamos esta concepción a las ideas religiosas y éticas del sacrificio obtendremos algunos resultados notables.

El Nombre Divino de esta Esfera es Aloah Va Daath, nombre que está íntimamente asociado con el Sephirah invisible que halla entre Tiphareth y Kether. Como hemos vista, este Sephir puede ser aproximadamente definido por el término "entendimiento" o el alborear de la conciencia; y podemos traducir la frase Aloah Va Daath, Tetragrammaton por Dios manifestado en la Esfera del Espíritu.

En el microcosmos Tiphareth representa el psiquismo superior al modo de conciencia de la individualidad o Ego. Es esencialmente la Esfera del misticismo religioso y también lo opuesto a la magia y al psiquismo de Yesod; porque, como lo recordaremos, los Sephiroth del Pilar Central representan niveles de conciencia y los Sephiroth de los Pilares laterales, sus poderes y sus modos de funcionamiento. Se nos dice que Tiphareth es la Esfera de los Maestros; es el Templo eterno en los cielos, que mano alguna, ha construido; es la Gran Logia Blanca. Es aquí, encontrando a los Maestros, donde el Adepto iniciado funciona en su más alta conciencia, y es por las sílabas del Nombre, por la justa comprensión del sentido de ese Nombre, Aloah Va Daath, que él se abre a esta conciencia superior.

Un nombre llega a ser para nosotros un Nombre de Poder en la medida que nos compenetramos de su significado. Para el asesino, el nombre de su víctima es una palabra de poder; y tal es el poder conocido que, en ciertos países , un instrumento destinado para registrar la presión de la sangre se sujeta al brazo de un sospechoso mientras la policía lo interroga; el nombre del muerto y otras palabras relacionadas al crimen, se le murmuran al oído, y si éstas son "palabras de poder” para él, el instrumento las registra de inmediato y sin error posible.

La creencia popular imagina que los nombres de poder tienen una influencia directa sobre los ángeles, los demonios y otros seres, pero no es así. En realidad, el nombre de poder obra en el mago y le permite, exaltando y dirigiendo su conciencia, entrar en contacto con una influencia espiritual determinada; si tiene una experiencia cualquiera de ese tipo particular de influencia, el Nombre de Poder despertará notables recuerdos inconscientes; y si no tiene experiencia y aborda la prueba con falta de imaginación y con la incredulidad de un escolar, los “Nombres bárbaros de evocación" serán para él sílabas sin fuerza, un ver­dadero hocus pocus. Es necesario notar que, para el creyente cató­lico, ese término: hocus pocus, que para el protestante significa la superstición y el fraude, tiene el sentido de Hoc Est Corpus, lo cual es algo por completo diferente. En estos tópicos, no es sino el punto de vista lo que importa.

Es por esta razón que una definida experiencia espiritual es asignada a cada Sephirah, y mientras una persona no la haya ex­perimentado, no será iniciada en este Sephirah. Con respecto a los Nombres de Poder, no podrá usarlos. Según la tradición, no es suficiente conocer un Nombre de Poder, sino es menester saber como se lo hace vibrar. Generalmente se cree que la vibración de un nombre es la nota justa en la que se lo canta; pero la vibración mágica exige algo por completo diferente. Cuando se experimenta una profunda emoción y, al mismo tiempo, se siente devocional­mente exaltado, la voz baja en muchos tonos de su ritmo normal llega a ser resonante y vibrante; ese temblor de emoción del acento de la devoción es lo que constituye la pauta vibratoria de un Nombre, lo cual no puede ser enseñado ni aprendido, porque es un fenómeno instintivo; es como el viento que sopla donde quiere. Cuando acontece, uno es sacudido de pies a cabeza como una olea­da de fuego, y todos los que lo sienten escuchan aun contra su voluntad. Escuchar vibrar un Nombre de Poder es una experien­cia extraordinaria; pero lo es más aún hacerlo vibrar uno mismo.

El arcángel de Tiphareth es Raphael o “el Espíritu que está en el Sol”; es también el Espíritu que sana.

Cuando el iniciado “'trabaja” en el Árbol, es decir, cuando evoca imaginariamente en su aura un diagrama del Árbol de la Vida, formula a Tiphareth en su plexo solar, entre el pecho y el abdo­men; si anhela trabajar en la Esfera del Sexto Sephiroth y con­centra su espíritu en este centro, a menudo se halla que se ha convertido en un espíritu de pie, en el sol, rodeado de la fotos­fera inflamada. Una cosa es situar un Sephirah en su aura, y otra bien diferente transportarse a ese Sephirah. Como primera operación, se puede recibir la influencia del Sephirah, lo que constituye un buen método para la meditación diaria; como se­gunda operación, la posición se invierte, y lo interior se convierte en exterior: en vez de tener en sí el Sephirah, se penetra en él, y es solamente entonces cuando se puede emplear su poder. Esta segunda experiencia es lo que forma el punto culminante de un Sephirah.

El orden Angélico de Tiphareth es el de los Malachim o Reyes, que son los principios espirituales de las fuerzas naturales; nadie puede controlar esas fuerzas ni siquiera ponerse en contacto sin peligro con esos principios elementales, a menos de poseer la iniciación de Tiphareth, que es la de un Adepto Menor. Pues es menester haber sido aceptado por esos Principes de los Elementos es decir, es necesario haber realizado la ultérrima naturaleza espiritual de las fuerzas naturales, antes de poderlas usar bajo forma elemental. En esta forma elemental subjetiva, ellas aparecen en el Microcosmos como poderosos instintos de combate, de reproducción, de degradación, de exaltación y otros factores emocionales bien conocidos por todos los psicólogos . De consiguiente, es evidente que si despertamos y estimulamos estas emociones de nuestra naturaleza, se deberá hacerlo para usarlas como servidores de nuestro Ego, es decir, de la razón y del principio espiritual que mora en nosotros. Es necesario, por tanto, que cuando queremos servirnos de las fuerzas elementales, lo hagamos con la ayuda de los Reyes, bajo la presidencia del Arcángel y la invocación de Nombre Divino apropiado a la Esfera Celeste. Desde el punto de vista del Microcosmos, esto significa que los poderes elementales de nuestra naturaleza están en relación con el Yo Superior en vez de estar disociados en el mundo interior de los Qliphoth el cual es “el inconsciente” de Freud.

Se sobreentiende que las operaciones elementales no se cumplen en la Esfera del Triphareth; pero es necesario que ellas sean controladas desde lo alto de esta Esfera por poca Magia Blanca que se efectúe; faltando ese control, la Magia Negra surge de inmediato. Se dice que, cuando la Caída, los cuatro Sephiroth in­feriores se separaron de Tiphareth y fueron asignados a los Qli­photh. Cuando las fuerzas elementales se separan de sus principios espirituales en nuestros conceptos y se convierten en fines en sí, aunque no se pretenda ningún mal y se trate de una simple expe­riencia, se produce inevitablemente una caída acompañada por la degeneración. Pero cuando realizamos claramente el principio es­piritual que por doquier domina en la naturaleza, hay estado de inocencia, para usar este término teológico en un sentido definido; en este caso la caída no se produce; podemos trabajar en segu­ridad y desarrollar fructíferamente esta clase de fuerzas en el seno de nuestra propia naturaleza, conduciendo así la Libertad, el Equilibrio, tan necesarios para la salud del espíritu. Esta correlación de lo espiritual y de lo natural, que evita toda caída a este ultimo y lo mantiene en estado de inocencia, prácticamente es uno de los puntos más importantes tratándose de Magia.


V

Como ya se ha comprobado, dos distintas experiencias espirituales concurren a la iniciación de Tiphareth: la Visión de la Armonía de las Cosas y la Visión de los Misterios de la Crucifixión. Ya hemos hecho notar que Tiphareth ofrece dos aspectos y que, de consiguiente, son normales dos experiencias espirituales para la Iniciación .

En la Visión de la Armonía de las Cosas, echamos una profunda mirada a la parte espiritual de la Naturaleza; en otros términos, nos encontramos con los Malachim o Reyes angélicos. Por medio de esta experiencia percibimos que la naturaleza es sólo el aspecto más dense del espíritu, la "Túnica exterior que oculta" cubriendo la “Túnica Interior de Gloria". Esta percepción del sentido espiritual de la Naturaleza, tan lamentablemente deficiente en nuestra vida religiosa actual, es responsable de tantas enfermedades de los nervios y de tantas desgracias conyugales.

Es por la Visión de la armonía de las Cosas que nos unimos a la Naturaleza, y no por medio de contactos elementales. Los seres humanos que de una u otra manera se hayan elevado por encima del grado primitivo no pueden unirse a la Naturaleza sobre el nivel elemental sin incurrir en la degradación, la bestialidad, en los dos sentidos de este término. Los contactos naturales tienen lugar por el intermediario de los Reyes angélicos de los Elementos en la Esfera de Tiphareth, o sea por la realización de los principios espirituales que dominan la Naturaleza; y en este caso, el Iniciado aborda a los seres elementales en nombre del Rey que los gobierna. De alguna manera desciende a los reinos elementales en nombre del Rey que los gobierna. De alguna manera desciende a los reinos elementales, trayendo consigo su virilidad, y obra entonces sobre los elementos como un Iniciador; si los busca sobre el nivel que les es propio, abjure de su virilidad, y retorna a una fase de evolución anterior. La fuerza elemental no limitada y tenida en jaque por las fuerzas de un cerebro humano se convierte en un poder desequilibrado que se expande por los vastos canales de la inteligencia humana; el resultado es el caos el cual es el Reino de los Qlipoth.

Los misterios de la Crucifixión son macrocósmicos y microcósmicas a la vez. Bajo su aspecto macrocósmico, lo hallamos en las mentes de los Grandes Redentores de la Humanidad, los cuales nacen siempre de un dios y de una Virgen madre, confirmando así una vez más, la naturaleza dual de Tiphareth donde se enfrenta la forma y la fuerza. Pero guardémonos de olvidar su aspecto microcósmico, experiencia de conciencia mística. Es por la comprensión de los Misterios de la Crucifixión, vinculados al poder místico del Sacrificio, que sobrepasamos los límites de nuestra conciencia cerebral consagrada a la sensación y habituada a la forma, y que entramos en la conciencia más vasta del psiquismo superior. Es así como nos hacemos capaces de sobrepasar la forma; de liberar la fuerza latente, la convertimos en kinetica en vez de estática y, por ello, útil para la Gran obra, la cual es la regeneración.

La virtud característica de la Esfera de Tiphareth es la devoción a esa Gran obra. La devoción es uno de los factores más importantes en el Sendero de la Iniciación que conduce a la conciencia superior; por tanto, debemos examinarla con cuidado y analizar su contenido.

La devoción puede ser definida como el amor, para lo que es más elevado que nosotros; algo que evoca nuestro idealismo algo que, aun sabiendo que es inigualable, nos hace aspirar a convertirnos en semejantes. “Los que ven la Gloria del Señor como en un espejo, son transformados en esta imagen misma, de gloria en gloria”. Cuando una emoción más poderosa se mezcla a la devoción que se convierte en adoración, somos transportado mas allá del abismo que separa lo tangible de lo intangible, y nos hemos vuelto capaces de comprender cosas que los ojos no vieron y los oídos no escucharon. Esta devoción sublimada en adoración en la Gran obra, es lo que nos inicia en los Misterios de la Crucifixión.

El vicio asignado a Tiphareth es el orgullo, y esta atribución revela una psicología exacta. El orgullo nace del egoísmo, y mientras seamos un centro para nosotros mismos, no podremos unirnos a todas las cosas. En la total ausencia de egoísmo del Sendero, el alma sobrepasa sus límites y penetra en todas las cosas por la simpatía, convertidas en perfectas por el amor; en el egoísmo, el alma intenta extender sus propios límites hasta poseer todas las cosas. Pero hay una gran diferencia entre poseer una cosa y convertirse en una con ella; en el segundo caso, ella misma nos posee con una perfecta reciprocidad. Es una combinación unitaria, lo que se convierte en vicio del Adepto. Debe dar tanto cuanto recibe, y él mismo debe darse sin reservas, si quiere participar en la unión mística que es el fruto del Sacrificio de la Crucifixión.

“Que aquel que quiera ser el mas grande entre vosotros, sea el servidor de todos” dice Nuestro Señor.

Los símbolos asociados con Tiphareth son el lamen, la Rosa Cruz, la Cruz del Calvario, la pirámide truncada y el cubo.

El lamen es el símbolo que figura sobre el pecho del Adepto, y que representa su fuerza. Por ejemplo, un Adepto realizando un trabajó en la Esfera de Shemesh deberá llevar sobre su pecho la imagen del sol en su esplendor. El lamen es el arma mágica de Tiphareth; y aquí es necesario hablar de la naturaleza de las armas mágicas en general, para que la función del lamen pueda ser comprendida.

Un arma mágica es un objeto cualquiera que sea apropiado para convertirse en el vehículo de una fuerza de un tipo particular. Por ejemplo, el arma mágica del Elemento Agua, es una copa o bien un cáliz; el arma mágica del Elemento Fuego, es una lámpara encendida. Estos objetos son elegidos porque su naturaleza está emparentada con la naturaleza de la fuerza que se quiere invocar; o bien, en lenguaje moderno, porque su forma, por asociación de ideas, sugiere esta fuerza a la imaginación.

Tiphareth está asociado tradicionalmente con el pecho tanto a causa del núcleo de nervios que se llama plexo solar, como por su posición en el Árbol, cuando este se construye en el aura.

De consiguiente, cualquiera sea la operación realizada, la joya que cubre el pecho es el hogar de la fuerza de Tiphareth la, fuerza operante, venida de su propia Esfera, está representada por el arma mágica que la tradición le asigna. Por ejemplo, un Adepto que realice una operación concerniente al Elemento Agua, tendrá una copa como arma mágica; con ella hará sus gestos, y sobre ella será concentrada toda la fuerza atraída por la invocación. Pero tendrá sobre su pecho el signo Elemento Agua, y este será reconocido como representando el factor espiritual de la operación, y refiriéndose al Arcángel de ese reino particular. A menos que el Adepto no comprenda el sentido de su lamen, diferente de su arma mágica, no será un Adepto sino un hechicero.

La Rosa Cruz y la Rosa del Calvario son consideradas como emblemas de la Esfera de Tiphareth. Para comprender su sentido es necesario comprender el de la cruz en general y el uso que de ellas se hace en los sistemas simbólicos. Aunque la Cruz que mejor conocemos sea la del Calvario, reverenciada por el cristianismo hay muchas otras formas de cruces, ofreciendo cada una de ellas un sentido especial. La Cruz de brazos iguales, como la Cruz Roja del servicio medico militar, es llamada por los Iniciados la Cruz de la Naturaleza y representa el poder en equilibrio. Se la halla en la parte superior de ciertos emblemas célticos, frecuentemente rodada por un circulo; de manera que la Cruz Céltica consiste en un brazo terminado por una cruz natural, y no tiene la menor relación con la Cruz del Calvario, que es la de la Cristiandad. El brazo de la Cruz Céltica es, en efecto, una pirámide truncada; los especímenes de este tipo de cruz que subsisten, no dejan ningún lugar a dudas sobre ello. Algunas de estas formas antiguas sugieren la imposición de la cruz y del circulo sobre la piedra cónica y fálica, que un tiempo fue un objeto universal de admiración primitiva.

La Svástica es también una cruz de la naturaleza, llamada algunas veces la Cruz de Thor, o Martillo de Thor, pues se supone que su forma indica la acción torbellineante de sus relámpagos.

La Cruz del Calvario es la Cruz del Sacrificio; su verdadero color deberá ser negro. Su pie deberá ser tres veces más largo que sus brazos, y el largo de cada brazo igual a tres veces su ancho. la meditación sobre esta Cruz conduce a la Iniciación por el sufrimiento, el sacrificio, la abnegación de sí mismo. El Crucifijo es una reducción de la Cruz del Calvario.

El círculo colocado sobre la Cruz es un símbolo iniciático sobre todo cuanto la cruz está sobre tres peldaños, como debería ser en este caso. El círculo indica la vida eterna y también la sabiduría; vemos una de estas formas en el emblema de la Sociedad Teosófica, donde figura "una serpiente que se muerde la cola Una Cruz del Calvario en la que esté superpuesto el circulo, significa la Iniciación por el Sendero de la Cruz, siendo los tres peldaños los tres grados de la Iluminación; este símbolo es llamado la Rosa Cruz. El emblema fantasista donde figuran flores no es un símbolo iniciático. La Rosa asociada a la Cruz es el simbolismo occidental, es la Rosa Mundi, que es una clave para interpreta los poderes de la Naturaleza. Sobre sus pétalos están grabados, en efecto, los treinta y tres signos de esas fuerzas; corresponden a las veintidós letras del alfabeto hebreo y a los Diez Santos Sephiroth; Estos, a su vez están asociados a los treinta y dos Senderos del Árbol de la Vida, y esto es la clave que permite comprender la Rosa Mundi. Los curiosos dibujos que, según se dice, son los signos de los espíritus de los elementos, se trazan tirando una línea de una a otra de las letras de sus nombres sobre la Rosa.

A la luz de esta explicación, nos es posible comprender el valor de los emblemas florales que ciertos cuerpos organizados llevan por símbolo. Son parecidos al caballero que reclamaba de su camisero “una corbata de la Escuela Publica, donde estuviese en buen lugar un poco de rojo".

El cubo, siendo una figura de seis caras, generalmente está asignado a Tiphareth, pues el seis es el número de Tiphareth; pero hay algo más en el simbolismo del cubo. Es la forma más simple del sólido y, como tal, el símbolo apropiado para Tiphareth en la Esfera del cual aparece la forma. El símbolo de Malkuth es el doble cubo que significa: “Como abajo es abajo".

La pirámide simboliza el Hombre perfecto, sólidamente apoyado en la Tierra, esforzándose en unirse con los dioses; en otros términos; el Ipsissimus. La pirámide truncada simboliza el Adepto iniciado, o Adepto Menor, que ha franqueado el Velo, pero que todavía no ha conquistado todos sus grados. Esta pirámide, cuyos seis lados corresponden a los Seis Sephiroth que constituyen el Hombre Arquetipo o Adam Kadmon, es complementada por la adición de los tres Sephiroth Superiores que se resumen en la unidad de Ketner.

Los Seis del Juego del Tarot son igualmente asignados a Tiphareth y en ellos se trasparenta claramente la naturaleza armoniosa de este Sephirah. El seis de Bastos es el señor de la Victoria; el seis de Copas, el Señor de la alegría; aun la serie maléfica de las Espadas se adapta a la serenidad de este Sephirah, y el seis de este palo significa el señor del éxito merecido, el éxito a precio del combate. El seis de Oros es el éxito Material, o el poder bien equilibrado.

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